Premios Monóculo de Oro, primera edición

He dedicado prácticamente todo el fin de semana a buscar una palabra sobre la que giren los microrrelatos que participarán en el concurso conjunto de Perro con Monóculo y la revista UNFOLLOW. Medité tumbado sobre mi cojín de terciopelo,volví a pensar sobre ello mientras hacía efecto la mascarilla capilar aroma de pepino y también durante los dos minutos que precedieron a mi siesta dominical de tres horas. Tanto esfuerzo tuvo su recompensa: la palabra de la 1ª edición de los premios Monóculo de Oro es: ‘espejo’.

Las normas del concurso son:

  1. La palabra ‘espejo’ debe aparecer en el microrrelato.
  2. La longitud del microrrelato no debe sobrepasar los 1.000 caracteres.
  3. El plazo para escribir historias finaliza el 19 de noviembre  30 de noviembre.
  4. Los cuentos se escribirán en los comentarios de esta entrada o en los comentarios de la convocatoria en la revista UNFOLLOW.
  5. La persona que deje el comentario debe ser autor del cuento que participa (¡obviamente!)
  6. El jurado es unipersonal, insobornable y con un pelaje blanco de exquisito brillo: yo elegiré el microrrelato ganador.
  7. El premio al mejor microrrelato con la palabra espejo consiste en el libro “Casa de muñecas” de Patricia Esteban, ilustrado por Sara Morante. El ejemplar estará firmado y es un regalo de la editorial Páginas de Espuma.

Lo mejor de colaborar con una revista digital es que tendrán que hacer un banner con mi cara para anunciar este concurso. Les he ofrecido escanear uno de mis autorretratos en Paint y, sorprendentemente, han dicho que no. ¡Incultos pictóricos! Os deseo mucha suerte con los microrrelatos y os recuerdo que el ganador también presidirá mi galería de retratos. La presencia de regalos materiales en este blog no paraliza mi colección de autores sublimes.

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45 pensamientos en “Premios Monóculo de Oro, primera edición

  1. José dice:

    Iba de camino. Había estado lloviendo y aún más llovía. No tenía sitio razonable donde ir pero curiosamente caminaba con una extraña felicidad por la acera. Podemos decir que más que ir a algún sitio, el hombre de aquellas gafas mojadísimas, volvía de algún lugar sin importancia buscando un sitio más agradable. Por milagro se le puso delante un escaparate más sucio que mojado; y al otro lado, un poco más lejos y en venta, un espejo que le miraba como si no fuera cosa inerte de cristal y fuera más bien persona humanísima con sentimiento ¡sí! ¡Le miraba el tío! ¡Qué desfachatez, qué alegría -pensó también-! Esto me lo compro ahora mismo…se decía a sí mismo mientras llevaba cinco minutos sintiéndose observado, pensando sabe Dios en qué y sin poder mover las piernas de enfrente del escaparate.
    Entró al fin en la tienda con más milagro y emoción todavía, saludó y dio los buenos días, y algo más hubo de darle al tendero sequísimo -no recuerda el proceso de la venta del todo bien pues hemos dicho que llevaba las gafas mojadas y por respeto no osó limpiárselas delante de aquel hombre- pues salió de la tienda como si hubieran pasado cien años por la calle y ya no estuviera de moda ni la lluvia ni mojarse.
    Sí estaba todavía de moda el papel de estraza con el que le habían envuelto el abalorio con sumo cuidado. Este papel entrañable brillaba a plena luz más que una supernova. Estaba tan nervioso de abrir aquel objeto con alma, tan bien guardado con su celo, que hubo de rompérsele a pedazos cuando se le cayó al suelo. Entonces se quitó las gafas en acto heroico y se echó a llorar sin querer tocarlo.

  2. Nagore dice:

    Paseaba sigiloso conociendo poco a poco su nuevo hogar. Después de haber pasado tanto tiempo en una fría jaula aquello era muy reconfortante, de repente se asomo a un cuarto solo iluminado por la luna lo que allí vio le asusto tanto o más que las noches de tormenta en la perrera. Un ser extraño se encontraba frente a él, erizo el lomo tratando de asustarlo pero aquel maldito gato hizo lo mismo. Entonces decidió bufarle, meno mal que por lo menos el otro gato debía ser mudo aunque ponía caras raras.
    Después de un largo rifi rafe con ese otro gato que había aparecido en la casa sin ser detectado por nadie apareció la niña que le había escogido de la jaula y le dijo con voz tranquilizadora:
    – No te asustes pequeño, es tu reflejo en el espejo. En esta casa no hay más gatos con los que compartir todo el cariño que tenemos para darte.
    Se sentó en el suelo, lo cogió en su regazo y con un montón de mimos, el pequeño felino se quedó dormido ronroneando.

  3. noirouge dice:

    observó el espejo, estiró su piel
    no pudo evitar reír
    ante semejante muestra de esperanza

  4. Fercha dice:

    En el pequeño baño, todas las mañanas, se coreografiaba la misma lucha: ella en el sanitario, él afeitándose, ella y el ruido del secador, él dejando escapar el agua por la cortina, ella con su arsenal de maquillaje, él acorralado sin más defensa que una toalla; y, justo antes de salir para el trabajo, ella cediéndole el turno en un relevo de menta, flúor y espuma ensalivada.

    El escenario resultante la esperaba al regreso. No le molestaba recoger los pijamas o colgar una toalla arrebujada y húmeda, pero no aguantaba encontrar la espuma blanca secándose en el lavabo y el espejo salpicado de puntitos blancos.

    Resultaba inútil recriminárselo. Así que una mañana ella retrasó su salida. Recibió su beso mientras se cepillaba y cuando oyó la puerta cerrarse, se acercó al espejo y escupió. La mancha blanca resbaló por su reflejo.

    Regresó tarde, era parte del plan. Lo notó al entrar. La casa estaba ordenada y de la cocina llegaba el olor a comida recién hecha; sonrió pensando en el efecto del mensaje. Él la besó amoroso –Te espero en el comedor-. Ella fue a lavarse las manos y ahí seguía la mancha, pulcramente delimitada en forma de corazón, y escrito con lápiz de labios: “Te quiero”.

  5. anodizado dice:

    Cuando ella se marchó, él ocupó su tiempo en borrar toda huella de su paso por la casa. Una labor casi arqueológica. Retiró muebles, cuadros que habían comprado juntos. Unas cortinas. Separó en mitades los libros y los discos. Incluso quitó el papel pintado de una pared. Dejó para el final, como ritual del trabajo acabado, el cepillo de dientes. Respiró hondo, lo cogió y lo tiró a la papelera del baño. Fue justo después, al mirar al espejo, cuando se dio cuenta de que, a pesar de todo aquel trabajo, allí permanecía, indeleble, el reflejo de ella.

  6. Olga dice:

    Lo acababa de conocer esa noche. Habían estado metiéndose mano en el cuarto oscuro de un garito de mala muerte.
    Le había pedido entre quejidos de placer que lo acompañara a su casa. No era la primera vez que lo iba a hacer, sin duda tenía bagaje en esto.
    Sabía que si no hubiera bebido, esto no estaría pasando y empezó a saber que al día siguiente se sentiría mal y tendría que llamar a su psiquiatra otra vez. Otra vez más. Pero como siempre, accedió.
    A las 6 de la mañana se despertó. No sabía dónde estaba. Notó que había alguien a su lado. Despacio, se levantó sin hacer el más mínimo ruido. Cogió su ropa y salió de esa habitación que olía a vicio.
    Antes de salir se miró en un espejo que se cruzó en su huída. Él no tenía espejos en su casa y solía evitarlos porque eran muy sinceros y siempre te mostraban las cosas tal como eran. Pero ese era distinto. Ese era el primero que le mostraba cosas que le gustaban. Miró a su alrededor. Lo descolgó y se lo llevó.
    Nunca más tuvo que llamar al doctor.

  7. Soledad dice:

    Su cara estaba cubierta completamente de gasas, aún quedaba para el día en que los médicos dieran la orden de destapar.Pensaba continuamente en su primer día de colegio y en esa inquietud única que da llegar a lo nuevo,desconocido ,a la incertidumbre tan apasionante que es conocer a gente nueva.Desde aquel fatídico día no sabia bien quien era,donde estaba su identidad?Quizás se quedo en aquel coche junto con su vida anterior,si algo tenía claro era su renacer a la vida y a un yo que tenía guardado.el único miedo suyo era el día que tuviese que enfrentarse a sus temores,ver que quedaba de ella frente al espejo!!!

  8. javiescuserra dice:

    Extraño… es el mundo es igual pero al revés.

    Piensa como hablarían si en verdad fuese un mundo paralelo, es curioso, ¿verdad?

    ¿Hablarían de las mismas cosas…? ¿o de lo contrario?

    Argumentos reflejados en un mundo en el que las ideas derecha e izquierda dependen de en que lado del reflejo estés, un yo estequiométrico de cada uno de nosotros… una paradoja en sí misma.

    Y al final alguien plantearía este mismo discurso. Pensando, claramente, que está en el lado correcto del espejo.

    • javiescuserra dice:

      Estimado Sr. con monóculo, envié este micro relato con ciertos fallos que he corregido en la versión posterior.

      Agradecería la inmediata destrucción de esta versión primera que no debería haber visto la luz del día jamás.

  9. javiescuserra dice:

    Extraño… es el mundo igual pero al revés.

    Piensa como hablarían si fuese realmente un mundo paralelo, es curioso, ¿verdad?

    ¿Hablarían de las mismas cosas…? ¿o de lo contrario?

    Argumentos reflejados en un mundo en el que las ideas derecha e izquierda dependen de en que lado del reflejo estés, un yo estequiométrico de cada uno de nosotros… una paradoja en sí misma.

    Y al final alguien plantearía este mismo discurso. Pensando, claramente, que está en el lado correcto del espejo.

  10. […] Los cuentos se escribirán en los comentarios de esta entrada o en los comentarios de este post de mi blog. […]

  11. […] me alegra saber que el olor del regalo estimula vuestros cerebros. ¡Nueve participaciones en estos momentos! Quiero informaros de que ya tengo mi banner oficial y de que los premios Monóculo de Oro han sido […]

  12. Iñigo dice:

    “La verdad es que te resulta fácil hacerte la muerta”, dijo la actriz octogenaria mientras se miraba en el espejo.

  13. Gedeón dice:

    Estaba tan acostumbrada a ella que tardó en enterarse de su ausencia. Había echado raíces en su rutina del mismo modo en que las malas hierbas lo hacían en el pequeño jardín de la casa de campo de sus padres, hasta llegar a convertirse en una constante cuya presencia no se atrevía siquiera a cuestionar.
    Sin un adiós, sin una nota pegada a la puerta del frigorífico, sin un beso de carmín estampado con prisa en el espejo del baño.
    Aquella mañana se despertó con una extraña sensación de tranquilidad navegando por sus venas.
    Ella ya no estaba allí. Solía abandonarla cuando le vencía el sueño. Así era su relación: visitas nocturnas en las que el silencio lo decía todo. De vez en cuando se pasaba a verla de día. Entonces sentía como si le apretaran la garganta con un puño, y comenzaban a arderle las mejillas.
    Bajó a la cocina a prepararse el desayuno. Ella seguía sin aparecer.
    Aquella noche la esperó un buen rato despierta, dando vueltas en la cama hasta que al cabo de quién sabe cuánto tiempo Morfeo decidiera acordarse de ella. Como todas las noches.
    No vino.
    Se durmió con una mueca a medio camino entre la perplejidad y la sonrisa, con la certeza de que nadie más que ella ocupaba su colchón.
    El sol la sorprendió con ese mohín aún dibujado en sus labios. Sin surcos salados que cruzasen su cara, sin las mejillas hinchadas, sin la habitual palidez que le daba los buenos días en el espejo del baño. Ahí había gato encerrado, pensó, y su sospecha fue intensificándose a medida que avanzó la jornada. Para el final de la tarde había conseguido dedicarse a sí misma una sonrisa, sentida y sincera. Nada que ver con esas estúpidas muecas que a duras penas esbozaba por la calle cada vez que se topaba con alguien. No, ésta era diferente…

    Ella seguía sin dar señales de vida, pero eso ya no importaba.
    No sabía cuánto tardaría en volver, pero intentaría retrasar su visita.
    Ella tenía las llaves de su alma, pero la próxima vez echaría el cerrojo para que tardase más en entrar.
    Ella, la tristeza, se había ido. Y eso era lo importante.

  14. Gedeón dice:

    Estaba tan acostumbrada a ella que tardó en enterarse de su ausencia. Había echado raíces en su rutina como la mala hierba, hasta llegar a convertirse en una constante cuya presencia no se atrevía siquiera a cuestionar.
    Aquella mañana se despertó con una extraña sensación de tranquilidad navegando por sus venas. Ella ya no estaba allí. Sin un adiós, sin una nota pegada a la puerta del frigorífico, sin un beso de carmín estampado con prisa en el espejo del baño.
    Ahí había gato encerrado, pensó, y su sospecha fue intensificándose a medida que avanzó la jornada. Para el final de la tarde había conseguido dedicarse a sí misma una sonrisa, sentida y sincera. Nada que ver con esas estúpidas muecas que a duras penas esbozaba por la calle cada vez que se topaba con alguien. No, ésta era diferente…

    Ella seguía sin dar señales de vida, pero eso ya no importaba.

    No sabía cuánto tardaría en volver, pero intentaría retrasar su visita.

    Ella tenía las llaves de su alma, pero la próxima vez echaría el cerrojo para que tardase más en entrar.

    Ella, la tristeza, se había ido. Y eso era lo importante.

  15. Victoria dice:

    El espejo no recubre la totalidad de la habitación y eso frustra el deseo de verte por completo. Horas y horas, sentada en la cama, fumándome el cigarro de la insatisfacción, pergeñando técnicas de espionaje: tu cuerpo es el objetivo. Las manos febriles te han modelado, pero no consiguen retenerte. El perfume gris del cigarro ya casi ha hecho que desaparezcas. Será imposible captar la esencia, pero pretendo estudiar tus movimientos.

    De todos los posibles métodos, hay un claro ganador y, por favor, no me tomes por loca… Al fin y al cabo, quizá nunca percibas el quedo funcionar de las cámaras ocultas.

  16. masclaroagua dice:

    ¿Existe la posibilidad de presentar más de un microrrelato al concurso?…

  17. Aproximadamente diez minutos. Era lo que tardaba aquella belleza en coger el bolso y pisar la calle. El gran espejo situado enfrente de la puerta de entrada a su domicilio era el culpable de que tardase tanto en realizar una tarea tan cotidiana.

    Se colocaba el pelo, comprobaba que el maquillaje estuviera perfecto, aunque no le hiciese falta, alisaba su ropa, daba un beso al aire y salía a comerse el mundo. Era la mejor parte del día. Ver el ritual de aquella sirena perdida en el mar de asfalto.

    Demasiadas mentiras y te quieros vacíos. Se reconoce al instante a ese tipo de mujeres. No podía apartar la mirada de ella. Sentado en aquel sofá, mientras la televisión daba noticias que carecían de importancia. Podríamos decir que el día a día duraba veintitrés horas y cincuenta minutos. Ese era mi secreto. Nadie podía arrebatármelo.

    Un buen día salió a la calle con prisa. No perdió ni un segundo. Adiós a la magia. Sabía que echaría de menos esos diez minutos. ¿En que los invertiría? Un café, un paseo, una copa quizás. A veces, tener tiempo libre es una putada.

    Poco a poco, el ritual desapareció, ella dejó de hacerlo. Con el tiempo fue sustituido por otros , pero no era lo mismo. Diez minutos. Ahora, simplemente espero a que vuelva. Unas veces, fumo un cigarro. Otras, escribo. Con suerte, algún día volverá la sirena a su pequeño océano de vidrio.

  18. Hermano de Jorge dice:

    Aproximadamente diez minutos. Era lo que tardaba aquella belleza en coger el bolso y pisar la calle. El gran espejo situado enfrente de la puerta de entrada a su domicilio era el culpable de que tardase tanto en realizar una tarea tan cotidiana.

    Se colocaba el pelo, comprobaba que el maquillaje estuviera perfecto, aunque no le hiciese falta. Alisaba su ropa, daba un beso al aire y salía a comerse el mundo. Era la mejor parte del día. Ver el ritual de aquella sirena perdida en el mar de asfalto.

    Demasiadas mentiras y te quieros vacíos. Se reconoce al instante a ese tipo de mujeres. No podía apartar la mirada de ella. Sentado en aquel sofá, mientras la televisión daba noticias que carecían de importancia. Podríamos decir que el día a día duraba veintitrés horas y cincuenta minutos. Ese era mi secreto. Nadie podía arrebatármelo.

    Un buen día salió a la calle con prisa. No perdió ni un segundo. Adiós a la magia. Sabía que echaría de menos esos diez minutos. ¿En que los invertiría? Un café, un paseo, una copa quizás. A veces, tener tiempo libre es una putada.

    Poco a poco, el ritual desapareció, ella dejó de hacerlo. Con el tiempo fue sustituido por otros , pero no era lo mismo. Diez minutos. Ahora, simplemente espero a que vuelva. Unas veces, fumo un cigarro. Otras, escribo. Con suerte, algún día volverá a su pequeño océano de vidrio.

  19. Amador dice:

    La niña abrió bruscamente la puerta. En aquella sala una luz densa mezclaba los hilos de colores que armaban madejas de seda. Velázquez entrevió el fugaz desnudo. La joven se admiraba en el espejo alongado que devolvía su figura de oro a las hilanderas. En aquellas risas vio el pintor los tonos azules del alma.
    -Pura materia, maestro, pura materia –Revolvió los lienzos, que de vez en cuando alzaba, como una hostia o un niños-. Materia y orden, sí señor. Y nada más. -Sonrió atusándose el mostacho. Y tiempo, claro.
    Salieron al corredor del Alcázar. Los cortesanos del alba desperezaban ya las telarañas del nuevo día.
    -Pero hay algo más –Velázquez no miraba al Duque, y sólo él mismo escuchaba sus silencios-. Hay algo más, -repitió en voz alta.
    -¿Decías? -El valido inclinó apenas su testa tocada de papagayos.
    -Pensaba, señor, pensaba…

  20. Amador dice:

    -Llámalo como quieras… -M. terminó de apurar el afeitado. Como siempre, la gota de sangre en la sotabarba. Aquel espejo era como todos y nadie habría supuesto que M. desvariaba sólo por hablarle. Otros cantan en la ducha. Su alter ego censuraba la actitud del dueño, una materia forjada por las almas del universo.
    -Somos las gotas de un zumo cósmico, tal vez el sudor de los dioses. Llámalo como quieras. Yo ya he demostrado que…. -Se contuvo… No estaba seguro, nunca lo estaría, de haber probado nada que resistiese la acerba crítica de sí mismo.

  21. Charles Carvahall dice:

    La estación, mi tren, un asiento; mi origen.

    El paisaje, mi libro, mi música; mis pensamientos.

    Una parada, un espejo, una belleza; un imposible.

    Otra estación, nuestras miradas, mi sonrisa; su indiferencia.

    Una lucha, dos enemigas, una ganadora; mi valentía.

    Mi acercamiento, su sorpresa, mis titubeos; su sonrisa.

    Nuestra charla, nuestras risas, nuestras vidas; es perfecta.

    Una princesa. Mi princesa.

    Nueva parada, un chico, un beso, un revés; su chico.

    Una despedida. Mi fracaso.

    Próxima estación, su partida, su mirada disimulada, su guiño; mi júbilo.

    ¿Por qué no? Su señal. Mi esperanza.

    Última parada; mi destino.

  22. Gonza Fernández dice:

    – Espe, ¿cómo era esa palabra qué tenía que aparecer en el relato de manera obligatoria?
    – No me metas en tus líos, ¿cómo voy a saber yo eso?
    – Si no estuvieras todo el día peinándote delante de ese…
    – Déjame ya. Seguro que tienes algo que hacer más interesante que escribir relatos.
    – Espe, ¿jofaina lleva tilde?
    – ¡Vaya escritor estás tú hecho! Mira que no saber eso… Además, ¿jofaina? ¿Para qué necesitas esa palabra?
    – La verdad es que no lo sé bien, pero creo que le puede dar un toque de estilo a lo que llevo escrito…
    – A ver, déjame ver. ¡Ah! Ya sé. La palabra que tú buscas es ojepse.
    – ¿Eso existe?
    – Claro que no. ¿Y piensas ganar un premio de escritura? ¿Tú?
    – Bueno, Jorge Javier Vázquez ha escrito un libro que va por la quinta edición…
    – Anda, déjame a mí. Seguro que lo hago mejor que tú.
    – ¿Ya acabaste? ¡Qué rápida eres! A ver, léemelo, por favor…
    – ESPEJO.

  23. El espejo nunca le devolvía la imagen que deseaba. Siempre odió ser un vampiro.

  24. Raquel Reyes Díaz dice:

    La casa de Antares no tenía espejos. El que había en la entrada, colgado de la pared, guardaba polvo enrollado con papel de periódicos sobre una silla del balcón. El pequeñito que estaba en la cocina en un gancho junto a un cucharón y una espumadera, y que la dueña del piso tuvo a bien dejar “porque esta es la zona de la casa con más luz”, yacía bajo una pila de manteles en una gaveta, y el que venía con el dormitorio tuvo un destino similar: reposaba bocabajo en el penúltimo cajón del armario, con una sábana blanca por encima a modo de mortaja. El del cuarto de baño, como no se podía descolgar, estaba cubierto de arriba a abajo por una toalla de tamaño mediano, color rosa palo, que no dejaba asomar ni un solo milímetro por ninguno de los cuatro lados.

    Antares los había quitado todos el día que el espejo del baño le dio la espalda. Una mañana, mientras se lavaba la cara con agua fría, notó un movimiento brusco delante de sus ojos. Al mirar de frente, el espejo le devolvió su imagen vista desde espaldas, como en el cuadro de Magritte. Giró su cabeza varias veces para ver quién estaba detrás de él, pero no había nadie, sólo una percha con una toalla blanca colgada. Apagó y encendió dos veces las luces pero la imagen seguía ahí. Como tenía prisa para ir al trabajo no tenía tiempo de aterrorizarse: “Veremos si esta tarde cuando vuelva esto sigue así”. Al volver la imagen seguía allí, aún con el pijama puesto. Fue entonces cuando tomó la decisión de hacer desaparecer todos los espejos, eliminarlos de su vista.

    Habían pasado varias semanas de aquello. Esta mañana tocaron el timbre. Era un empleado de correos con un sobre certificado. Una joven se dirige a la puerta y la abre. “¡Buenos días! Antares García? La joven responde: “No, ya no vive aquí. Murió hace dos meses”. “Ah, entonces llevaré el sobre al depósito”. “No, no es necesario. Yo se lo recojo. Soy la hija de la dueña de la vivienda”. El sobre en cuestión era grande, de color marrón, pero pesaba poco. “¿Qué hacemos?” preguntó la joven dirigiéndose a su madre. “¡Ábrelo! -dijo un señor mayor. “¡Yo necesito alquilar el piso!” exclamó la casera. “Es que desde que se enteran que murió una persona, ahí, en el baño, ya nadie se interesa más por él”, le contestó un hombre joven. “¡Y además quitándose la vida!”, apostilló el anciano. “¡Eso nunca se confirmó!”, respondió la señora. “Entonces ¿para qué si no se tomó tantos fármacos?”. “La pérdida de un hijo es lo peor que te puede suceder” afirmó la casera. “Jamás se supera”. “¡No seas tan trágica!”. ” La joven abrió el sobre con un el filo de un cuchillo: “Son cartas, cartas devueltas. ¡Todas sin abrir!”

    RRD

  25. Amador dice:

    La máquina de hacer palabras había captado ya las que requería aquel editor. M. empaquetó la novela para el correo. El ascensor tenía dos espejos, pero M. sólo podía verse de frente, así que cuando llegó a la salida miró al portero, que se llamaba Domingo, y dijo:
    -Un martes cualquiera voy a liarme la pluma a la cabeza y a escribir ya sólo poemas de dos versos.
    Luego fue al casino calculando mientras deglutía un licor importado cómo aplicar los beneficios. Para eso sus personajes eran autónomos.

  26. Noelia dice:

    El mundo que penetraba a través del espejo ,era la pureza que las gentes se habían llevado antes de que todo acabase en aquella montaña de codicia…

  27. Noelia dice:

    Cada noche ,cada despertar eran en mi vida ,un reflejo de mi alma en el espejo de la inocencia;cuándo me detenía por unos instantes delante de su reflejo,sentía que esa persona a la que desvestía cada día,era yo;así de natural sin distracciones,sin engaños ni maquillajes…su imagen,me decía tantas cosas a su vez,que, mi mente era una explosión de recuerdos sin frenesí.Veía pasar mi niñez,era una verdadera maravilla pensar ,que toda mi vida se archivaría en ese pedacito de mueble vidrioso.
    Todo cambió cuándo al caer la noche ,una vez más,miré mi reflejo ante su luz reflectante ,pero esta vez era oscura y apagada…me enfrié de repente,no entendía ,el porqué de su tristeza;jamás me había mostrado sus sentimientos tan claramente.Quise olvidar rápidamente lo ocurrido,y me cobijé en las sábanas de mi tormento.
    Me desperté,sudorosa; mi corazón latía fuertemente,como si un viento huracanado ,se hubiera apoderado de sus latidos.Abrí mis ojos , grité al observar la inmensa niebla que cubría el espejo;quizás el calor de la noche anterior ,había empañado la superficie;así que decidí limpiarlo a fondo,pero no conseguí que reluciera como siempre había sido.Me inquieté,y sentí el empujón de la intuición,me vestí tan rápido que los zapatos quedaron en el olvido,subí al séptimo piso;allí vivía ,Delinda,amiga de la universidad;me abrió la puerta…estaba llorando -que te pasa ,no me asustes ,le murmuré-.
    Me abrazó…al momento ,descubrí que algo no marchaba bien.-Calvin se ha marchado para siempre-me dijo-.Intenté consolarla,durante un tiempo largo y amargo;hasta que me pidió, si por favor, la acercaba a casa de sus padres ,para darle el ultimo grito de adiós a su querido hermano.
    Me apresuré ,bajé corriendo a mi apartamento,abrí la puerta ,busqué las llaves del coche,y coloqué los zapatos en mis pies.El escalofrío me invadió ,al ver mi figura clara y limpia,reflejada de nuevo.

  28. Ernesto Ortega dice:

    Atrapado

    La luz se enciende y alguien entra en la habitación. De repente lo encuentro enfrente de mí. Si me mira, le miro; si sonrío, sonríe; si llora, lloro. Y entonces, me pregunta: “¿Y tú, qué ves en mí?” Pero antes incluso de que comience a hablar, yo le estoy preguntando lo mismo. Los dos callamos: busco una respuesta, pero no puedo dársela. Cierro los ojos y él desaparece, pero cuando los abro todavía está ahí. Le digo: “Sólo veo un reflejo” y mientras hablo puedo leer esas mismas palabras en sus labios. Se marcha y yo le sigo, o al revés, porque no sabría decir cuál de los dos es el primero en salir huyendo del espejo, aunque intuyo que, por unas micromilésimas de segundo que el ojo humano no puede percibir, él es más rápido. La luz se apaga y la habitación se queda vacía.

  29. manuel dice:

    Cegados por el flash en redes sociales.
    Silenciosos en la cabina de un ascensor. Últimos retoques.
    Aniquilados ante Welles. Duelo entre aquel actor de “malos andares” al que puso muletas (cuestión de disimulo) y la más sexy e inquietante Rita (pelo corto y teñido).
    Escrutados para ver como afloran o no los excesos. Suerte de retrato de Dorian Gray.
    Aparecidos al sediento. Jaimas y oasis. Pero eso no es lo mismo, es “otra cosa”.
    Abominados por Borges, supongo que porque era ciego (en palabras de Bolaño).
    Doseles de camas morbosas.
    “Cousin cocaine. Sister morphine”. Por ahí también andan.
    Se lo pidió la Luna al mar, en las bulerías de Lole y Manuel, para irse a peinar con un peine de coral.
    Fastidió los sueños (su realidad) y atizó con la realidad (la de los demás) al enano bufón relatado por Wilde.
    La lluvia los coloca en las calles. Reflejos expresionistas. Pero tampoco es “la misma cosa”.
    Dicen que si se rompen dan mala suerte. Antídoto: tirarlos a un río.
    En fin… Cosas de espejos.

  30. Miguel dice:

    Para realizar cualquier trabajo de investigación, lo primero es asegurarse de estar acercándose con cautela y sin prejuicios al tema de estudio. Esto resulta especialmente recomendable si el objeto sobre el que hay que hablar es un espejo, pues se corre el riesgo, no sólo de acabar con un mal trabajo debajo del brazo, sino también, y lo que es más ridículo, de terminar con un tratado muy bien redactado sobre lo tonto que eres.

  31. María Retamero dice:

    −Quédate aquí esta noche−le dije mientras ella enganchaba la media al liguero
    −Eso no es lo que acordamos−y se subió la otra sin levantar la mirada.

    −Ya, lo sé Margot, viniste así y no,no lo pensé…
    −Pues haberlo hecho ¿qué quieres que te diga?. Dije que me iría, y eso es lo que voy a hacer− se subió en sus tacones y por primera vez levantó su mirada de femme fatale y la clavó en la mía. Yo me acerqué y la abracé, se pintaba los labios rojo sangre delante del espejo sin ni siquiera inmutarse de los besos que yo le brindaba. 
Vi mi ridículo reflejo pidiéndole que se quedara conmigo.
    Ella se dio la vuelta, ahora miraba con ternura, me besó la comisura de los labios y me apartó de su camino. 
Tomó su abrigo largo rojo, casi tanto como el de su boca, cubrió su cuerpo semidesnudo y se marchó. 

    Margot descendía en el ascensor, sacó un papel doblado del bolsillo de su abrigo y con el mismo lápiz de ojos con el que había perfilado su mirada minutos antes, tachó otro punto de su Lista Concupiscible, tras: 
“Sentirme sexy ante el espejo” 
Y mucho antes de: 
“Enamorarme”

  32. Oskar dice:

    Se ha estropeado el espejo. No funciona, no va. Lo vi en el catálogo de regalos de mi banco y me lo quedé a cambio de no sé cuántos puntos acumulados, pero me ha durado muy poco. Seguro que no tiene garantía. Tampoco estaba incluida la instalación, así que yo mismo lo colgué. Tal vez hice alguna cosa mal, aunque he revisado el montaje y todo parece estar en su sitio. He buscado la documentación del producto, y no la encuentro por ningún lado. A lo mejor, como no lo pagué, venía sin instrucciones. Finalmente he llamado al banco para reclamar, pero allí no saben nada de mi espejo ni de ningún otro. He contactado con el fabricante y he explicado mi problema a cinco personas muy amables; la última de ellas me ha dicho que mi caso es insólito: ¿Seguro que no quiere decir “roto”, caballero? No, no, mi espejo no se ha roto; se ha estropeado, ha dejado de funcionar: verá usted, señorita, me pongo delante, serio, y me devuelve una sonrisa de imbécil en la que, francamente, no me reconozco.

  33. francis dice:

    Esquiva realidad, pocas cosas cambian dentro de aquellos cuatro lamentos. Erguidos más allá de las horas, unidos entre sí por causa de la apatía que recorría planos pintados de blanco. A sus pies, colmenas tejidas de finas hebras que incuban la ansiedad, tela de araña donde el avaro pega mentiras, donde acaudala horizontes ajenos. Angosto pasillo forrado de discursos sin saliva, en una esquina una cómoda descansa como púgil sin aliento, al ver la quietud del espacio, la ausencia de movimiento.
    Trazas de angustia contaminan el aire, difícil colmar los pulmones de cenizas que se posan dentro de amplios bolsillos. Una mesa de madera, sucia y carcomida por el tiempo, degradantes quimeras secadas al sol. Dos ventanas a sotavento cerradas a cal y canto, que forradas de hiel supuran sin razón. Lámpara sin casquillo, oscuridad del sentido usado y ahora muerto.
    Cojo y mal herido, inerte entre las olas que sacuden la revolución, tirando por la borda ideas con forma de bala. Buena ventura, dos últimos latidos, malgastados confiando en la podredumbre de muñecos de hojalata. Y en el fondo, un espejo, que viola dobladas ideas, que revela verdades sin ni siquiera verse dentro. Morada de escombros vendidos a granel, autopista hacia el ladrillo blando que conforma esta maltrecha casa de muñecas, donde vive.

  34. Aquel iba a ser un gran día. J. Brown, natural de Torrejón, se miró al espejo y se repitio a sí mismo el mágico mantra: hoy es un gran día.
    Nada más salir de casa, la luz cegadora del implacable agosto madrileño le dio una bofetada lanzándole a la realidad cotidiana. Es así como tropezó con el perro.

    Es que es enano señora. Ya lo siento, pero ni se ve.
    El caniche le ladraba histérico.
    Bueno perrito, vamos.
    La fiera saltaba a su alrededor frenéticamente.
    Vamos perrito, ea guapo.
    El perro enconado, mordía ya la pernera del impoluto pantalón, planchado hacía apenas una hora.
    Aquello le haría llegar tarde a su cita.

    Veinte minutos exactos fueron necesarios para despegar al perro del cordón del zapato derecho.
    J. se encontró por fin liberado.
    Libre, sí, pero sudoroso y despeinado. La gomina chorreaba por su cara y dos grandes manchas en las axilas nublaban su juicio. La prisa le acogotaba, la corbata…
    Su grito desgarrador quedó sellado en el asfalto aquel día de verano:
    ¡No me caso!.

  35. Nacho González dice:

    Contexto.

    Sonó el teléfono. Retumbó una voz grave y rasgada, que manteniendo un singular
    equilibrio entre lo imperativo y lo agradable le espetó: ”LO IMPORTANTE ES EL CONTEXTO”. Abrió los ojos repentinamente y contempló el techo de su habitación, que de tantas grietas le pareció casi un espejo, una mierda de reflejo suyo. Al girar la cabeza se dio de bruces con un mar de sábanas arrugadas. ”LO IMPORTANTE ES EL CONTEXTO”, se repitió para sus adentros en tono ridículo mientras deslizaba sus extremidades fuera de la cama, en busca de las
    arrugas. Esta vez las del agua. Esta vez en la bañera. Cuando la llenó hasta arriba (nunca
    parece lo suficientemente arriba) se introdujo en ella formando un ovillo con su cuerpo
    y estuvo fantaseando con el retorno a Madre, la vuelta del hijo pródigo a su cálido
    pueblito de suaves relieves. “Va a ser verdad que es importante” –se dijo, esta vez con
    un tono mucho más solemne.

  36. David Cantos dice:

    “Espejito, espejito…” Pensaba en ocasiones, mientras se afeitaba o se cepillaba los dientes. ¿Cuántas veces había intentado, vanamente, invocar la máscara del espejo que sus ensueños infantiles había imaginado real? “No sólo la Bruja de Blancanieves necesita que le animen el día”, murmuraba al ver que no aparecía nadie. Tampoco esperaba ser el más guapo del mundo. Sepan ustedes que no se trataba de una persona distinta a cualquiera. Era, por así decirlo, una persona normal y corriente, pero distinta, con los mismos problemas que todos, pero distintos. Como lo son los de todos, y los de ustedes. El caso es que ahora, con la edad, el problema había adquirido una dimensión trágica. Se buscaba en el reflejo, ya no de los espejos de su casa, si no en las transparencias de los escaparates, en el retrovisor de su coche, en las ventanas de los autobuses, en los charcos formados en los bordillos de la ciudad. Y se miraba, y ya no se reconocía, y empezaba a distinguir un gesto que no era el suyo. Puede que la máscara del espejo empezase a hacer su aparición tímidamente, poco a poco, para decirle “¡Como no mires por dónde andas, te vas a hacer daño! ¡Panoli!”.

  37. Ernesto Ortega dice:

    Ese tío de enfrente

    Te despiertas y lo primero que haces es venir a verme. Todavía tienes legañas en los ojos y el pelo revuelto. Me miras con cara de asco, pero yo no tengo la culpa. Yo también estoy harto de encontrarme con tu cara todos los días, de oír tus quejas sin que hagas nada para cambiar. No huyas. Da igual que te metas en la ducha, seguro que nos volveremos a encontrar en el espejo del ascensor. Con un poco de suerte coincidiremos con la vecina del quinto. Los dos nos fijaremos en ella y tú le abrirás la puerta para dejarla salir, como si fueses un caballero. Te gusta, ¿verdad? Lo noté el primer día que la vimos. ¿Cuántas veces has ensayado poses y frases delante de mí? Pero nunca te atreves a invitarla a un café, ni subes a pedirle sal. Cobarde, que eres un cobarde. Eh, ¿qué haces? Aféitate, quítate los pelos de la nariz o reviéntate un grano pero, por favor, no te vayas. Daría mi marco de plata por cambiarme por ti, aunque sólo fuese durante unas horas.

  38. Maria Elena Sanchez Alvarez dice:

    LA LLAMADA INESPERADA

    Aquella noche regresó más tarde de lo habitual. Pude imaginarme sus razones, después de atender la llamada inesperada de su amigo Juan. Nada podíamos hacer, nuestras manos ya no se entrelazaban, sus miradas se dirigían hacia otras inquietudes, sus besos se perdían en el aire. Han pasado veinte años desde aquella primera vez que le vi. Yo tenía quince años, él dieciséis. Recuerdo con nostalgia aquel día en el patio del colegio cuando a través de mi espejo y la ayuda de los rayos del sol, iluminé su cara y nuestras miradas se cruzaron. Entonces pensé que nuestro amor no tendría fin. Estaba equivocada. Juan comenzó a formar parte de su vida.

    • Maria Elena Sanchez Alvarez dice:

      Hola. Buenas tardes . ¿No habéis incluido mi relato? Lo envié el 30 de noviembre, creo que dentro del plazo indicado. Espero poder participar.
      Gracias de antemano

  39. elena dice:

    ADAPTANDO

    Desde mi punto de vista de óptico-optometrista, cuando vi aquel perro con monóculo sentí un deseo imparable de acercarme.

    Durante años fantaseamos con esa idea… Junto a una amiga, teníamos la ilusión de que en un futuro ella montaría su propia clínica veterinaria y yo acudiría un día a la semana como especialista en la visión, no sólo para humanos. Hay cirujanos y hasta peluqueros especializados, y yo siempre me pregunté quién ayudaría a mi perrita cuando fuera vieja y ya no me viera. Aquella idea de la infancia casi olvidada, de repente reapareció en mi mente, no sabía qué fue de ella, pero allí estaba, por fin de nuevo me ilusionaba.

    Cuando vi ese perro con monóculo, comprendí que era mi momento, quería ser yo quien diera el siguiente paso. Y allí estábamos ambos, frente al espejo, enseñándole cómo sujetar sus párpados con las patitas para ponerse y quitarse las lentes de contacto que le estaba adaptando.

  40. David Castejón dice:

    Al parecer, el tipo era un verdadero monstruo. Horrendo. Muy feo.
    Dicen que era tan feo que aquello de quebrar espejos con una simple mirada a él se le quedaba pequeño; que si salía a pasear por la calle y su rostro se reflejaba en un escaparate, en algún lugar del mundo fallecía un cristalero, entre horribles padecimientos.
    Así que también era un homicida, sin saberlo.
    Cuentan que un día se coló por error en el objetivo de un turista, y la cámara de fotos le estalló en la cara al pobre hombre, destrozándole la vista. Se rumorea que en otra ocasión se agachó a beber agua de un riachuelo, y al día siguiente apareció un reguero de pececillos muertos.
    Pero lo más increíble de todo era que tenía mujer. Y muy bella, según decían. Totalmente ciega, por supuesto.
    Se querían con locura.
    Vivían un romance eterno.
    Sin embargo, eso no era suficiente para ella. Suspiraba por tener una imagen clara de su amado, así que una noche, estando juntos y abrazados, le pidió que le describiera su aspecto con todo lujo de detalles. Un susurro prolongado le trazó el dibujo de un semblante vomitivo, de un cuerpo deformado.
    Pobrecilla, no volvió a respirar. El corazón se le partió en mil pedazos.

  41. Beatriz Lorenzo dice:

    Hola, escribi un relato dentro de plazo pero no ha sido publicado. Me gustaria saber por que. Gracias de antemano.

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