El reto: continúa la historia

Esta semana, además de pensar un microrrelato con la palabra ventilador, toca reto. Los escritores que queráis participar tendréis que compartir un mismo comienzo.

El inicio de todos vuestros cuentos será, sin expcepción, el siguiente:

“Mamá me dijo adiós desde la puerta y yo me quedé solo, rodeado de gente”.

La alondra, inesperadamente interesada en la literatura desde que le comenté que sin experiencia jamás la contratarían en S Moda, ha decidido unirse y participar. Esta es su propuesta:

“Mamá me dijo adiós desde la puerta y yo me quedé solo, rodeado de gente. Así que me suicidé.”

No hace falta que seáis tan breves como ella, pero tampoco os excedáis. Ya sabéis que a partir de los 1.000 caracteres me entra modorra.

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20 pensamientos en “El reto: continúa la historia

  1. Perro con Monóculo dice:

    Mamá me dijo adiós desde la puerta y yo me quedé solo, rodeado de gente. No los conocía, pero me recibieron con música y tarta. Los niños se lanzaron sobre mi pastel de bienvenida sin esperar a que yo pudiera verlo. Sonó el timbre de la puerta y todo el mundo se puso nervioso. La enfermera se llevó a otra habitación a los que se habían manchado la camisa de chocolate, y al resto nos frotaron las orejas con colonia. Nada más entrar, la mujer con perlas se fijó en mí; a su marido le parecí bien. Mi pastel de bienvenida hizo las veces de tarta de despedida, aunque yo no probé ninguno de los dos.

    • Jorge dice:

      Mamá me dijo adiós desde la puerta y yo me quedé solo, rodeado de gente. Gente que arrastraba los pies o vestía bata blanca y una aleteó hasta mí. Me arrastró sin violencia hasta mi celda, desnúdate, ahora hay que mirar aquí, sólo es un pinchazo de nada, tócate la punta de los pies con las manos, eso es, muy bien, perfecto, enseguida llegará el doctor y me quedé solo, rodeado de pena y esperanza, diciéndole adiós a mamá desde la ventana.

  2. Nagore dice:

    Mamá me dijo adiós desde la puerta y yo me quedé solo, rodeado de gente. De pronto unos brazos me cogieron y me llevaron dentro de aquella habitación grande. Estaba toda llena de juguetes y de niños. Me dejaron en el suelo, estaba asustado, con mi pequeño rabito entre las patas, de pronto uno de los niños me ofrecio un trozo de galleta que acepte gustoso. Empece a revolotear entre los pequeños y todos me daban algo de comer. No sabía donde estaba, ni cuanto tiempo estaría allí, pero estaba feliz llenando la panza.

    • Perro con Monóculo dice:

      Mi fiel amiga Nagore, ¡siempre pensando en cachorritos! Su relato me ha dado hambre, pero haré un esfuerzo y no picaré hasta la cena (¡hoy tocan chuletitas de cordero).

  3. Sebas dice:

    Mamá me dijo adiós desde la puerta y yo me quedé solo, rodeado de gente.
    Una señora muy mayor, me cogió de la mano y me llevó andando por un pasillo largísimo.
    Me metió en una habitación enorme llena de mesas y sillas pequeñas.
    Muchos niños, como yo, pero vestidos con unas ropas todas iguales, estaban sentados y pintaban sobre las mesas.
    Algunos me miraron y otros ni se dieron cuenta de que yo había entrado.
    Una señora, igual de mayor, me quitó el abrigo y me puso encima unas ropas como las de los otros niños.
    La ropa me quedaba muy grande.
    La misma señora me dio unas pinturas y un cuaderno y me sentó entre dos niñas.
    Cogí una pintura y empecé a hacer rayajos.
    Entonces me picaron los ojos y me acordé de mi casa y de mi mamá.
    Se me llenaron los ojos de lágrimas.
    La niña de mi derecha me miró y me puso la mano encima del brazo.
    Muy bajito me dijo: No llores, soy Irene.
    Así estuvimos mucho rato.
    Cuando sonó un timbre todos se levantaron.
    Se pusieron los abrigos encima y salieron corriendo.
    Yo salí el último.
    Mi mamá me estaba esperando.
    Hoy ha sido un día largísimo y muy malo.
    Cuando he llegado a mi casa no tenía hambre.
    Luego he comido y me ha entrado sueño.
    Antes de dormirme me he acordado de Irene.

    • Perro con Monóculo dice:

      Estimado Sebas, me ha gustado mucho la estructura de su relato, se ajusta perfectamente al personaje y le da un buen ritmo al relato. Reconozco que la sensación de misterio me ha mantenido alerta durante toda la lectura, ¡temiéndome en algunos momentos lo peor! Gracias por responder al reto, espero seguir leyéndole más veces.

  4. Chirimbolo dice:

    Mamá me dijo adiós desde la puerta y yo me quedé solo, rodeado de gente. La puerta casi le cercena el brazo al cerrarse. Se notaba que quería aprovechar hasta el último segundo para disfrutar de mi humillación, de mi derrota. Y allí estaba yo, sin espacio para las piernas, apretujado contra un gordo que casi consigue que mi mechero, por obra y arte de la ósmosis, pasase a ser una parte más de mí. Y allí estaba mi madre, intentando disimular bajo una hipócrita sonrisa los tentáculos de culpa que se abrían paso desde sus adentros. O eso quería pensar yo.
    Nunca me había entendido y creía que un internado podría cambiar eso. Nunca había podido percibir nuestro amor. Nunca había comprendido que el fuego era mi amigo. El delicado y etéreo fuego.

    • Perro con Monóculo dice:

      Me encanta el rencor y la exageración del personaje (“casi le cercena el brazo al cerrarse”), y también cómo deja caer inocentemente la referencia al mechero para luego recogerla triunfalmente con las dos últimas frases.

  5. Anaís dice:

    Mamá me dijo adiós desde la puerta y yo me quedé solo, rodeado de gente. Habían venido las Solís, esas primas con el mentón salpicado de pelos negros y duros, y Don Ramón, el cura que, siempre que podía, le ponía la mano en la rodilla a mamá. Me asomé por la ventana esperando otro adiós, el último, de verdad, porque ver su muñeca enjoyada agitándose me hacía recordar a cuando, siendo bebé, jugábamos juntos con el sonajero de colores. Ya hacía casi cuarenta años de eso, pero mamá seguía siendo igual de payasa. Iba muy estirada, sin mover un solo músculo, aguantando la respiración para que la tela blanca que la cubría tampoco se alterase. Siempre me hacía reír, mamá. Don Ramón me pasó un brazo por el hombro y su aliento me recordó al olor de los besos de buenas noches que me daba ella los sábados, un poco fuerte y un poco dulzón. Hijo, la cosa se pone fea, me dijo. Él sí que era feo, pensé yo, mientras le miraba a los ojos empañados. No entendía la broma. Pobre Don Ramón, tan cura y tan bobo. Volví a mirar por la ventana pero mamá ya estaba dentro de la ambulancia. Qué tía. Pensaba seguir el juego hasta el final. Y todo por verme reír tan fuerte cuando se atragantó con el hueso de pollo.

    • Perro con Monóculo dice:

      ¡Oh, Anaís! Creo firmemente que deberías publicar un libro que turbara las mentes infantiles con tus tétricos y deliciosos puzzles. Tienes la dulzura del ama de llaves que susurra a unos cachorros que gimen dentro de una caja de cartón, les acaricia uno a uno la cabeza y les suministra cariñosamente veneno para ratas. ¡La imagen de las pulseras y el sonajero me ha cautivado especialmente!

  6. Mamá me dijo adiós desde la puerta y yo me quedé solo, rodeado de gente. Algunos adultos y niños que no parecen darse cuenta del peligro. Mamá es cruel. Me cogió fuerte de la muñeca y me arrastro aquí. Aún me duele. No le importan mis lágrimas y mis suplicas. Ella es mala, por eso le han prohibido la entrada. Yo también quiero ser malo y nunca volver. Mamá dice que tengo que ser bueno, la gente que está aquí también. Pero yo tengo miedo. No quiero ser bueno. Aquí a los buenos les va mal. No tienen suerte. Nunca voy a ser bueno. No quiero morir, ni que me torturen o que corten mi cuerpo en pedazos o me tiren a los leones. No quiero vivir para siempre como ese señor colgado en la cruz y que cada domingo se beban mi sangre y se coman mi cuerpo. No quiero. Yo nunca seré bueno. Nunca.

  7. Perro con Monóculo dice:

    Amiga Marquita, me ha dolido la muñeca de leer los gritos de su pequeño secuestrado, ¡para que luego me acusen de frialdad y falta de empatía! Después me he bebido un vaso de mosto bien fresquito y he recuperado la alegría de vivir. Antes de acostarme, un consejo: guarda el bien hilado discurso de este niño; yo no he estudiado Derecho pero creo que podría servir de atenuante en caso de una futura -¡e indeseable!- condena: “Elegí ser malo para que no me comieran los leones, ¿qué otra cosa podía hacer?” ¡Yo y cualquier persona razonable le daríamos la razón (siempre que no hubiera sido yo la víctima de su temperamento, faltaría más)!

  8. Mariu dice:

    Mamá me dijo adiós desde la puerta y yo me quedé solo, rodeado de gente que nunca había visto. Su adiós fue como un susurro de hojas en otoño mecidas por la brisa,me quede mirando atreves del sucio cristal como se alejaba, ni siquiera se volteo para verme una vez mas.
    Su silueta se hacia cada vez mas borrosa ,aquellos hombres que la llevaban cogida del brazo se alejaban muy deprisa y yo quería verla mas tiempo, temía que se me borrase su imagen al cerrar los ojos y jamas pudiera recordar como era,lo mismo que no recordaba haberla visto como reflejaba la foto de mi comunión. De pronto la imagen se hizo mas nítida y sentí humedad en mis mejillas.

  9. Rubén dice:

    MONSTRUOS
    Mamá me dijo adiós desde la puerta y yo me quedé solo, rodeado de gente. El señor del cuchillo en el ojo, se frotaba las manos y relamía la lengua. La mujer abierta en canal me propuso pasar un buen rato por veinte euros. No supe a qué se refería. Además, en la hucha, tampoco tenía esa cantidad. El joven decapitado me preguntó si había visto por algún lugar de la habitación su cabeza. La niña de las coletas a la que devoraban los gusanos me propuso ser su novia. El vampiro, sediento de sangre, me enseñó sus colmillos y se puso a reír. El perro sin patas empezó a ladrar. A mí, todos aquellos seres no me producían el más mínimo temor. Sin embargo, lo que sí me asustaba de verdad, lo que verdaderamente me aterraba eran las noches en que me quedaba en casa a solas con papá y me empezaba a tocar.

    • Perro con Monóculo dice:

      ¡Oh! Bravo, amigo Rubén, le aseguro que ese último monstruo no lo vi venir. ¡Algo me dice que la imagen del perro sin patas que ladra me perseguirá en las pesadillas de alguna mala siesta!

  10. Roilenos dice:

    Mamá me dijo adiós desde la puerta y yo me quedé solo, rodeado de gente.
    Asustado, grité.
    -Tranquilo, solo ha sido un sueño.
    -Era mamá, había vuelto…
    -No, hijo mío… de donde ha ido, ya no se vuelve.

    • Perro con Monóculo dice:

      Hay pesadillas que comienzan precisamente después de levantarse. Preciosa la última frase, por intentar ser delicada aplastando la esperanza del hijo.

  11. abanderado dice:

    Mamá me dijo adiós desde la puerta y yo me quedé solo, rodeado de gente.
    Pero en cuanto se perdió de vista, salí corriendo como si me quemase el culo. Llevaba la mano tan apretada que casi me dolía. El quiosco, cerca de la salida del colegio, me llamaba a gritos y yo no era de los que hacen esperar sin motivos.
    Llegué en un decir amén y me puse a la cola. Cuando llegó mi turno, coloqué las manos encima del cristal mirando con ansia las chuches que había metidas en botes de plástico.
    Santi, el quiosquero, que me había visto venir a la carrera, me dijo, con aquella voz maliciosa que le caracterizaba: ¿Qué, lo de siempre? como si no le importase mi visita, como si estuviese allí metido, en aquel cielo de tres metros cuadrados, por el mero placer de vernos las caras de panolis que teníamos la mayoría de sus pequeños clientes.
    Cada día era una sorpresa, no entendía cómo podía saber de antemano lo que iba a pedir, pero él lo sabía.
    Contesté como un infeliz, con un gesto afirmativo, que era a la vez una especie de claudicación.
    Me llenó las manos de golosinas y yo solté el duro como si me estorbase.
    Enfilé el cole, guardé lo que no me pude comer en la cartera y sin ver ni oír a nadie me metí en clase, pensando ya en la salida.

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