Russian Red me ignora (y unos cuantos charcos)

Amigos, sigo ocupadísimo con los asuntos de mi fiesta, así que seré breve. Hoy he estado a punto de sufrir una crisis nerviosa por tres motivos diferentes. El primero, Russian Red no responde a mis solicitudes de amistad en Facebook: deseaba contratarla para que cantase en mi fiesta (aunque no sus propios temas, sino canciones de Donna Summer, La Lupe y Mecano), pero, visto lo visto, iré pensando alternativas. ¿Alguna sugerencia? Necesito a alguien que esté en la cresta de la ola pero que también esté dispuesto a bajarse los pantalones y cantar el repertorio que yo le ordene. ¿He oído Bimba Bosé? ¡No van por ahí los tiros!

Los otros dos asuntos que me irritaron sobremanera se me han olvidado mientras escribía el párrafo anterior, así que tampoco voy a intentar recordarlos porque ya me he desfogado y me encuentro un poco mejor. Y ahora voy a tumbarme al sol con un enorme vaso de té helado, con cargamento de hielos y unas hojitas de menta. ¡Ser el director creativo y anfitrión de una fiesta resulta agotador!

Os dejo unos microrrelatos con charco que han llegado esta semana. Tenéis hasta el domingo a las 23h. para mandar los vuestros.

Autor: Tolayyo

La evidencia que nunca nos contaron.
Llevaba Narciso la friolera de 20 días allí asomado mirando enamorado su propio reflejo en el agua, cuando, en un repetino un golpe de lujuria, locura y deseo, y sin dejarse perder de vista su rostro, va y se pone en pie, se quita la ropa, se sube a una piedra y, como un verdadero atleta, se lanza de cabeza con los brazos abiertos en busca de su amado.
“BUUUUUMBAAA”!!!
Y es que está claro, se trataba de un charco.

Autor: Miércoles

Nació con dos nubes sobre la cabeza; un eterno abril empapaba su vida, un maldito charco rodeaba sus pasos allá donde fuera.
-¿Por qué lloras siempre, niña?
Y ella señalaba a sus nubarrones y a su charco.
Un día -harta de estar resfriada- compró un paraguas y…se sintió poderosa.

Autor: Perro con Monóculo

El verano más seco de París estaba a punto de acabar con el gato, que se arrastraba polvoriento y deshidratado por los Campos Elíseos. La esperanza, contundente y fresca como la primera sandía de junio, renació en el angustiado felino al levantar la mirada y divisar, a solo unos metros, su salvación. Al final de la avenida le esperaba, glorioso, el charco del triunfo.

Anuncios
Etiquetado , ,

3 pensamientos en “Russian Red me ignora (y unos cuantos charcos)

  1. Barriuso dice:

    Mañana de Reyes. Junto a la ventana estaba el regalo que había pedido en la carta: Unas botas Katiuskas. Se puso muy contento.
    Apenas desayunó. Se vistió y salió a la calle. Notó que le costaba trabajo caminar. Pero pasado un rato, volaba con las botas.
    Las calles estaban llenas de nieve virgen. Pisó tanta como pudo. Estaba blandita y hacía un pequeño ruido al posar las botas sobre ella.
    Entonces lo vio. En el centro de una bocacalle había un charco de agua. Era muy grande. Una capa de carámbano lo cubría por completo.
    Se acercó despacio al borde. Piso con cuidado con un pie esperando que se quebrase. Aguantó. Puso el otro. Aguantó también. Cuando estaba en el centro apenas lo creía. Tampoco sabía qué hacer.
    Entonces oyó un ruido, el carámbano se cuarteó y él cayó dentro del charco. Las botas no eran tan altas como para evitar que entrase el agua.
    Los pies y los calcetines se le mojaron.
    Salió a tierra firme y con el peso de la derrota a cuestas enfiló el camino a casa.
    Su madre vio el desastre y no le dijo nada. Le secó los pies y le puso junto con las botas y los calcetines, cerca de la chimenea.
    Por la tarde, ya con todo seco, regresó al charco. Solo tanteó el borde. Luego se dio la vuelta y salió corriendo.

  2. MyGirl dice:

    Ansiaba asistir a la fiesta de su octogenaria amiga Dña. Pilar de Cuernavacas en el Palacio de Linares. Allí, disfrutaría de la venganza y demostraría a esas chismosas que aún podía ser joven y esbelta, eso sí, tras los 15 días de sufrimiento y privaciones en esa clínica cuyo nombre no quería mentar.
    Esas harpías, se comerían las palabras dichas a sotto voce sobre su “estética carnosa” que alcanzaron de forma involuntaria sus trompas de Eustaquio en la cena de la condesita. Allí se clavaron, y de forma tormentosa aniquilaron el ligero equilibrio alcanzado lentamente en los últimos meses.
    Debía sobreponerse y fingir… no mostraría su herida. Elegiría el vestido rojo palabra de honor y esas sandalias de ante rojo y pedrería, lo más valioso de su vestuario. No le importaba que lloviera y diluviara, sería cuidadosa, evitando aquel eterno chaco de la entrada principal y como un espejismo, bajaría delicadamente las escaleras de mármol para que todos la admirasen una última vez.

  3. Le encantaban los días de lluvia. Era la única ocasión en la que podía echar un vistazo al mundo. Miraba hacia arriba y allí estaban: tacones que se atascaban en el barro, faldas que dejaban ver la ropa interior, zapatos italianos manchados de arcilla, patitas de perro mojadas, ruedas de automóvil que dejaban su impronta por donde pasaban. A veces le sacaba de su ensimismamiento algún niño saltando sobre el charco. ¿Cómo era que no caían adentro como le sucedió a él? Quizá él no era un niño. Quizá sólo fuera una rana.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: