Microrrelatos con calderilla

Este sábado, mientras me observaba detenidamente en el espejo, reflexionaba sobre la necesidad de volcarme un poco más en los demás y dejar de pensar tanto en mí mismo; también trataba de visualizar cómo me quedaría, de repente, una pajarita granate. La conclusión a la que llegué es que me favorece mucho más el negro y que de esta semana no pasa lo de hacer un donativo a alguna sociedad caritativa.

Después de desayunar una copa de leche fresca y un esponjoso bollo suizo he encendido el ordenador y he buscado en Google los siguientes términos: “gente que merece la pena necesita dinero” y “socorro, gracias”. Los candidatos a recibir la suma de dinero son:

– Asociación Española para recuperar la dignidad de los bajistas: http://www.unbajonoesunaguitarrafea.blogspot.com
– Estudiante de 2º de periodismo busca financiación para su blog de periodismo internacional y deportivo: “Frontera y Escuadra”.
– Departamento de investigación de la Universidad de Valencia: proyecto para la construcción de un inhibidor de llantos de bebé en el transporte público.
– Un robot de cocina para la Fundéu.

En otro orden de cosas, la palabra de los microrrelatos de esta semana es: “calderilla”. Yo soy más de billetes, ¡no me compensa llevar monedas de menos de un euro!, pero me gusta la idea de utilizar una palabra tan inútil para darle forma a una, auguro, maravillosa selección de historias.

La longitud máxima será de 1.000 caracteres y la fecha límite para enviarlo es el domingo 24 de junio a las 23h. Dejad vuestros microrrelatos en los comentarios de esta entrada. ¡Suerte a todos!

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4 pensamientos en “Microrrelatos con calderilla

  1. Perro con Monóculo dice:

    Solo era calderilla. Harta de llevar a cuestas tanta moneda de cobre, decidió soltar lastre. Las monedas tintinearon en los adoquines de la calle como casquillos de bala. Algunas giraron sobre sí mismas, otras se alejaron rodando avenida abajo. Una moneda se hundió suavemente en los restos de un bollo que se le había caído a un niño. Solo era calderilla. Una hormiga quedó diseccionada en dos por el golpe del metal y un gato se atragantó con un pastel que entre la nata escondía una sorpresa. Dos muertos que, juntos, no sumaban ni veinte céntimos.

  2. abencerraje dice:

    El bautizo tocaba a su fin y el cortejo, finalmente, salió de la iglesia.
    Jacinto, el padrino, como era costumbre, iba dándose importancia, esperando su momento.
    Sin perderle de vista, un grupo de niños comenzó a gritar: padrino roñoso, padrino roñoso.
    A la vez que chillaban, tomaban posiciones, pendientes de los gestos del que esperaban como un nuevo rey Midas.
    Por fin, Jacinto sacó las manos de los bolsillos, llenas de monedas pequeñas: de perras chicas y perras gordas. Las lanzó al cielo y cayeron sobre la chiquillería como si fuese una lluvia de oro.
    En el suelo se luchaba por cada pieza. Si hubiesen sido de duro, se podría haber hecho el mismo esfuerzo, pero no más.
    El padrino seguía disfrutando de su liberalidad, que no era tanta, pues lo que tiraba no era sino simple calderilla; mucho ruido y …
    Se acercó el padre del bautizado, y con ese sentimiento de dignidad y orgullo de nuevo patriarca dijo: Jacinto, no seas miserias, échales algunas pesetas. Éste, algo amohinado, arrugó la cara, y cambió la calderilla menuda por una más sustanciosa.
    El bautizo se recordó durante largo tiempo; mucho más de lo que duró el tesoro en las manos de los chicos.

  3. Nagore dice:

    Allí estaba él, un día más sentado en la puerta de aquel banco junto con su pequeña perrita, pidiendo algo de dinero para poder comer. El invierno siempre es duro y cuando el frio aprieta el único consuelo que les queda es darse calor el uno junto a la otra, todo por una pequeña calderilla que les de algo para llevarse a la boca.

    Aquel día hubo suerte y un alma caritativa a parte de echarle unas monedas le llevo un bocadillo para él y una lata de pienso húmedo para su buena amiga. Sin duda ese día había sido el mejor de la semana.

  4. Miercoles dice:

    -Perdone ¿tiene fuego?
    -No, lo siento.
    -¿Y algo suelto? ¿Calderilla, arras, eurillos?
    -Tampoco, lo lamento.
    -¿Me regala un beso?
    -No, no puedo, todos los que tenía se los llevó el viento…

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