Microrrelatos con publicidad, III

Quedan muy pocas horas para que finalice el plazo para mandar microrrelatos con referencias a la publicidad. A las 14h. en punto, mi bella amiga la alondra recorrerá los altos techos del salón planeando en círculos mientras suena a todo trapo el Réquiem de Mozart, que yo habré puesto en el tocadiscos de mi bisabuelo. El ave descenderá, majestuosa, hasta posarse en mi escritorio de caoba. Tras una pausa dramática, pulsará con su pico el teclado de mi ordenador y quedarán oficialmente cerrados los comentarios.

Antes de que eso ocurra, deseo destacar algunas de las historias que han llegado. Aquí veréis publicidad en primera persona, anuncios con sensibilidad especial, marcas que conviven en un mismo plano y hasta ciencia ficción.

Autor: Miguel Campos

– Seamos sinceros, no había ninguna posibilidad de que lo suyo funcionase ¿Cómo iban a estar juntos? Ella era seductora, innovadora, diferente, estilosa y él era un anuncio de compraventa de móviles. Ella anunciaba ese nuevo coche carísimo, duraba más de 25 segundos y tenía una producción hollywoodiense. Él había sido grabado en un sótano por un grupo de becarios de comunicación audiovisual y los rótulos tenían faltas de ortografía. Y supongo, no me sé toda la historia, que por eso él se enamoró perdidamente de ella. La buscaba por toda la parrilla, la seguía y perseguía, en cualquier corte publicitario, en cualquier momento de promoción, él anhelaba encontrarse con ella. Hasta que un día a las 4 de la mañana, en un canal perdido de la TDT, salieron los dos seguidos, uno detrás del otro. Y por un momento, durante un fotograma, lo que dura un parpadeo, estuvieron juntos. Se rozaron levemente.

– ¿Y?

– Y nada.

– ¿Cómo que nada?

– Ya te dije que era una historia algo deprimente.

Autora: Anaís

El Presidente de la comunidad de vecinos expuso, con gran serenidad, el único punto a tratar en la reunión de urgencia convocada para ese domingo. “¿Quién le abrió la puerta?” Señaló con el mentón al señor que se alzaba, encadenado a uno de los buzones, sobre un pequeño taburete de madera. Ningún vecino pronunció una sola palabra. El conserje le dio un codazo disimulado a la viuda del 4º B. El dentista del 1º A carraspeó, nervioso. “¿Ha probado las pastillas Sintusil, para la tos?”. El hombre del taburete apenas pudo acabar la frase, avasallado por las críticas a coro del vecindario. “¡Cállese ya!”, “¡Cierre el pico!”, “Si vuelvo a oír su voz me va a dar un ataque”. “Señora, si sufre de estrés, el nuevo gimnasio Yintsu ofrece las clases de yoga más relajantes de la ciudad.” “¡Basta!”. El Presidente recuperó la palabra. “Basta de tonterías. Repito por última vez: ¿quién le abrió la puerta?”. La madre del 2º B, sosteniendo a su bebé con un brazo, levantó el otro al tiempo que bajaba la cabeza, avergonzada. Toda el rellano estalló en susurro de desaprobación. “Lo siento; solo dijo: ‘Publicidad’, y pensé que venía a dejar unas cuartillas en los buzones.” “Si quiere cuartillas, señora, aquí tengo unos vales de tres euros de descuento para el nuevo restaurante de sushi de la plaza”, apuntó el hombre del taburete llevándose la mano al bolsillo. “Esto es el colmo”, “Yo no lo aguanto más”, “¿Cómo podemos deshacernos de él?”. El hombre del taburete tartamudeo su siguiente respuesta. “Pue…, puede… Ejem… Pueden contactar con el despacho de abogados Lexus”, sugirió con la voz quebrada. “Son los mejores en allanamientos de morada”. El presidente mandó callar al vecindario. “Queda decidido. Mañana a primera hora contactaremos con uno de esos abogados”, sentenció. El hombre del taburete entregó una tarjeta del despacho Lexus al Presidente, mientras pensaba que, tal vez, cuando se librase de la denuncia, aquel cliente le propusiera (por fin) como empleado de la semana.

Autor: Roilenos

“El joven se levanta lentamente de su cama. Se dirige a desayunar. Kellogs. Enciende su televisor Sony, y conecta su Vaio. Mira su correo y suspira. Se viste de Adidas, y sale por la puerta hacia el instituto”

-Perfecto- dijo con aire suficiente- repetid la última toma, que se le vean las zapatillas.

Autor: Noel Veiga

Sobre el papel, el tratamiento era prometedor. Cada cierto tiempo el sistema interrumpía la programación e insertaba el mensaje adecuado. “Sé feliz”, sugería tras parte meteorológico. “Puedes vencer a la depresión si te lo propones”, justo antes de que Nakatomi Plaza saltase por los aires. “Tu actitud negativa no ayuda a recuperar el tejido cardiaco dañado”, en ese intervalo fundamental antes de que el presentador revelase si la respuesta era, en efecto, correcta.

En la práctica, la experimentación en humanos sólo demostró que la fe que los empresarios habían puesto hasta entonces en la sugestión publicitaria era claramente excesiva. Tanto los participantes equipados con el sistema como el grupo de control, cuyos miembros eran estimulados por familiares, amigos y breves lecturas de textos humanistas, continuaron siendo infelices, depresivos y –trágicamente– infartados en similar proporción.

Hoy en día, los pocos creativos aún contratados por un puñado de clientes obstinadamente tradicionalistas trabajan en condiciones precarias, recordando a los críticos que, sin explicación aparente, varias personas de la muestra lograron superar su agorafobia.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: