Postales desde Europa: Londres

Amigos,

Os escribo esta postal apoyado en uno de los leones de Trafalgar Square, una plaza enorme tomada por grupos de turistas mediterráneos con pantalones pirata. Acabo de salir de la National Gallery,  donde he disfrutado de las olas del furioso mar de William Turner y de uno de los primeros posados equinos en estudio (Whistlejacket pagó una verdadera fortuna para ser retratado por George Stubbs, él es el caballo que ilustra la postal que os estoy escribiendo).

Lo primero que hice al pisar la Gran Bretaña fue comprarme un reloj de bolsillo y presentarme puntual a la hora de la cena –aunque sin avisar– en la bellísima residencia gótica de mi amigo Thomas. La escuálida ardilla de pelo seco que me abrió la puerta me informó, mientras se limpiaba las manos en un delantal, de que mi colega inglés estaba en esos momentos atracándose a arenques en la costa escocesa y que no volvería de su retiro hasta la semana que viene. “¡No pienso marcharme del Reino Unido hasta darle al bueno de Thomas la alegría de verme!”, anuncié, hambriento y con la esperanza de que se me consolase invitándome a cenar un buen pollo con ciruelas, por ejemplo. Pero la ardilla solo dijo “Of course, Sir” y cerró de un portazo. ¡Me sentí como si me hubieran abofeteado la cara con un guante! Me mantuve unos segundos frente a la puerta, dedicándole una mirada furibunda a la exquisita aldaba de bronce. Pude distinguir claramente el sonido del culebrón británico mezcla de amor y conflicto de clases sociales con el que estaba pasando la tarde la ardilla. Seguía confundido y bajo los ojos ciegos de una estúpida gárgola cuando mi estómago emitió un lamento retorcido y prolongado que reverberó amenazador entre las piedras de la casa. El ruido debió de alertar a la alimaña con delantal, porque dejó de oírse la televisión y me pareció escuchar unas pisadas acercándose a la puerta. Escapé atropelladamente escaleras abajo, rezando por que la ardilla no alcanzara a presenciar desde la mirilla mi huida.

Por fin, lejos de la mansión de Thomas y a punto de desfallecer, entré en un supermercado Tesco; malcené unas chocolatinas y algo de pan de centeno que confundí con brownie.

A pesar de haber sufrido esta decepción nada más posar mi pata en la campiña, he decidido quedarme unos cuantos días más en Londres. Pasearé entre los cisnes de Kensington Gardens y tararearé canciones de Amy Winehouse. Creo que esto le dará a la espera un punto melodramático y local muy apropiado. ¡Estoy convencido de que me esperan días mejores en la capital del tweed!

Por cierto, he de comprarle algo a la alondra. Os agradeceré las sugerencias.

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5 pensamientos en “Postales desde Europa: Londres

  1. Sheila dice:

    Yo le recomiendo que le lleve a la alondra una delicatessen local: unos caramelos “Fruit Sherbets” de Marks&Spencer.

    Puede que su packaging no sea el más elegante, pero son un acierto seguro. También he de advertirle que pican un poco por dentro, pero indudablemente son una delicia.

    Quizás la alondra se atragante y tenga que hacerle la maniobra de Heimlich, y quizás la cosa se complique porque usted, querido chucho, no tiene pulgares. Así que mejor, vaya prevenido contra todas las adversidades posibles.

    Si no quiere asumir el riesgo y prefiere quedar bien de una forma más modesta, siempre puede llevarle una hucha-cabina de teléfonos o una reproducción a escala del Parlamento Inglés. Son detalles kitsch que nunca desentonarán sobre el televisor acompañados de clásicos tapetes de ganchillo.

  2. roilenos dice:

    Agonía, disfrazada con la sonrisa que cae poco a poco, día a día.
    Mientras la primera lagrima ya cae, con melancolía.
    Dolor, soledad entre un mar de gente, que sonríe sin mirar,
    que saluda, y no le importa.
    Hipócritas olvidadizos.
    Abrazos falsos, compasión insincera. Pero al final no interesa.

    Cuando el edificio podrido cae, al momento de parecer orgulloso, entonces se percatan de las grietas que lo recorrían. ¿Cómo no lo vieron? ¡Pobre antigualla invisible!

    (tenía que escribirlo en algún sitio)

  3. Perro con Monóculo dice:

    Amiga Sheila,

    ¡No sabe cuánto le agradezco todas esas sugerencias! Sin embargo, en cuanto a dulces se refiere, la alondra me dejó claras sus instrucciones: “trae todo el toffee con el que sea legal cruzar la frontera”. Creo que acabaré comprándole una tetera de porcelana con la cara de algún miembro vivo de la familia real británica, ¡esa es su idea de un regalo con clase!

    Estimado Roilenos,

    Doy por hecho que en su escrito habla sobre el Palacio de Buckingham, ¡comparto plenamente su visión!

  4. chaviol dice:

    A Trafalgar Square debería ser obligatorio ir con pantalones piratas, de esa forma no se desentonaría con el corsario que está encaramado en la columna. ¡vaya pájaro!
    Por otro lado, no es una deshonra huir, aunque sea tan lastimosamente, de una adicta a las telenovelas. El mayor riesgo consiste en que te haga esperar sentada en una mesa camilla tomando té y viendo el culebrón, mientras aprovecha los anuncios para ponerte al día sobre los asuntillos del heart.
    En cuanto al pajarito madrugador, no te compliques la vida y cómprale una bufanda de buena lana inglesa, en Harrods; las mañanas son muy frías en todas partes y seguro que te lo agradecerá.

  5. […] estoy aprovechando mis últimas horas en Londres. Mi buen colega Thomas regresó finalmente de sus vacaciones y celebramos el reencuentro entre botellas de champaña y […]

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