Microrrelato 1

Oh, ¡ya estáis aquí! Y con las manos vacías, por lo que veo. Para otra vez podríais traer una bandejita de sándwiches de Rodilla, de esos tan ricos que no tienen bordes. Me gusta mucho ese pan, ojalá fabricaran almohadones con esa miga. Rellenos de blanda crema, puedes tumbarte boca arriba con tres de ellos en el hocico y esperar a que se deshagan solos mientras suena un disco de grandes éxitos de Henry Mancini.

Todo esto me recuerda a la primera palabra con la que tenéis que construir un microrrelato: hueso.

Máximo 1.000 caracteres sin espacios. Plazo límite: 22 de marzo a las 14h.

Yo también escribiré uno, faltaría más. Dejadlos en los comentarios.

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27 pensamientos en “Microrrelato 1

  1. Xavi Puig dice:

    Sir Graham Lieber, líder de la excavación, llevaba 30 años levantando tierra en busca del gran fósil de la ballena blanca. Viejo y descompuesto, clavó una uña amarillenta en algo duro. “¡Smith! ¡He encontrado algo! ¡Es distinto a lo demás, podría ser lo que buscamos!”. Smith calló mientras Lieber examinaba enloquecido el hueso de su propio pie. Lieber era un cadáver pasional e ingenuo. Por eso nunca se cansaba.

  2. fervisan dice:

    Al mirar la tumba de su madre y recordar que ahora eran sólo huesos algo que en su día tanto amó, se olvidó de todos los males y sinsabores que en aquella etapa de su vida le invadían. Al salir del Cementerio, se olvidó, una vez más, de la tumba y los huesos de su madre, para darse de bruces con la parada del autobús.

  3. Siempre le habían dicho que era un hueso duro de roer, los ratones que devoraban sus restos opinaban lo mismo.

  4. Naipet dice:

    “La gente conduce fatal”, pensó en el momento que vio cómo una señora con su pequinés había estado a punto de ser arrollada por un enorme pick-up en la avenida perpendicular, ese fue el último pensamiento que tuvo antes de ver venir a gran velocidad el símbolo de un caballo sobre sus dos patas en el frontal de un vehículo rojo.

    En el momento del impacto el deportivo se paró milagrosamente y pudo esquivar el golpe, “debe de ser la adrenalina”, volvió a pensar mientras veía desconcertado que todo a su alrededor seguía congelado en el tiempo.

    Se sentó en el bordillo de la acera a esperar a que el mundo retomara el pulso, tan sólo le quedaba la eternidad para que esto ocurriera.

  5. JTarrio dice:

    Abrieron la escotilla con las máscaras de gas puestas, por lo que pudiese pasar. La claridad del día les cegó durante unos segundos que desearon hubiesen durado toda su vida. Nada quedaba en pie salvo la deformada estructura de acero de algún rascacielos alzándose desafiante a lo lejos, hueso fosilizado de lo que otrora había sido la mayor urbe del país.

  6. fervisan dice:

    El olor a manzanilla le producía una indescriptible sensación de náuseas. Colgando de su memoria se desprendían imágenes amarillentas de un pasado añil, formando una condensación verdosa que llegaba hasta su huesudo paladar. La manzanilla, en efecto, le recordaba ese tiempo de niñez impreciso e irregular, una niñez que nunca disfrutó, ni siquiera, cuando la atisbaba desde la nostalgia olvidadiza que dan los años. Esa nostalgia que a todo ser humano nos invade de un pasado que, a fuerza de malear en la retina, nos empeñamos en creer que fue mejor.

  7. nanolectures dice:

    “A otro perro con ese hueso”, le espetó, indignada Lady Tourneroy mientras el sol lamía, rabioso, las polvorientas excavaciones. No se tragaba que aquella famélica esquirla fuera a resultar, al fin, la clave de tantos años de trabajo. En la palma de Mister Dogscraft apenas parecía un enclenque mondadientes pero aquella cerilla fosilizada, aquel diminuto bastoncillo era, todo apuntaba a ello, la llave de la Cámara Sepulcral, el abracadabra a los más inimaginables tesoros. Tan canija y miserable, parecía fácil entender como aquella aguja en el pajar del tiempo había estado tan obcecadamente escondida. Un remolino de brisa agitó el camino de tierra. ¡Atchús! La mohína boquita de Lady Tournaroy se deformó en un poderoso estornudo. Y la llave maravillosa salió volando para no volver.

  8. parawallo dice:

    Era tarea imposible acercarse lo suficiente al escaparate de la tienda de reciclados para poder observar qué era lo que llamaba la atención a tantísima gente.
    El reloj de Ramiro marcaba las nueve y diez de la mañana y hacía poco más de cinco minutos que el dueño de la tienda había levantado el cierre, pero ya había varias decenas de personas agolpadas boquiabiertas ante el escaparate.
    – ¿Qué podá ser? -, masculló entre dientes.
    La curiosidad de Ramiro pudo más que la prisa que tenía porque llegaba tarde al trabajo.
    Junto a la muchedumbre que poco a poco crecía había montada una terraza de un bar. Se acercó a ella, agarró una silla, se colocó lo más cerca que pudo, se subió a ella, miró, y los ojos se le abrieron casi tanto como su boca.
    Por la parte interior del cristal del escaparate de la tienda de reciclados había pegado un cartel en el que se podía leer: “Hoy, a las 9:30, demostración en directo del uso de nuestras bolas chinas hechas con hilo de ropa de muñecas y huesos de aguacate perforados con taladro manual”.

  9. Sayonara dice:

    El ruído se apretaba a sus sienes y tiraba de su estómago hacia fuera. Los martillazos ya no dolían, el dolor siempre tiene un límite físico. Pero podía ver y escuchar cómo sus huesos crujían y se aplastaban con cada golpe.
    Hablar hubiera significado el final, posiblemente el final del todo; por eso seguía callado. Por eso, y porque en la vida, como en las buenas películas, nunca sabes cuando va a suceder un giro de guión.

  10. Perro con Monóculo dice:

    Hijo único, asmático y de ciudad, Álvaro no encontró en el pueblo a un solo niño que no tuviera necesidad de jugar al fútbol, subirse a los tejados o colgarse por los pies de alguna rama. Si sus vacaciones en Segovia no estaban siendo un martirio era gracias a un perrillo agradecido y desnutrido al que llevaba cada noche los restos de su cena. Para su disgusto, las negociaciones con su madre para traérselo a Madrid siempre acababan en el mismo punto: “No seré yo quien encierre a un pobre animal en un piso sin terraza”.

    La última noche del verano cenaron costillas. Álvaro dejó la más grande intacta, sabiendo que su amigo la convertiría en un hueso impoluto del que ni las hormigas podrían rascar nada. Después del festín, abrazó durante un rato largo al perro, que movía el rabo y saltaba eufórico.

    Álvaro regresó a la calefacción del colegio en Madrid y el perro de nadie pasó el invierno tiritando por el campo. Sin correa. Sucio. Famélico. Libre.

  11. Robrt_jcuak dice:

    Él se fue a por una intoxicación alimentaria con anchoa. Ella, 40 años después, aun le compra aceitunas con hueso, porque las rellenas le daban alergia.

  12. Miró hacia abajo sin entender porqué mamá, despues de haberse cortado el pelo, se había tirado sobre papá. Tampoco supo porqué papá tenía un tiro en la nuca. Miro al señor de uniforme y supo de debía bajar con ellos. La cal viva con la que le cubrieron dejo ver algún hueso de su pequeño cuerpo.

  13. imenendez dice:

    Sueño con el fino fémur de un ternero, hincado en carne magra de piel crujiente, de esa que me enjuga los bigotes con solo hincarle la punta de los colmillos. Sueño con guisantes y trocitos de zanahoria bailando en un mar de salsa romescu del que sobresalen únicamente los mástiles de las chuletas naufragadas en un bol de oro. Sueño con un fin de semana revolcado sobre hierba recién cortada abrazado a una inmensa pata de jamón con el sol de primavera extrayendo la grasa de sus poros.
    Pero mientras tanto, este perro se conformará con el primer hueso que encuentre en la basura.

  14. silvia dice:

    Salí como todas las noches en busca de algo que llevarme a la boca, con esta crisis que nos azota cada día es más difícil encontrar algo que ingerir y que calme entre otras cosas, el hambre…tuve suerte y presente mis respetos al fértil y jugoso contenedor de uno de los asadores mas famosos de la zona, pero no era el único que quería nutrirse de aquel apetitoso cilindro de goma de equisito olor. Un indigente necesitado de sustento como yo, devoraba los restos de un chuletón y con generosidad me cedio la parte dura e incomible de este. Mientras disfrutabamos del agape una familia que sañió del restaurante, nos observaba como si representaramos una función callejera, a lo que el crio del clan gritó enérgicamente al chocarle la escena: – Papá! un perro con un hueso en la boca!!! a lo que el padre sonriendo le dijo: – Claro hijo, lo tiene que llevar en la boca, el no tiene bolsillos como el otro!

  15. Anaís dice:

    -Hoy le traigo el anular -dijo Amelia, mientras desataba con sumo cuidado la lazada de cuerda y separaba los pliegues de papel de periódico amarillento-.
    -Para la próxima, señora Amelia, haga cuenta que el meñique, por su tamaño, vale menos.
    La mujer torció el gesto mientras entregaba al banquero el reluciente hueso. Éste le correspondió con quinientos euros en billetes de diez.
    -No ponga esa cara, mujer. Será por huesos…
    -A saber qué hacen con ellos, don Enrique. A saber.
    Amelia guardó el fajo de billetes en la bolsa de la compra y se marchó caminando a casa, protegiéndose inútilmente de la lluvia con las hojas de periódico sobrantes del paquete.
    -Malos tiempos -masculló entre dientes, cuando ya llegaba a su portal. Miró hacia su ventana y vio a la anciana que reposaba contemplando la lluvia con las manos cruzadas en el regazo, escondidas bajo un delantal-. Pobre mamá. Menos mal que su piano ya lo empeñamos el año pasado.

  16. V. dice:

    Tus huesos contra mis huesos. Eso he soñado toda la noche y eso he sentido. Encajándose, desencajándose, deslizándose. Chocando y fluyendo. De secos a mojados. Confundiéndose.
    Los conozco bien, tus huesos.
    Tu mandíbula , ese hueso salvaje que habla a través de tu manos firmes; la clavícula que me atrapa, la fuerza de tus caderas. Cierro los ojos de nuevo. Oh, ese sueño.

  17. La lluvia le calaba hasta los huesos. Literalmente. Lo notaba. Notaba el agua filtrándose por todas las capas de su piel, notaba cómo sus músculos se humedecían y eran como humo. Notaba cómo su cuerpo empezaba a pesar más y más. Le resultaba difícil sonreír, mover esa masa que perdía la forma y ya no era cuerpo. El agua se coló por todos los poros de sus huesos. Hincó las rodillas al suelo, pero ya no eran rodillas. Eran almohadillas. Sonó ‘chof’. Cayó el resto del cuerpo como un saco de harina. Un saco de harina mojada. Se mezcló con el barro y un caracol se refugió en lo que fue su sobaco. Lo supo porque, cuando dejó de llover, notó el rastro de baba que dejó el bicho por su costado.

  18. Robrt_jcuak dice:

    Pese al golpe, Pinocho lloró de alegría al ver que lo que acagaba de romperse era hueso, y no madera.

  19. @AlfonsoCSuarez dice:

    “Huesos, huesos, que es lo que les jode” dijo Jack Skeleton al ser perseguido por la prensa rosa de Halloween Town. Estaba cansado de ser el centro de atención año tras año en las fiestas de Halloween, él soñaba con un mundo donde no fuese conocido, no le importaría ser un fontanero en busca de su princesa, montar un puesto de kebabs o incluso meterse a estudiar magisterio infantil, pues siempre deseó estar rodeado de niños (aunque no al mismo nivel que Michael Jackson)…
    Aunque al final encontró un trabajo el cual le hizo ser conocido de otro modo y le encantaba, acabo como esqueleto de la facultad de Medicina de Granada. Era un trabajo ideal, por el día ayudaba a enseñar a los futuros médicos y por la noche era el ídolo de las universitarias granadinas. Se convirtió en Fuckerskeleton.

  20. annapurna dice:

    Había sido carne, jugosa y veraniega, frutal y lasciva.
    Una delicada pelusa rosada había acariciado sus recovecos, tostada al sol de julio, presta al mordisco, golosa.
    Había sido orondo, fragante, delicioso, todo perfume. La boca se le hacía a uno agua recordándolo.
    Y ahora era sólo un hueso en el fondo de un tiesto de barro, olvidado en la esquina de un balcón.
    Pensaba vengarse. Con el paso de las primaveras iría abriéndose, germinando, echando raíces y tallos y hojitas verdes. Para quizás, un marzo cualquiera, acabar convertido en arbolito en flor, todo cuajado de hojas, renegando del invierno.

  21. Mac Ario dice:

    La princesita entró en el país de los sueños, después de pincharse el dedito con un hueso.
    ¡Con un hueso no, con un huso!
    Bueno, ¿y qué importa?, yo huso las palabras como quiero.
    ¡Uso es sin hache, ganso!
    Entonces, ¿con qué se pinchó, con un uso, con un hueso o con un huso?
    Vaya usted a saber.

  22. Gatao dice:

    A – Tengo que escribir un microrrelato.
    B – ¿Sobre qué?
    A – Sobre nada
    B – Muy bien, tu especialidad.
    A – Bueno, sobre un hueso.
    B – Un hueso, de qué.
    A – De qué va a ser, pues, de hueso.
    B – Puede ser de, animal, humano, de cosas.
    A – Los huesos son de personas o de animales, no de cosas.
    B – Muy listo, pero, recuerda los de aceituna.
    A – Ya estamos con las tontadas.
    B – Yo diré tontadas, pero, al menos pienso.
    A – Puestos a pensar, también pueden ser de dulces.
    B – También.
    A – Es un tema difícil.
    B – Sí
    A – Pero, no es obligatorio.
    B – ¿Entonces?
    A – Voy a enterrar el asunto.
    B – ¿Cómo si fuera un hueso?
    A – Exactamente.
    B – ¿Y si mandas ésto?
    A – Seguro que no les gusta.
    B – Prueba.

  23. lobodelartico dice:

    Será la lluvia, que frena las palabras y los pensamientos.
    Será la lluvia, que diluye en cada gota la realidad, hasta dejarla en los huesos.
    Y en cada gota se estrella un alma contra el suelo, rompiéndose en diminutos fragmentos, vaporizándose ante la mirada atónita del melancólico, que no hace sino intentar volver a unir sus astillados recuerdos, mientras el agua borra su mirada ausente, que ya no ve, ni reconoce, su verdadera realidad.

    Huele a tierra mojada y a recuerdo de infancia.

    Truena.

  24. El Comisionado General para la Anatomía, un tipo afable y sano para el que no pasaban las nóminas, explicó a la prensa su nuevo plan de recortes: “Vamos a eliminar un hueso, concretamente una falange del dedo corazón de la mano derecha. Tendremos el dedo más rígido, de acuerdo, pero, si lo pensáis bien, será incluso mejor”.
    Hizo una demostración práctica. Todos quedaron encantadísimos.

  25. Gerardo dice:

    Todos los que estaban en la plaza acudieron a ayudarle. Habían escuchado el estruendo cuando el seiscientos giró sin mirar y lanzó al niño contra la señal de vado permanente. Sonó como si se rompiesen mil espejos. Entre los brazos de su mejor amigo yacía,, desmadejado sin un sólo hueso entero, el muchacho del esqueleto de cristal.

  26. Emilio B. dice:

    No duele, pero es molesto, sobre todo cuando tengo una reunión con esos jefes cuyos nombres desconozco. Comenzó como un leve agarrotamiento de la tibia y ahora difícilmente puedo ocultar las deformaciones bajo el traje. No duele, pero es inquietante ver surgir bajo la piel lo que tengo debajo, lo que tengo debajo y no debería poder ver; lo invisible se ha vuelto visible y lo que antes me formaba, ahora me deforma. La forma, mi forma, ¿cuál es mi forma?

  27. […] en este microrrelato que escribí para el perro con monóculo. Share this:TwitterFacebookMe gusta:Me gustaSé el primero […]

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