Cuatro pies en un mismo charco

Amigos, esta semana tenemos un empate. No sé cómo os tomaréis aquí los empates, yo reconozco que siempre los he odiado: ¡o gano en solitario o rechazo vehementemente cualquier tipo de honor compartido! Sin embargo, aquí mi papel es el de juez, y cuando uno lleva puesta la toga negra con mangas de ganchillo y la peluca de Mozart se vuelve más benevolente.

Los dos cuentos con charco que me han encandilado están protagonizados por niños. Uno de los textos se deleita en la fantasía más brillante y colorida, el otro retrata el tierno coqueteo con el miedo. En momentos como este me gustaría ser capaz de dibujar tan bien como mi amiga Maruta, ¡se me ocurren una preciosas ilustraciones para estos microrrelatos! Pero no se me dan bien las artes plásticas, tendré que conformarme con ser, simplemente, un maestro de la palabra verdaderamente fotogénico.

Debido a que Barriuso no me ha mandado todavía una foto, he puesto una bota de agua provisionalmente. En cuanto me mande su imagen, la sustituiré en mi galería de retratos. Sin más dilación, os presento a los ganadores y sus historias. ¡Disfrutadlas!

Autor: Barriuso

Mañana de Reyes. Junto a la ventana estaba el regalo que había pedido en la carta: Unas botas Katiuskas. Se puso muy contento. Apenas desayunó. Se vistió y salió a la calle. Notó que le costaba trabajo caminar. Pero pasado un rato, volaba con las botas.

Las calles estaban llenas de nieve virgen. Pisó tanta como pudo. Estaba blandita y hacía un pequeño ruido al posar las botas sobre ella. Entonces lo vio. En el centro de una bocacalle había un charco de agua. Era muy grande. Una capa de carámbano lo cubría por completo. Se acercó despacio al borde. Piso con cuidado con un pie esperando que se quebrase. Aguantó. Puso el otro. Aguantó también. Cuando estaba en el centro apenas lo creía. Tampoco sabía qué hacer.

Entonces oyó un ruido, el carámbano se cuarteó y él cayó dentro del charco. Las botas no eran tan altas como para evitar que entrase el agua. Los pies y los calcetines se le mojaron. Salió a tierra firme y con el peso de la derrota a cuestas enfiló el camino a casa.

Su madre vio el desastre y no le dijo nada. Le secó los pies y le puso junto con las botas y los calcetines, cerca de la chimenea.

Por la tarde, ya con todo seco, regresó al charco. Solo tanteó el borde. Luego se dio la vuelta y salió corriendo.

Autora: Anaís

Al otro lado del charco, un ejército de ranas amarillas con pajarita y bombín brincaban acompasadamente al son de La Marsellesa. La niña se había asomado tanto por el borde que, además de las rodillas y las manos, tenía los muslos, la tripa, el cuello y hasta la nariz cubiertos de barro. Una libélula gigante sopló por su trompeta de juncos anunciando la llegada. El aire agitó el pelo enmarañado de la niña, que dio palmas de alegría, cuidando de no aplastar al insecto entre sus manos. La aparición de la Trucha fue más majestuosa de lo que la niña hubiera podido imaginar. Los destellos de sus escamas plateadas se fundían con el reflejo de la tiara dorada bañada por el sol. La Trucha miró a la extraña a los ojos y, con gran reverencia, le invitó a probarse la corona. La reina del charco, pensó la niña. No podía imaginar una vida mejor. Se asomó aún un poco más, cogió aire. Sus padres la buscaron durante días. El pueblo entero la buscó. Pero ella estaba inmersa en asuntos de estado. Cuando se despertó, tenía restos de algas entre los dientes.

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5 pensamientos en “Cuatro pies en un mismo charco

  1. Sheila dice:

    En mi (pueril) opinión, me quedo con el de Anaís…

    Pero es que soy una tendenciosa y reconozco que tengo debilidad por los relatos de esta chica.

    Desde aquí aprovecho para hacer un llamamiento oficial a Anaís para que se haga un blog y nos deleite a diario con sus escritos. En caso de rechazar la propuesta, me veré obligada a hacer una recogida de firmas que apoye mi moción.

    • Perro con Monóculo dice:

      Me imagino una manada de pueblerinos con antorchas rodeando el apartamento de Anaís, exigiéndola que se abra un blog y amenazando con destruir sus bienes más preciados en caso de que se niegue.

      Si esa violenta marcha popular se llevase a cabo… contad conmigo para encabezarla.

  2. Sheila dice:

    Te llevaríamos en un cojín de terciopelo colorado, querido chucho, liderando a la plebe y ladrando todo lo agudo que tus cuerdas vocales te permiten.

    Anaís, plantéatelo seriamente. No se puede ser tan egoísta como para no querer compartir tus palabros con el resto de la humanidad.

    • Anaís dice:

      Jajajaja. ¡Muchas gracias Sheila! Nunca he sido muy amiga del exhibicionismo vía internet, pero confieso que Perro con Monóculo me está animando. ¡Meditaré la idea! Aunque la verdad es que la imagen de esa marcha encabezada por Perro a las puertas de mi casa es demasiado atractiva como para echarla a perder por la inauguración de un simple blog, ¿no? 🙂

      • Perro con Monóculo dice:

        Podrías abrirnos las puertas de tu casa, Anaís, complacer nuestras exigencias enfurecidas abriéndote un blog y, a continuación, ofrecernos una tarta de cerezas casera y con nata. No lo he hecho nunca, ¡pero seguro que reivindicar da hambre!

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