Microrrelato 6 (y primera antología)

Confieso que he quedado impresionado con la calidad de la mayoría de los microrrelatos con la palabra pulga que habéis enviado. Tanto, que he decidido justificar la parte de “microeditor” de la que presumo en mi tarjeta de visita. Por ello he recopilado los textos en un elegante PDF que os enlazo a continuación. Mi consejo es que lo imprimáis y le regaléis un ejemplar a cada uno de vuestros más detestados enemigos: “He aparecido en una elitista antología de microrrelatos, pensé que te agradaría saberlo”. Podéis descargarlo en este enlace: Microrrelatos con pulga.

Con independencia de la publicación de este pequeño volumen, el martes anunciaré quién pasará a formar parte de mi galería de retratos.

Y después de este brindis por nosotros mismos llega el momento de  asumir nuevos retos. Os informo de que esta semana seguiré esperando microrrelatos, la condición es que aparezca  la palabra flequillo.

Máximo 1.000 caracteres sin espacios. Plazo límite: domingo 29 de abril a las 23h. Dejad vuestras historias en los comentarios de esta entrada, por favor.

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10 pensamientos en “Microrrelato 6 (y primera antología)

  1. Canigab Girl dice:

    Lola lloraba desconsoladamente en su loft de Malasaña. Las cortinas blancas se movían mecidas por la suave brisa que entraba por los balcones y se colaba entre las lamas de las venecianas. Un Warhol de imitación con su foto en cuatro colores presidía el salón de paredes rosas y reflejaba un cierto tono azulado a la mesa de metraquilato que tenía para las cenas con sushi, washabi y makis de los “Martes de Mazinger Z”. Su falda de un mercadillo de Londres le servió para limpiarse las lágrimas. Su amiga trataba de consolarla.
    -Tranquila, tía. No es el fin del mundo- Dijo Susi sin mucha convicción.
    Lola levantó su cabeza del cojín con la bandera de Inglaterra y la miró con rabia tras sus gafas cuadradas y amarillas.
    -¿Qué no es el fin del mundo? ¡¿Qué no es el fin del mundo?! ¡Esto es peor que cuando se murió Anthony en Candy Candy! -Susi tuvo un escalofrío al recordarlo- ¿No te das cuenta?…-Lola se puso en pie dejando a la vista unas medias de topos- ¡¡¿Me puedes decir qué clase de moderna soy si no me queda bien el flequillo?!!
    Susi fijó la mirada en un reloj despertador digital que había sobre la mesa tratando de evitar la respuesta que tenía en su mente: Desgraciadamente, Lola no era más que una -volvió a sentir otro escalofrío-… Moderna de Extrarradio…el flequillo la había delatado…

  2. santamaría dice:

    Había dejado pasar el grosor de sus gafas y la estrechez de sus pantalones pitillo. Sus disgresiones comparando Tarantino con John Ford y Kurosawa me hacían pasar unas tardes largas y húmedas, aunque decaían más tarde en la cama, eso también se lo podía pasar, hay cosas que pueden mejoran. Pero una tiene un límite, cuando apareció con el pelo recién cortado, sólo podía mirarlo: su flequillo intacto oscilaba entre sus gafas, enough is enough. La tarde siguiente aceptó echarse un poco de laca para reafirmar su apéndice graso y peludo y le llevé a mi lugar favorito de la adolescencia, un café oscuro con mesas íntimas y velitas. ¿Me lees los tés? Le susurré. Al acercase la carta, su mugriento y lacado fequillo quedó colgando sobre la lista de tisanas, en ese momento sólo tuve que acercar la vela. La llamarada fue más espectacular que la de Lou años atrás, mi noviete siniestro del instituto, si bien es verdad que él en la cama era mejor.

  3. abanico dice:

    Se llamaba Ashia, tenía cinco años y había perdido las dos piernas a causa de un bombardeo. En el hospital donde se hallaba, Ashia, ocupaba la última cama del fondo; la reservada para los casos más graves. Su madre, Qamar, no sabía que hacer para animarla. Entonces se le ocurrió una idea. Se acercó a ella, ocultó su cara tras el armario pegado a la cabecera y al descubrirla de nuevo, la pequeña vio que el flequillo simulaba un telón de teatro con dibujos de color azul sobre la frente. La niña sonrió. Alentada por el éxito, Qamar repitió la operación. En éste caso, el flequillo parecía una escoba. Ashia sonrió con más ganas; ya no pensaba en nada, tan solo deseaba ver la siguiente aparición. Al tercer intento, el flequillo era un cercado con cabellos que parecían postes; entre ellos se veían un corderito saltando, mientras su madre balaba dulcemente, como si fuese un ventrílocuo. Ashia estaba feliz y Qamar se disponía a continuar. Entonces se oyó un disparo. Después, la madre, con los ojos en blanco, caía al suelo con un balazo en la frente. La niña, que creía seguir con el juego, reía y reía. Pero, no parecía ser cosa de risa haberse quitado el burka y dejarse ver con el cabello al aire.

  4. Perro con Monóculo dice:

    Los puntos de la vagina le tiraban, pero no se daba cuenta. Llevaba toda la noche vigilando a su bebé, cuyo pálido y tenso cuerpo solo se relajó al ser alejado de ella. El niño tenía un flequillo tupido a la altura de las cejas, la matrona dijo que era el primero que veía con tanto pelo. Ahora descansaba boca arriba en la cuna, con los ojos abiertos; desde su posición juraría que no había parpadeado ni una sola vez. Se arrepintió de haberle pedido a su hermana que no viniera, ¿alguna enfermera en la sala? Los pasillos estaban vacíos, el único sonido que llegaba a la habitación era el de las secadoras de la lavandería. Muy lentamente, la cabeza peluda comenzó a elevarse. Sin atisbo de esfuerzo, el recién nacido se incorporó hasta quedar perfectamente sentado, apoyado en los cojines azules que adornaban su nido. Se miraron en silencio. Claramente, no parpadeaba.

    Si hubiera dormido en sus brazos, ella le habría acariciado la carita. Si el niño hubiera cerrado los ojos, le habría despejado con cariño el pelo de la frente. Si él se relajaba, descubrirían la marca. Aunque no supieran descrifrarla.

  5. Pol dice:

    Has llegado a la última cima y tus ojos, debajo de tu flequillo dorado, han contemplado el mar por primera vez – y lloras, también, por primera vez -.
    Mar como tu mirada, nublada, brava y parda. Infinitas olas e infinitas lágrimas se suceden sin perdón.
    Detrás quedan los montes, valles, de meses de andanza, de huida, de sangre, de nada, de ti mismo.
    Tez de angelical lisura, cabellos de miel.
    ¿Qué dios cruel vertió en tu destino la copa de la locura?
    ¡Oh tu, el Infortunado! ¿Qué harás ahora?
    ¡En el mar hay demasiada poca agua para limpiar tu pecado!

  6. V. dice:

    Jamás se lo dijo a nadie, pero antes que su inteligencia, su sensibilidad o sus labios carnosos, de lo que realmente se enamoró fue de su flequillo. Un flequillo castaño y liso que se movía graciosamente cuando caminaba, como si sus cabellos fueran péndulos que bailaran al unísono.
    A menudo y sin saber por qué, cuando la miraba se acordaba de los flecos que colgaban de la colcha de su cama infantil, esos que observaba extasiado durante horas cuando era un niño y su dimensión de las cosas era tan terrenal. Y pensaba que, al igual que aquellos, ese flequillo escondía (o dejaba entrever) el espacio en el que se alojaban todos los secretos.
    Un día, ella resopló hacia arriba y dejó al descubierto, por unos instantes, una frente que a él se le antojó absolutamente erótica. Supo que era la mujer de su vida y se lo dijo; ella aceptó y le entregó la llave de todos sus pensamientos.
    Pero el día que ella cambió de peinado él no pudo soportarlo: le tapó la cabeza con una bolsa hasta asfixiarla y ya no pudo volver a mirarla.
    Después, durante el juicio, repetía la misma cantinela una y otra vez: “pretendía salir desnuda a la calle y yo, simplemente, quise evitarlo.”

  7. Aun recuerdo cómo empezó todo. No fue algo repentino. Fue gradual. Poco a poco. Como todo el mundo la veía día tras día, nadie lo apreció. Pero un tweet hizo saltar la alarma, advirtió del hecho y las redes sociales se incendiaron. Ana Blanco, la popular presentadora de informativos de la cadena pública, se había quitado el flequillo. Los recortes, decían. Mantener un flequillo así de impoluto era muy costoso. Flequillo fuera. Durante días, semanas, no se habló de otra cosa. Los informativos de otras cadenas se hicieron eco de la noticia, a regañadientes. Me llegó un Actuable para pedir que la presentadora se volviera a cortar el flequillo. Los partidos políticos de la oposición denunciaron el recorte de derechos de la presentadora. El Gobierno acusó al partido antes gobernante de que habían dejado las arcas vacías con tanto gasto en peluquería. Blanco no dijo esta boca es mía. Por eso sorprendió todavía más que antes de dar paso a los titulares, en el momento de máxima audiencia del programa, sacara una maquinilla eléctrica y se rapara la cabeza. Los pelos cayeron sobre sus papeles. Sopló para que volaran y a continuación dijo “Titulares”. Al día siguiente estalló la guerra.

  8. Nagore dice:

    Paseaba por una céntrica calle de su ciudad cuando pasó por una famosa peluquería. En letras grandes decía:
    – Lunes día de los niños: lavar y cortar 10€.
    – Martes día de los ancianos: Lavar, cortar y peinar 15€.
    – Miércoles día de los hombres: Lavar y cortar 11€.
    – Jueves día de las mujeres: Lavar, cortar y peinar 18€.
    – Viernes día del tinte: Teñir y peina 20€.
    Decidió entrar en la peluquería y preguntar si la podían atender, era martes día de los ancianos. Decidió teñirse la cabellera blanca de canas y ponerse el pelo de colores flequillo incluido.
    Y así con la cabeza que parecía más el plumaje de un loro que de una anciana de 89 años se fue camino de la residencia de ancianos de la que se había escapado para hacerse un cambio de look total.

  9. Anaís dice:

    El doctor le había asegurado que nunca había visto un caso de alopecia semejante. No había nada que hacer. Su prominente calva avanzaba presurosa en sentido contrario al habitual, es decir, desde la nuca hasta la frente, dejándole solo intacta la primera línea de cabellos. Pero el señor Pelaez no se resignaba a que su cabeza reluciera como una bola de billar, así que cultivó esos pocos pelos con primor, hasta que el flequillo le tapó completamente los ojos. Lo lavaba con paciencia cada mañana y lo dejó crecer todavía un poco más, hasta que, a día de hoy, nuestro presumido amigo puede preciarse de lucir una melena lustrosa que ya supera su barbilla. De este modo, si se cruzan con el señor Pelaez de frente, les parecera sin lugar a dudas un hombre sabio con la cabeza girada del revés; pero si, por el contrario, se lo encuentran de espaldas, tan solo lo tomarán un elegante caballero sin rostro. No se preocupen por él; el bueno de Pelaez vuelve a ser, por fin, feliz. Aunque, dichosa vanidad, ya solo en los días de viento puede contemplar un atardecer fugaz, alguna de las delicadas flores de su jardín o la sonrisa, siempre bella, de su paciente esposa.

  10. Mameluco dice:

    – Parece nuevo. No, de hecho es nuevo. Joder, no me atrevo a mirar. ¡Ja! Será payaso el tío. ¡Que no, hostias, no tires por ahí, que se te vuela con el aire! ¡Jeje! ¡¿Estás mongolo?! Las cosas que hay que ver, madre mía. Voy a escupirle, a ver si lo siente. ¡Coñioo, qué no le he dao! Da igual, está dando tantas vueltas el tío cateto que seguro que se pone a tiro otra vez el tontolhaba. ¡Ahoora, casi… en el hombro, le he dado en el hombro! Vuelve de nuevo, jajaja, este no se cansa de pasearse. Pobre chaval, me da hasta casi pena. ¡Grrra, sput! ¡Ole, en tol matojo, con dos cojones! Ni se palpa. Hum. A lo mejor es de verdad. No ¿cómo cojones va a ser de verdad eso? Parece que ya sale al que esperaba. ¡Jaja! ¡Este fenómeno se ha buscado otro peor que él! ¡Me ha deslumbrado con la calva el puto Koyak!¡Si es que me parto la caja! Mira, ya se van. ¡Ay! que buen rato he echao. Hace fresco ya, leches. Me acabo el Ducados y me voy.

    Mientras tanto en la calle.

    -Oye, Luis, tienes un gapo asqueroso en tu flequillo nuevo.
    -No, será ese producto tan caro que me echo, para que el folículo agarre. Aún no lo habrá absorbido el cuero cabelludo.
    -Pues parece mismamente un escupitajo.
    -Qué desagrable eres, loca. Envidiosa perdida te veo.

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