Menú de fiesta y un gato en mi galería

La alondra y yo hemos preparado el siguiente menú para mi, cada vez más próxima, fiesta. En realidad, yo he escogido lo que se me ha antojado y la de las plumas ha hecho de juez, por lo que algunos platos llevan su aprobación y otros solo su desdén. AA significa: “Alondra Approved”.

– Canapés de langostino y de secreto ibérico.
– Brochetas de tomate cherry con mozzarella (palos dorados, nada de madera barata que pueda astillarse en la lengua de mis invitados).
– Cucharitas de caviar.
– Sorbete de mandarina (con pajita)
– Pipas peladas en boles dorados (AA).
– Selección de Riberas del Duero (AA)
– Tónica, Cherry Coke y Bitter Kas (técnica encubierta para que todo el mundo beba vino)
– Lenguas de gato de chocolate blanco (AA).
– Champaña para parar un tren (AA).

¿Qué os parece? La alondra insistía en poner gazpacho, pero no tengo ninguna intención de que mi fiesta apeste a ajo, así que lo he descartado. El que quiera sopa fría que pida vino tinto. Esto es una fiesta elegante, ¡no un picnic para domingueros!

Antes de seguir, os recuerdo que la palabra para los cuentos de esta semana es charco. Y ahora, el esperado momento de gloria y reconocimiento enmarcado con devoción y mimo. Os presento al autor de mi microrrelato con toalla favorito de la semana pasada. Sus palabras dibujan la silueta de la peor manera de estar en el mundo: ¡la muerte en vida!

Autor: Xavi Puig

Se metió en el ascensor con la intención de darle al botón que le pidiera el cuerpo. Cualquier piso menos el suyo, esta vez iría a la aventura. Intuía que los descansillos se parecían entre sí, que eran todos del mismo color salmón. Pero, ¿y si eran muy distintos? ¿Y si en otros pisos había litografías de Miró, plantas o hasta un corcho para colgar avisos? Cerró los ojos y pulsó el botón del sexto. Se le encogió el estómago cuando el elevador siguió subiendo por encima del cuarto. Flirteó incluso con la imagen de la cabina estrellándose contra la azotea, atravesando el edificio como una bala, dibujando una trayectoria errática en el cielo. Pero paró en el sexto, como estaba previsto. Entonces él abrió la puerta hacia lo desconocido, hallando solo oscuridad. Nervioso como estaba, no encontró el interruptor de la luz, y eso que lo buscó con la mano, arrimado a la pared como un gato asustado. Oyó un golpe lejano que le sobresaltó y, tembloroso, reculó hacia el ascensor sin mirar atrás. Le dio al botón del cuarto y regresó a su casa, al refugio. Tranquilo, no ha pasado nada. Nunca se arrepintió de haber tirado la toalla. Su vida estaba bien así. Y finalmente murió un lunes, como estaba previsto.

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Un pensamiento en “Menú de fiesta y un gato en mi galería

  1. pol dice:

    Mi querido Perro, ha planeado usted un menú fastuoso!

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