Microrrelatos con publicidad, II


¡Qué despropósito el videoclip en el que participé ayer! Adoro la extravagancia en pequeñas dosis, pero esto no tiene nombre.

Según me dijeron, y a día de hoy sigo sin entender, la montaña de muffins que estaba presente en todos los planos del videoclip sería la metáfora de la canción: “More or less, I love you, bastard”. El desarrollo del vídeo fue el siguiente: modelos con gafas y coleta daban vueltas alrededor de la montaña de muffins montadas en patines clásicos de bota blanca. Unos niños con uniforme de colegio privado entraban en escena llevando a un perro de raza en brazos (¿era yo el que tenía mejor presencia? No lo negaré). Desfilamos todos en fila india, con paso nupcial y mirando a cámara con solemnidad. A todo esto, la cantante alternativa se marcaba un playback forzadamente desganado rascando una guitarra de colores pastel con una pegatina que ponía: “Die, die, Ruperta”. Al final del desfile, los niños nos dejaban en el suelo y -¡afortunados ellos!- se marchaban para no volver. Entonces, los perros tuvimos que correr a toda velocidad y fingir un ataque descarnado contra las modelos patinadoras. Mientras ladrábamos -todo esto hay que imaginárselo a cámara lenta y con bellísimos primeros planos- la cantante se iba acercando a las magdalenas para sumergir su guitarra, muy lentamente, en aquella masa de nata, chocolate y fideos de colores.

El final del videoclip, grabado tras un cambio de vestuario, era un plano general de ella, sin pantalones y con un anorak amarillo, sentada en el suelo con sus piernas formando una uve. Una chica con patines negros le traía un gato gris, peludo y paralizado por el terror, que ella acunó como a un bebé.  Cesó la música y susurró: “More or less, I love you, bastard”. Fundido a negro y fin.

Afortunadamente, al llegar a casa me encontré con un montón de estupendos relatos con referencias a la publicidad, como este que hoy destaco:

Autor: Anodizado

Es una imagen omnipresente. La imagen de la manzana, con su mordisco, me obsesiona. La veo por todas partes. La campaña es un éxito, el objetivo está conseguido: Deseo ese objeto. Me convenzo a mí misma de que lo necesito. Me rindo a la tentación. Me da lo mismo lo que digan Adán y su padre. ¡Ñam!

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