Microrrelato 4

Os confieso que si deseo cultivar el género de la biografía es porque eso me permitirá escribir con soltura un texto sobre mí mismo en tercera persona cuando publique mi primera novela. Pero para llegar a la soltura, primero es necesaria la práctica, así que pienso entrenar hasta que se me empañe el monóculo. Que sea mi amiga la alondra la primera referencia. ¡Y que el hecho de que en este momento nos encontremos peleados no influya en la veracidad de mi pluma!

Alondra (Bucarest, 2008). De vuelo refinado y planeo poderoso, el ave promete en el cielo más de lo que ofrece en tierra. Gusta de la opinión barata, maligna y frecuente. Su pasado rumano es para ella fuente de honor; de hecho, afirma sin pudor que desciende de familia aristócrata, ¡pero es incapaz de usar la cuchara! Siempre cuenta que aspira a presidir una petrolera, pero sus allegados saben que su máximo deseo es convertirse en la imagen de una empresa internacional de anacardos salados. Cuando nadie la mira, caza y come moscas. Debería valorar un poquito más sus amistades y retirar aquello de que un cachorro de buena familia no sabe lo que vale un peine.

¿Os ha gustado? Ahora sí, os cuento la palabra que ha de inspiraros para vuestros microrelatos de esta semana: chupete.

Máximo 1.000 caracteres sin espacios. Plazo límite: domingo 15 de abril a las 23h.

PD: Mañana os contaré cuál ha sido mi microrrelato favorito con calamar.

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10 pensamientos en “Microrrelato 4

  1. Nagore dice:

    El niño lloraba inconsolable en brazos de su madre, ésta había preparado la bañera con agua tibia en un intento desesperado por bajarle la fiebre al pequeño. El padre mientras tanto había salido en busca de una farmacia de guardia para comprar apiretal.
    Después del baño de agua tibia el niño seguía llorando, la madre probó a darle todo tipo de chupetes que tenía en casa: el chupete con la tetina de látex, el que brillaba en la oscuridad, el de goma… y ninguno de ellos calmaba su dolor de dientes.
    Cuando llegó el padre, le dieron la medicación con el chupete-jeringuilla y aunque siguió llorando durante una media hora, en cuanto ésta hizo efecto el pequeño cogió su trapito preferido, se lo metió en la boca y a modo de chupete se quedó dormido lo que restó de noche.

  2. V. dice:

    A la sofocante atmósfera de la estación se sumaba el trasiego de pasajeros que subían y bajaban de los trenes de cercanías: una bruma de rostros que desfilaban con la mirada perdida.
    Malena acunaba nerviosa a su bebé, que llevaba horas llorando; un llanto inconsolable, desgarrador, agudo, capaz de enloquecer al más cuerdo, pero que nadie más parecía escuchar.
    A lo lejos, una mujer los observaba desde hacía rato, sonriendo de un modo inquietante; no tendría más de treinta años.
    Por fin, se dirigió hacia ellos:
    -Dale un chupete al niño, no deja de berrear.-
    Malena agachó la cabeza.
    -No tengo…- pero antes de que pudiera terminar la frase se encontró de frente con el pecho desnudo de Habiba, que no tardó en alzar al bebé en brazos y ofrecérselo, como quien parte un bocadillo en dos, sin vacilar.
    El pequeño comenzó a succionar y al cabo de un rato cerró los ojos, saciado, con la leche tibia y dulce resbalando por la comisura de sus labios.
    -Gracias…- susurró Malena.
    -No hay de qué.-
    Habiba se alejó despacio, contoneando las caderas como una diosa, mientras la multitud volvía a atrapar a madre e hijo en el ensordecedor ruido del anonimato.

  3. Gatao dice:

    En tiempos pasados, pretéritos, que diría un listillo, una familia de leñadores vivía apartada del mundo en lo más profundo de un frondoso bosque, que diría un cuentista. Pasaron unos años y sin saber cómo ni por qué, tuvieron un bebé, pequeñito, como todos los que acaban de nacer, no vayamos a pensar cosas raras. Al no haber visto nunca un niño, no les extrañó que el pequeño tuviera todo el tiempo el dedo gordo de la mano derecha dentro de la boca. Tanto tiempo permanecía el dedo donde no debía, que se le iba reduciendo el tamaño y parecía que iba camino de tener dos dedos meñiques en lugar de uno. Como eran muy pobres, no le dieron importancia al asunto, no estaban los tiempos para dar nada. Pero, un día apareció por allí una linda jovencita, con un gorro como un pirulí, una falda que le llegaba al suelo y una varita como las que utilizan los chinos para hacer bailar los platillos. Les preguntó si querían algo de regalo para el niño y los padres no supieron que responder. Y como el Hada, pues de una Hada se trataba, era muy lista, nos sacó a los padres y a mí, de un apuro, regalándonos justo lo que nos hacía falta a los cuatro, es decir, un chupete.

  4. Anaís dice:

    -¿Dónde está el ‘guau-guau’, cuqui, dónde está el ‘guau-guau’?
    Escupí el chupete con fuerza, como si las palabras aún por pronunciar lo hubieran propulsado fuera de mi boca medio desdentada. Quería decirle a mi progenitora que el término adecuada era “perro”. Que era una palabra sencilla y alegre y que -no todas podían preciarse de ello- lucía con gracia la maravillosa erre doble que daba un toque distinguido a nuestra lengua.
    -¿Otra vez has tirado el ‘tete’, cuqui? Mira que lo guardo en el bolso y luego, cuando quieras ‘mimir’, no lo encontrarás y te enfadarás.
    Maldita chantajista. Debería saber que cuando lloro desconsolada es porque no puedo conciliar el sueño. S-U-E-Ñ-O. Con todas sus letras, sí. Incluyendo la singular eñe que tanto me gusta -quizá porque se parece un poco a mi llantina reivindicativa, qué feliz casualidad-. Pero en ese momento no me quedó más remedio que disimular mi desilusión por el pobre uso del lenguaje del que hacía gala mi señora madre. Estaba agitando a mi viejo amigo frente a mi cara con sorna. Y si hay algo que no soporto es que los adultos se rían de mí. Así que hice esa boba carantoña que sé que le hace desternillarse y ella me devolvió el preciado artilugio, que succioné con ansia durante el resto de la tarde. Es una lástima que todavía no posea ni una pizca de fuerza de voluntad, porque tengo entendido que si sigo adicta a este sustituto de plástico durante mucho tiempo, desarrollaré problemas para pronunciar ciertos fonemas. Y lo último que quiero en esta vida es acabar hablando tan mal como mi madre.

  5. Nos conocimos en el nido de un hospital frio y vetusto… yo llevaba 20 minutos en mi cuna transparente, que mas bien parecia una bandeja de las que ponen para servir comida en los ranchos, me sentía como un lechón guarnecido por sàbanas almidonadas con aroma a fármaco, solo y desconcertado…entonces apareció ella, todavía morada por el esfuerzo que había tenído que realizar para salir de un hogareño y cálido utero donde había estado nadando cual pez tropical durante 9 meses y para llegar a parar a una bandeja vecina a la mia. Me miro fijamente durante unos minutos y rompió a llorar desconsoladamente, el desgarrador llanto de mi bella compañera, hizo que apareciese una celadora inexperta que intento parar el agudo y ensordecedor llanto, pero sin exito. Entonces me miró, y arranco de mis labios el reconfortante latex que me habían colocado como a los lechones el limon para ser cocinados,lo introdujo en la boca de mi princesa y esta calló. En ese momento sentí que nuestro amor quedaba sellado para siempre por aquel dulce chupete.

  6. kymieamuse dice:

    Eran las cuatro de la tarde. Una hora fea, se mire por donde se mire. Carmela seguía encerrada en su habitación, con las persianas bajadas y un llanto continuo, como si su mujer tuviese un grifo goteando en el corazón. Antonio decidió que ya era hora. Abrió el cajón de la cómoda del salón y tiró a la basura el chupete sin estrenar, aún en su envoltorio de plástico y con un lazo de regalo pegado con celo.

  7. Rita dice:

    Tu obsesion, mi dolor. De espaldas, apenas rozas el cello mientras tocas. Permanezco callada. Cada tarde. Siempre la misma canción. Aun así, no hablo. Nadie habla. Dejamos que en tu rincón nazca la música, como si nada pasase. Cuando terminas, levanto la mirada y susurro: bien, esperando que mañana rompas esa partitura y empieces de cero. Y vuelve a sonar esa canción y en voz baja repito: bien. No hace mucho aun llevabas chupete. Mi dolor, tu obsesión.

  8. pol dice:

    En el inframundo metropolitano espera el tren un señor peruano. En su abrigo, de arriba abajo, una cucaracha dibuja circuitos de bonito trazo. Nadie le avisa, nadie la ve, salvo un bebé, que acostado justo a su lado, la sigue con gran sonrisa. Al mando del cochecito, la madre, suspira un ‘no hay quien se aclare’ delante de un panel informativo. Y la cucaracha prosigue su milimétrica danza en el abrigo del señor peruano dejando al bello bebé sumamente fascinado. Un tren se avecina ¡Qué horror! ¿Y si se subiese en él su nueva amiga? Pero pronto y con resolución, bebé y cucaracha toman partido en una noble transacción. Mientras éste en un bolsillo del abrigo esconde su mejor chupete, ésta, con grácil gesto, salta al brazo de su valiente amiguete. ¡Qué gritos de júbilo y qué alaridos de alegría, cuando la madre vio lo que de la boca del infante salía!

  9. Marta dice:

    Fue en uno de esos espontáneos y placenteros días de “verano adelantado”. Los pájaros cantaban, el sol calentaba lentamente mi cara y mi cabeza y, dejándome embriagar por el aroma estival, cerré los ojos para respirar profundamente sin esperar que, tras inhalar la primera bocanada de aire, fuese a aparecer su voz.
    -Martín?-
    Estaba delante del colegio y, desde el otro lado de la verja, Pili, mi vecina de 5 años, me aguardaba con su mandilón a rayas y la nariz sobresaliendo por entre el alambre. Sin mediar palabra y con gesto interesado, la niña extendió su brazo apuntando hacia el suelo a la altura de mis pies.
    – ¡Un chupete!- Exclamé. Estaba allí, tirado, en el medio y medio de la acera.
    – Me lo pasas?- preguntó con calma.
    – Eh… si, claro. Pero… no lo vayas a chupar, que estará sucio…- le dije con cierta confusión mientras me acercaba a recogerlo preguntándome si sería suyo y si tendría edad de usarlo.
    – ¡Lo he encontrado!. ¿Me lo das? – insistió con prisa por tener el objeto en sus manos.
    Y hete aquí que, cuando ya estaba prácticamente a su lado, a punto de dárselo, ocurrió.
    No sé cuanto tiempo pasaría antes de lo siguiente que puedo recordar: la imagen de mi mismo empapado en sudor y corriendo sin parar con el chupete fuertemente apretado en mi boca.
    Y así fue como ocurrió el acontecimiento que cambió mi vida. El resto, cómo me he convertido en uno de los hombres más ricos del mundo vendiendo chupetes para adultos, ya es del conocimiento popular.

  10. Para los ladrones, los hipermercados son como un supermercado. Bueno, ya me entendéis. Las cosas están allí para que las cojas. Y no sólo los productos, la gente se descuida y te puedes llevar de todo.

    Reconocí el carrito como uno de los caros; el regalo perfecto para una hermana embarazada. Lo cogí sin pensar. Cuando descubrí al niño ya era demasiado tarde.

    Por fin ha dejado de llorar. Es un jovencito rebelde, un luchador obstinado. Me recuerda un poco a mí,. He mojado el chupete en Ballantines, se ha quedado ensimismado viendo el canal Playboy. Mi viva imagen.

    Ahora me debato entre devolverlo o ir decididamente a por la parejita.

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