El Invitado: Guille Ortiz

Amigos, vivir sin trabajar no es tan sencillo como cualquiera de vosotros podría pensar. Uno puede llegar a volverse loco buscando una distracción con la que ocupar tanto tiempo libre, como cuando me apunté al curso de malabares: salí de allí con un esguince de muñeca y terror de por vida hacia los hurones, único público de las clases de cariocas y diábolo. Por eso he tenido la gran idea de aprovechar parte de mi tiempo de ocio con fines informativos, literarios y divulgativos. En pocas palabras, voy a darle a la entrevista.

El primero de mis invitados es un escritor madrileño. Obsesionado con la década de los 90, podría pensarse que Guille Ortiz desea convertirse en una Laika catapultada al pasado y se conforma recordando videoclips, partidos y programas en “Aquellos maravillosos 90”.  Llama a sus amigos por nombres y apellidos, como hacen los niños en el colegio. Estudió Filosofía y tiene una extraña fijación con las nocheviejas. Aunque ha escrito novelas, poesías y relatos, es más habitual encontrar su firma en entrevistas, reseñas culturales o análisis políticos. Compensa este perfil intelectual con una pasión desmedida por lo deportivo, en sus artículos de Jot Down es posible revivir (o enterarse de) momentos gloriosos del deporte narrados elegantemente, despojados del sudor y el fanatismo que tanto disgusta a perros refinados como yo.

Bienvenido a mi casa, amigo. Le agradezco mucho que haya aceptado mi invitación. Veo que no ha traído vino, ni tan siquiera pasteles. No se preocupe, ya saco yo algo de mi bodega. ¿Qué le gustaría tomar?

Así estoy bien, gracias. ¿Tiene un ansiolítico?

 

Lo lamento, no cotizo a la Seguridad Social y sin receta no venden. Empecemos. En la literatura -¡mundo agresivo!- son conocidas las rivalidades entre escritores (Günter Grass y Vargas Llosa, Quevedo y Góngora…). ¿Le gustaría tener un articulista archienemigo con quien mantener duelos epistolares o prefiere seguir siendo un solitario que dispara en todas las direcciones?

Lo de tener una rivalidad con Günter Grass empieza a ser una cosa demasiado sencilla, la verdad… Tener un articulista archienemigo sería aburridísimo, porque a mí lo que me jode es la mediocridad y mantener una rivalidad con un mediocre es una pérdida de tiempo absoluta, quiero decir, imagínese que tuviera que andar leyendo a Salvador Sostres todo el rato para poder rebatirle, sería agotador. Sin duda, el que más me saca de mis casillas –porque le admiré, porque a menudo aún le admiro- es Arcadi Espada, pero Arcadi a su vez pensará que yo soy un mediocre y puede que tenga razón, así que no, creo que no habrá titulares de prensa con Guille Ortiz de por medio.

Me he fijado en un detalle de su blog que me ha hecho pensar que quizás no está del todo preparado para asumir las críticas negativas. Me explico: al final de cada uno de sus artículos aparecen unas casillas pensadas para que el lector pueda valorar la calidad de lo que acaba de leer. El visitante puede elegir entre tres opciones: “divertido”, “interesante” y “guay”. Con el debido respeto, ¿qué clase de broma es esta?

¿Por qué coño me haces esa pregunta, perro infecto, quién te has creído que eres? Oh, perdón, como le iba diciendo…

 En su perfil de Internet afirma que desearía ser Bret Easton Ellis. Quisiera saber si en alguna ocasión se ha comunicado con él. ¿Le escribió un email? ¿Un tímido mensaje a través de Twitter, quizás? ¿Le dejó alguna vez una rata en su buzón?

Estuve en su hotel, entrevistándole. Intentó ligar conmigo. Intentó que yo pensara que intentaba ligar conmigo para que luego pudiera ir contándolo en entrevistas. En ese sentido, me pareció un tipo generoso. Toda la entrevista, en general, fue un “puedo hacer contigo lo que me dé la gana”, cosa que era verdad, porque cuando entrevistas a Bret Easton Ellis por supuesto preguntas por Bret Easton Ellis y ahí la respuesta solo la sabe él, así que te puede contar cualquier historia y te la tienes que creer. Por lo demás, sí, me he arrastrado en Twitter con el típico mensaje de “Eh, te entrevisté en Madrid junto a otros 500 periodistas, ¿te acuerdas de mí? “ y obviamente no contestó.

 La literatura, ¡mundo egocéntrico! Tengo la perversa intuición de que uno se obsesiona con los escritores a los que cree que se puede llegar a parecer. ¿Le gusta mi teoría o le parece psicológica barata?

No es tanto con los escritores sino con las historias. Una vez escribí un relato y dije: “Joder, esto lo podría haber escrito Ellis” y me sentí muy contento. Probablemente sea lo mejor que he escrito nunca, el mejor relato, quiero decir. Pero fue una sensación a posteriori. Yo creo que hay una tendencia evidente por parte de la mayoría de los escritores a preocuparse y obsesionarse con todos los demás escritores en general: los que les gustan, los que no les gustan… Pertenecer a una tendencia y procurar que no te etiqueten en otra, mirar mucho de quién te rodeas. No sé, a mí me parece agotador, no me interesa nada. Yo escribo porque me gusta contar historias, punto. Y leo porque me encanta que me las cuenten. Hacer de la escritura un concurso de popularidad me parece muy peligroso.

Ahora una pregunta abierta que le desconcertará, intente brillar. ¿Qué es para usted el lujo?

Tener tiempo libre. No es algo brillante, pero es lo que necesito. Si tuviera dinero, tendría tiempo, esa es mi ecuación y cuando digo “tiempo” me refiero a escribir sin agonías, leer sin agonías, quedar con mis amigos, tumbarme a ver al Barça sin prisas… Ah, soy hipocondríaco, así que supongo que el lujo tiene también algo que ver con un médico privado o algo así.

Nostálgico empedernido, los noventa son su época. Dígame un producto, una persona y un momento que condensen la esencia de la década del smiley. 

¿Producto? En España, la televisión privada, sin duda, por encima del móvil o Internet, que se desarrollaron a mediados de década pero a mí no me marcaron tanto por entonces, al revés, nos parecía una cosa de pijos, incluso ochentera. Pero la televisión privada fue la hostia y con eso incluyo frikadas como que Antena 3 retransmitiera los Premios MTV y que eligiera a José Ramón Pardo para hacerlo. Toda mi generación (nací en 1977) creció con los VIP Noche, Xuxa, Campeones… Lazarov hizo con nosotros lo que le vino en gana.

Persona: Kurt Cobain. Es un topicazo, pero por mucho que pensara, no podría imaginar otro. Kurt Cobain con la cabeza torcida, a lo Antonio Vega, en el Unplugged de Nueva York, además.

Momento: Me quedaré con la noche del ataque a Bagdad, en enero del 91, creo. Telemadrid copiando la señal de la CNN y el corresponsal en Tel-Aviv con la máscara de gas puesta y los scuds volando de país a país. Ahora parece todo muy cutre, pero aquel momento fue brutal y presagiaba unas cuantas locuras posteriores: Yugoslavia, David Koresh, Unabomber… Los 90, especialmente hasta el 95, fueron una década de gente muy loca, pero muy, muy loca.

 Adora los deportes, presume de conocer datos estadísticos precisos y se recrea analizando momentos clave de la historia. Quisiera saber qué tipo de jugador era en el colegio: ¿era usted el último al que pedían sus compañeros al formar equipo de fútbol, se lo rifaban, o se mantenía en una discreta mediocridad?

Jugaba al baloncesto. Como buen escritor, yo era el último en ser elegido. De hecho, solía erigirme en capitán para evitar la humillación. Era muy bajo para tener alguna posibilidad siquiera amateur, tiraba bien de lejos, supongo.

¿Encestó alguna vez en el último minuto, salvando a su equipo de una derrota?

Metí dos tiros libres con el tiempo a cero en un partido de 1992. Me acuerdo perfectamente. Perdíamos por un punto de diferencia, quedaban cinco segundos, el contrario tenía dos tiros libres: metieron el primero, fallaron el segundo. Yo me quedé solo en la línea de tres y me puse a pegar gritos para que me la pasaran. Aquello era impensable: yo era, con mucho, el peor jugador del equipo, pero el mejor era mi hermano y, joder, me quería, así que me la pasó, y justo cuando tiraba me hicieron una falta bastante clara, lo que pasa es que de la emoción ya no estaba en la línea de tres puntos sino casi a cinco metros del aro y me dieron solo dos tiros libres. Uno del equipo contrario dijo: “Tranquilos, que los falla”, pero yo lo único que sabía era perseguir chicas y meter tiros libres. ¿Por cierto, ha visto Air Bud?

 No la he visto. Sé que la protagoniza un perro que juega al baloncesto, pero poco más. ¿Por qué? ¿Es Air Bud su película favorita?

Del género “perros que juegan al baloncesto” probablemente sí. Detecto algo de celos en su pregunta, sepa que usted es mi perro con monóculo favorito.

  Hay una constante en su estilo, después de un párrafo especialmente largo e informativo introduce una frase muy corta y muy sencilla (tajante, apelativa, irónica. Yo las llamo “guillerminas”). Dígame la verdad, se encanta en esas frases.

No, no me encanto, pero sí me parece una marca de estilo y me gusta… y me alegro de que alguien me lo diga, es la primera vez que se dan cuenta. Me alegra especialmente que haya sido un perro, habla muy bien de mi éxito literario, con todo el respeto.

 En su página web-currículo hay una suerte de título que dice “El curioso caso del chico escritor”.  ¿Qué es lo que tiene de curioso su caso? ¿Y por qué es un caso?

Mi vida en los últimos 6-7 años viene siendo una sucesión de emails o conversaciones telefónicas en las que me piden que diga o escriba algo de manera inmediata. En este caso, el amigo que me estaba haciendo la web quería un título y yo acababa de ver la de Benjamin Button. Lo plagié, sin más. No pienso demasiado en mi imagen, supongo, solo en si queda bonito, que es algo muy de Ellis, si lo piensa.

 Si usted hubiera nacido perro, ¿a qué raza pertenecería?

Yo a los perros no los llamo por razas sino por nombres, según el que tuviera mi novia de turno. De elegir, sería Ramón, que era un chucho. No sé si “chucho” es una raza, pero era deliciosamente tonto y manejable y con un tremendo sentido de la culpabilidad. Se parecía mucho a mí. Me gustan mucho los perros, en general. Los gatos no me gustan nada. Me incomoda tener en casa a alguien que es más listo que yo y que va a luchar conmigo por el mando a distancia y el sofá. A un perro le das un monóculo y ya se lame encantado.

 “Me incomoda tener en casa a alguien que es más listo que yo”, espero que ninguna de sus exnovias se moleste por esta afirmación…

Todas mis exnovias fueron suficientemente listas como para no vivir nunca conmigo.

 ¿Por qué ha escogido el microrrelato que ha traído?

Porque no se entiende nada y así la gente creerá que es su culpa en vez de que yo no tengo ni puta idea de hacer un microrrelato, porque si usted me está entrevistando, joder, será porque soy bueno, ¿no? Si se fija, es una táctica muy de escritor.

A continuación, Guille y yo nos estrechamos la mano (aprendí este truco de pequeño). Le acompañé a la puerta y él me entregó el microrrelato que os transcribo en las siguientes líneas.

Título: Dudas razonables

Autor: Guille Ortiz

Si vamos a morir, ¿qué me espera? La eternidad, ya, ¿pero de qué tipo? ¿Seré eternamente un chico alegre de 25 años o el celoso terminal que soy ahora? ¿Y Lucía? Si ella va a morir enamorada de otro, ¿lo estará por siempre?

No sé bien cómo van esas cosas.

No sé si podría soportarlo: una eternidad queriendo a una mujer que quiere a otro, una eternidad arrepintiéndome de este momento, unos pasos desde el cuarto de baño, la toalla aún mojada y enroscada en la cabeza…

–       ¿Ya está listo el café?

–       Sí, pero debe de haberse enfriado. Mejor será que haga otro.

–       No, ¿por qué? Sabes que no me importa, tomaré éste.

–       Importa, Lucía. Créeme. Sí que importa. Mucho.

 

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3 pensamientos en “El Invitado: Guille Ortiz

  1. Creo que he entendido el microrrelato y el resto de la entrevista. Soy feliz.
    Entrevistas, esto va a convertirse en un clásico de internet, en una gran sección que durará muchos años (30 o 40 por lo menos).

  2. Anaís dice:

    Cuidado, HombreRevenido. Creo que decir que no lo íbamos a entender era parte de su táctica de escritor. Así consigue hacernos sentir bien cuando lo entendemos. Es como una táctica de escritor de segundo grado, digamos. ¡Larga vida a las tácticas de segundo grado! Aplaudo al entrevistador y al entrevistado. Bravo.

  3. Perro con Monóculo dice:

    Anaís y Hombre Revenido, os agradezco sobremanera vuestros comentarios. Primerizo en la entrevista, me pasé el día de ayer con mi patita sobre el F5, esperando alguna reacción de la masa. Así que vuestros dos aplausos (¡merecidos, tampoco lo negaré!) compensan el callo que me ha provocado esa maldita tecla.

    También os diré que yo no he entendido el microrrelato de Guille, pero si Guille pronosticaba que no lo entenderíamos quizás soy el único que lo ha leído correctamente, ¿no? ¡Dudas razonables!

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