¡Que el ventilador sea vuestra musa!

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Amigos, ha quedado claro que fue un gran error daros a probar la libertad. El número de microrrelatos ha descendido bruscamente y yo he aprendido una valiosa lección: tengo que ataros corto.

De todos modos, confieso que esto no me pilla de sorpresa. Sufrí una decepción similar cuando invité a Amadeo a una carísima cata de vinos en Salamanca. Me empeñé en que el viejo castor, fiel mayordomo de mi familia durante décadas, descubriera la sabiduría de la uva, quise que sintiera las olas granates del vino romper contra su paladar, que se olvidara por unas horas de servirme y pudiéramos disfrutar de una conversación amistosa regada con riojas, riberas y pequeñas excentricidades californianas de esas que luego tan agradable es criticar. Pero Amadeo fue incapaz de saborear, tragaba el vino con la intención de pasar mejor los dados de queso que nos ofrecieron de aperitivo. Pidió pan, más queso, rechazó usar las escupideras y puso pegas a la madera de las barricas de la bodega. Hasta preguntó si podía quedarse con los tapones de corcho (de recuerdo). Cuando hubo acabado con las dos botellas del primer vino -¡el más barato!-, tenía las mejillas rojas y propuso a los asistentes una competición de lanzamiento de huesos de aceituna. Tras convencer a seis energúmenos, que quisieron participar de este exótico ritual desde la ironía, clamó al cielo porque las aceitunas estaban rellenas de anchoa.

Si superé ese vergonzoso episodio sin desterrar a Amadeo, cómo no voy a perdonaros la baja participación.

Esta semana solo aceptaré historias que incluyan la palabra ventilador. El máximo son mil caracteres sin espacio (usad la herramienta “contar palabras” del word, ¡no quiero verme obligado a descalificaros por exceder el límite!). El domingo 20 de mayo a las 23h. finaliza el plazo.

PD: Mañana os presentaré al autor de mi microrrelato libertario favorito.

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13 pensamientos en “¡Que el ventilador sea vuestra musa!

  1. Maximus dice:

    “¡No hay pan para tanto chorizo!”, exclamaban en la tele, ignorando que no había voluntad para tanta queja. Llamaron a la puerta. Eran del juzgado. Un secretario, un no sé quién y unos policías en el descansillo. “Teledesahucio, buenos días. ¿Habían pedido una hipoteca por aquí?” Sí señor, aquí es. No hubo contrato para tanto crédito. Apagó la tele, salió de casa y entregó las llaves, con un par de advertencias: “el grifo del lavabo gotea un poco “. No se preocupe. “Y la ventana del baño no cierra bien”. No pasa nada. “¿Puedo llevarme el ventilador?” Por supuesto. “Funciona regular, pero le tengo cariño. Me lo regaló el banco”.

  2. Nagore dice:

    Jueves 10 de agosto de 2012, Bilbao son las seis de la tarde y los termómetros marcan 37ºC, la gente pasea por la calle intentando refrescarse como y con lo que sea. Los aires acondicionados no dan más de sí. De pronto se ve a una señora paseando con un pequeño ventilador de los chinos, apenas da aire, pero ella es feliz así. Por lo menos tiene algo que da un poco de aire, los demás nos conformamos con resoplar y quejarnos del calor.

  3. Golden Brown dice:

    MANUAL DE INSTRUCCIONES VENTILADORES HELICOIDALES MODELOS GAMA HJE–HJB–HA–HB–HBA–BOX HB–BOX HBA–HI–HM–HMA–HH–HHP–HMTE-HTE

    No instale el ventilador sin haber leído DEBIDAMENTE estas instrucciones. Guardar este documento junto con la garantía a modo de prueba.

    INSTALACION
    Todos los ventiladores en razón a su peso, están provistos de unos puntos de anclaje situados adecuadamente.

    LA MARCA suministra todos los modelos debidamente protegidos para los modelos HJB, HH y HHP. VERIFIQUE que la base donde se pretenda instalar el ventilador, esté perfectamente llana y nivelada para los modelos HMTE y HTE. Pero se aconseja me van a matar no superar una temperatura del aire del entorno refrigerante del motor de 40º C, para garantizar una correcta refrigeración del motor, y prolongar al máximo la vida del mismo por favor no hay tiempo. La temperatura máxima del aire a vehicular trabajando ayuda en servicio continuo, es de 120 ºC para los modelos HH y HHP y de 60 ºC para el resto somos muchos de las gamas (50 ºC para los monofásicos). En unidades no tengo escapatoria especiales con motores CLASE H es posible aumentar esta temperatura, consultar siempre con el fabricante. Por favor.

  4. En aquel país de áridas llanuras y dromedarios con malas pulgas, lo que preocupaba de verdad al Emir (y por extensión, claro, a todos sus súbditos), lo que era un auténtico colapso, una crisis en toda regla, era que se estropeara el ventilador a la hora de la siesta.

    El Emir, todavía en pijama, estaba aturdido. Mandó llamar a varios electricistas. El primero llegó minimizando el problema. Su inacción le costó la cabeza. El segundo electricista destripó el aparato, cortó de aquí y de allá con cara de “sé lo que hago”. Entre sollozos acabó confesando su fracaso. La pena se la quitó de golpe un certero hachazo.

    Al Emir sólo le quedaba una última opción desesperada.
    El tecnócrata llegó, vio cómo estaba la cosa, miró las dos bandejas de plata de ley con sendas cabezas, y fue a lo seguro.
    El ventilador del Emir seguía sin funcionar. Pero el nuevo fichaje abanicaba bastante bien e incluso, si a su alteza o a cualquiera de sus esposas les entraba la sed de repente, se ofrecía a traerles un vaso de agua.

  5. Mygirl dice:

    Llevó a su hija de tres años a la cafetería “Belbedere”. Allí se realizaría el reencuentro entre el padre y la pequeña de 3 años tras un mes de ausencia. La niña esperaba ansiosa a que apareciera su padre. Sus ojos recorrían todo el espacio, escaneando a todo ser viviente que aparecía por las puertas giratorias del establecimiento.
    Por fin llegó la recompensa, sus ojos se iluminaron y su cara se transformó. Echó a correr para tirarse a los fuertes brazos de su amado padre, que la elevaría por los cielos hasta encaramarse en sus hombros y le permitiría dominar su mundo minúsculo.
    En el mismo instante en que Él la encaramaba a sus hombros, la madre gritó, angustiada y desencajada al ver las aspas del ventilador girando debajo de la cabecita de su pequeña.
    El local enmudeció y todo se paralizó. Ajenos a ellos, el padre y la niña, se giraron sonrientes para ver lo que ocurría, extrañándose por la lividez de la madre.

  6. Lulú dice:

    Pedro tenía un estrabismo. Llegó de la consulta del oftalmólogo, y tras analizar los consejos que le proponían a su madre no dudó un solo minuto en iniciar la rehabilitación de ese ojo causante de tanta mofa entre los niños del colegio.

    Con mucho empeño, se situó delante del espejo y empezaron los movimientos REM en fase de vigilia. Estos le resultaban monótonos, pero esta vez, estaba seguro y no abandonaría tan pronto. De forma fugaz, entre tantos giros, distinguió el ventilador en el fondo del dormitorio y pensó que seguir las aspas sería mucho más divertido para sus vagos e inútiles músculos orbitales.

    Al momento, colocó el taburete delante de la máquina, y se preparó a mantener una aventura similar a la de aquel “Hidalgo de La Mancha”.

  7. Rubén dice:

    SAMURÁI
    Tras tres licenciaturas universitarias y un doctorado en robótica, empezó a trabajar de autónomo los martes y los jueves en la puerta de la iglesia. Era un empleo con flexibilidad horaria, don de gentes y exención fiscal. Para poder alimentar a su familia hacía cualquier cosa: se desfiguraba el rostro, se amputaba los dedos, se seccionaba las orejas o se extraía un ojo. Sin embargo, con la crisis, la competencia del Este por cada esquina era feroz. Algunos indigentes se quemaban a lo bonzo, se guillotinaban la cabeza o saltaban desde el campanario por unas monedas. Así las cosas, Richard regresó a su chabola entristecido. La recaudación no llegaba para el equipo de aire acondicionado. Un verano más, su mujer, tendría que conformarse con el ventilador.

  8. Arbusto dice:

    Llevaba varias horas sin pegar ojo. Al calor se unían los malditos ruidos de siempre.
    La almohada era un gurruño, el pijama andaba por los suelos y la ventana medio abierta dejaba oír, de vez en cuando, algún coche circulando demasiado rápido.
    Fue a la cocina y engulló sin ganas un yogurt y un vaso de gazpacho, en ese orden. Era una mezcla deplorable, sin otro objeto que probar fortuna y pasar unos minutos.
    Volvió a la cama, miró el reloj y para su desesperación vio que eran las cuatro de la mañana y que no había descansado nada en toda la noche.
    Se acercó al cuarto de baño y se lavó la cara. Con las manos sin secar se agarró a la almohada y se puso de nuevo a la tarea.
    Sirvió de poco; la habitación parecía un tostadero y cada vez pasaban más coches.
    Cerró la ventana e intentó no pensar en nada. Lo consiguió durante un par de minutos.
    Entonces se dio cuenta del run run del fondo.
    No pudo más, perdió la paciencia y golpeó al dichoso ventilador, que cayó contra el suelo desde la silla y se apagó.
    Casi agotado, se dispuso a dormir.
    Lo logró una hora más tarde, pero antes tuvo tiempo de poner el aparato en su sitio, y asegurarse que funcionaba.
    A las siete en punto el despertador también funcionó.
    Se quería morir.

  9. Roilenos dice:

    El ventilador ruge en el techo.

    ¡Sí joder! Ruge.

    Porque en los 50 putos años que lleva instalado a nadie se le ha ocurrido echarle una jodida gota de lubricante.

    ¡Una puta gota!

    De fondo suena Highway to hell, mi canción favorita, la que siempre le pongo a esos chinos de mierda antes de volarles la cabeza, JAJAJAJA, que ironía que me dejara uno a medias, JAJAJAJA, que ironía que lo encontraran y que ¡Puta mierda! que el cabrón trabajara para la Yakuza.

    JajajajajJAJAJAJAJAJA, ya oigo como encienden la motosierra, jeje, un poco más y dejaré de escuchar el PUTO ventilador y la jodida canción, jajajajajajajaaaaaAAAAAAAAARRGG¡¡

  10. Anaís dice:

    En un lugar de la Comunidad Autónoma de Castilla la Mancha, cuyo nombre no importa, vivía un ingeniero llamado Alfonso Quiñones. El joven tenía una pasión desmedida por los libros de ciencia ficción y, aunque le tomasen por loco, pasaba las noches leyendo tomo tras tomo de las Fundaciones de Asimov. Una lluviosa tarde de compras, sintió una terrible amenaza y llamó a su único amigo y compañero del club de rol, Sergio Barriga. “Sargento Bárrigan, al habla el Capitán Kirk-Jones. Venga enseguida al centro comercial. La invasión ha comenzado”. Cuando Sergio llegó, encontró a su amigo apuntando con el paraguas al escaparate de la tienda de electrodomésticos. “¡Son ventiladores, Quiñones!”. Pero era demasiado tarde. “¡El Capitán Kirk-Jones no dejará que ningún extraterrestre se salga la suya!”, gritó mientras los destrozaba. Pese a los doscientos euros de multa y a los moratones, gentileza del guardia de seguridad, Alfonso Quiñones durmió feliz esa noche, pensando que había salvado el mundo.

  11. Perro con Monóculo dice:

    Ernesto suplicaba a las enfermeras que, por favor, le cortaran las uñas. Por supuesto que él preferiría encargarse personalmente de ese asunto, pero un cortauñas no era el típico instrumento que le confiaban a uno en el centro. Junto con las cadenas de los retretes y los vasos de cristal, los cortauñas habían causado más de una baja en el pasado, lo que había llevado a la Dirección del sanatorio a practicar una desesperante política de prevención de riesgos. Una enfermera se encargaba de cortar el pelo, afeitar y arreglar las manos de los internos. Muchos se mordían las uñas, pero eso a Ernesto le parecía repugnante y muy peligroso.

    Hacía días desde la última manicura y Ernesto estaba seguro de poseer las manos de Nosferatu. Su médico se había propuesto cumplir una semana sin atender sus obsesiones, el personal estaba advertido y era inmune a sus ruegos constantes. En la sala de lectura, vacía y con el único ruido del ventilador, Ernesto intentaba calmar su ansiedad arañándose con fuerza debajo del pijama.

    Lo encontraron con dos dedos atascados en el ventilador, que salpicaba sangre en todas direcciones. Con ojos llorosos, pidió que le recortaran las uñas de la otra mano.

  12. Xavi Puig dice:

    “La pieza de Alemania”

    – Hola, señor Farré. Lo siento pero aún no nos ha llegado.
    – Son casi dos meses ya, doctor…
    – Está pedida la pieza de Alemania, en cuanto llegue les aviso.
    – ¿Cómo está? ¿Puedo verle?
    – No está muy presentable. Lo desmontamos entero para ver dónde estaba el problema.
    – ¿Y no podemos tenerlo en casa hasta que llegue la pieza?
    – Así desmontado, imposible. Ustedes me lo trajeron porque tenía fiebre y seguirá con fiebre hasta que llegue el ventilador. Tengan paciencia, hombre, hay niños en peor estado. Incluso en siniestro total.
    – Es nuestro único hijo, son dos meses sin verle…
    – Quizá puedo facilitarles uno de sustitución. Tenemos dos que pierden aceite, si les sirven… Pero deberían pensar en tener otro. Si este da problemas a los 5 años…
    – Bueno, usted llámeme cuando llegue la pieza de Alemania.
    – Yo le llamo, señor Farré.

  13. Miercoles dice:

    No tenía fin; todo le parecía poco y mucho le parecía nada. Su enorme mansión -barroca hasta el extremo -se le antojaba pequeña, y sus empleados- auténticas hormigas obreras- nunca eran suficientes para satisfacer sus más extravagantes deseos. Era egoísta, maleducado, prepotente, narcisista. Nadie le quería, ni su propio ego le soportaba.
    Un día de agosto -con cuarenta grados de sol- su aire acondicionado se estropeó. Gritó a su mayordomo, éste llamó al técnico, el técnico avisó a la tienda pero… no había solución: aquél aparato había muerto asfixiado por el calor y en el almacén ya no había stock.
    Una cólera sudorosa le invadió: chilló, ordenó, zarandeó a sus esclavos, se desgañitó…
    Al cabo de las horas, cuando fue consciente de que no tenía opción, se vio -como ni en sus peores pesadillas imaginó- suplicando a su criado por un ventilador.

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