Microrrelatos con chupete, I

Esta mañana me levanté de buen humor. Agarré un vinilo de Charles Aznavour y puse en bucle el tema “Emmenez Moi”. Bajé corriendo las escaleras, abrí con fuerza las puertas de la calle y el brillo del sol me dio los buenos días. Ladré de puro gozo y volví a subir al piso de arriba, saltando los escalones de dos en dos. Tomé un baño de espuma y me recreé en las erres francesas de la canción. Antes de secarme el pelo, comuniqué al servicio mis deseos para el desayuno:

– Una onza de chocolate y menta.
– The Washington Post.
– Una ensaimada bien espolvoreadita de azúcar glasé.

Ya seco, con el pelo perfectamente ahuecado y las almohadillas resplandecientes, bajé al comedor para toparme con la cruda realidad: un ejemplar arrugado del 20 minutos y un yogur de platano. Ahora estoy tomando un cortado en un bar y os escribo desde mi ordenador.

Solo quería recordaros que tenéis hasta el domingo para escribir vuestros microrrelatos con chupete. A continuación, una de las historias que me habéis mandado. Espero que la disfrutéis.

SilviaPihippie: Nos conocimos en el nido de un hospital frío y vetusto… yo llevaba 20 minutos en mi cuna transparente, que más bien parecía una bandeja de las que ponen para servir comida en los ranchos, me sentía como un lechón guarnecido por sábanas almidonadas con aroma a fármaco, solo y desconcertado…Entonces apareció ella, todavía morada por el esfuerzo que había tenido que realizar para salir de un hogareño y cálido útero, donde había estado nadando cual pez tropical durante 9 meses y para llegar a parar a una bandeja vecina a la mía. Me miró fijamente durante unos minutos y rompió a llorar desconsoladamente. El desgarrador llanto de mi bella compañera hizo que apareciese una celadora inexperta que intentó parar el agudo y ensordecedor llanto, pero sin éxito. Entonces me miró, y arrancó de mis labios el reconfortante látex que me habían colocado como a los lechones el limón para ser cocinados, lo introdujo en la boca de mi princesa y esta calló. En ese momento sentí que nuestro amor quedaba sellado para siempre por aquel dulce chupete.

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