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El invitado: Inés de León

Visualizadme aupado sobre un cojín en mi crujiente sillón de cuero, llevo puesto un batín azul marino con ribetes dorados y me he enjuagado la boca con Licor del Polo. ¡Estoy a punto de entrevistar a Inés de León! Ella es la directora, guionista y coprotagonista de una de mis series de internet favoritas (y de la alondra): “Inquilinos”. El piso compartido por los cuatro protagonistas de la ficción es en realidad la casa de Inés, ¡una de las pocas viviendas españolas decoradas con papel pintado! La serie está llena de referencias y parodias que agradarán al joven moderno, abundan las secuencias de música y ventilador, y también los primerísimos planos de ojos retadores. Volvamos con Inés, me atrevería a decir que se encuentra en estado avanzado del síndrome de la Descarga (consistente en sustituir progresivamente los adjetivos calificativos por nombres o personajes de series de TV), domina con maestría el arte de la gesticulación y estuvo a punto de desvanecerse al conocer a su admirado Vittorio Storaro (director de fotografía de Apocalypse Now).


 ¡Bienvenida, Inés! Empecemos fuerte. Uno de los personajes de “Inquilinos”, Sabrina, fuma empedernidamente unos estilosos cigarrillos. ¿No le tortura la idea de estar poniendo a una de sus actrices en los brazos de la muerte?
Desde que Sabrina dejó de fumar me persigue la mala conciencia. Me gustaría poder tener cigarros falsos como los que fuma Jon Hamm en Mad Men o Sarah Jessica Parker en Sex and the city, pero no tengo presupuesto y no sé dónde comprarlos (por ese orden).

 Saltemos de la salud al marketing, ¿ha intentado que la marca de tabaco que fuma Sabrina patrocine su serie?
No, pero siempre he querido hacer un guiño al product placement tipo Wayne’s world.

He buscado “Wayne’s World product placement” en Google y ha salido esto.

 Usted luce una preciosa cabellera pelirroja. ¿Tiene genes escoceses? Cuando uno nace con el pelo rojo, ¿crece sintiéndose raro y especial?
Soy mitad canaria y mitad madrileña. De pequeña recibía toda clase de insultos y motes por mi pelo y mi pecosa cara. De hecho, mi humor fue entrenado durante años como mecanismo de defensa, si era la graciosa de la clase, por lo menos conseguía que la gente se riera de otras cosas…

 ¿Es cierto que nunca sale de casa sin sombrero?
¡Jajaja! Pero bueno, ¿de dónde saca usted esta información? Que por un lado es privilegiada y por otro falsa (al menos, no enteramente cierta). El verano pasado me dejé alegremente un flequillo que, aunque me encanta, me hace sufrir mucho gracias a un remolino que corona mi frente. Así que cuando no tengo tiempo de atusármelo, salgo con sombrero (y sí, eso sucede muy a menudo).

Ha convertido su casa en un plató para poder grabar diferentes espacios en “Inquilinos”. ¿Es una estrategia inmobiliaria con vistas a que se revalorice su piso cuando la serie sea conocida mundialmente?
El otro día leí que el piso donde se rodaban los exteriores de la casa de Carrie, en Sex and the city, se ha vendido por 9 millones de euros. Así que el siguiente capítulo de Inquilinos transcurrirá en mi portal, nunca se sabe…

Protagonistas de “Inquilinos”.

Disfruta homenajeando secuencias famosas del cine (una prueba de ello fue el guiño a “Rocky” en el episodio 3), ¿alguna escena mítica a la que le tenga ganas? A mí me gustaría protagonizar la coreografía sobre hielo de Flashdance, ahí lo dejo…
Mire, voy a darle una primicia porque la idea de su cuerpecito cuadrúpedo bailando sobre el hielo me ha enternecido: en el capítulo 7 hay un guiño a West Side Story.

¿Sofia Coppola o Isabel Coixet?
Eeeehhhh, ¿por qué? No me lo diga, porque son mujeres. Preferiría que me preguntara por directores pelirrojos: ¿Robert Redford o Ron Howard?

¡La pregunta de Coixet fue sugerencia de la alondra!

Los personajes de su serie tienen el mismo nombre que los actores: ¿estrategia velada de promoción o vagancia de la peor calaña?
Por un lado, se me da fatal poner nombres a mis personajes y, por otro, los nombres de los actores eran perfectos para el personaje… Hace poco decidí poner nombres de mis amigas a los personajes femeninos y me va muy bien con este nuevo método.

Le gustan los cameos, el último fue el de la actriz Dafne Fernández. ¿Qué otros nombres hay en esa libreta, que a buen seguro tiene, titulada “Gente que me gustaría que apareciera en “Inquilinos”?
Mi lista de “Gente que me encantaría que apareciera en Inquilinos” no terminaría nunca… pero, bueno, como le ha entrevistado usted hace poco y soy ultrafán, me mojo y digo que Miguel Noguera sería un Inquilino de lujo.

Los actores de “Inquilinos” son amigos suyos, y todos conocemos el frágil ego de esa profesión. ¿Cómo hace para corregirlos/ dirigirlos sin que se enfaden?
Soy una directora un poco puntillosa y no me importa repetir las veces que haga falta para conseguir el efecto cómico que me había imaginado. De hecho, tengo siempre el guion lleno de anotaciones en plan: “Aquí pone una cara Chandleriana, se gira a lo Steve Carell y hace un ruidito de Hommer triste”… Pero en realidad escribo pensando en los actores y normalmente en el ensayo lo hacen como me lo había imaginado. Y si no, festival de tomas. ¡Viva el digital!

Inés, Sabrina y el cigarrillo estiloso de la primera pregunta.

Usted interpreta a una comiquera ingenua y un tanto payasa (¡en el buen sentido, no se moleste!). ¿Cuánto hay de usted en el personaje?
Me parezco mucho a mi personaje, soy yo pero exagerada. Y, aunque no me desmayo por ver a un chico guapo, es verdad que si me gusta alguien me convierto en una suerte de Chiquito de la Calzada tartamudo.

¿Alguna vez la han corregido sus propios actores?
Mis planos los ruedo sola en casa para ahorrar tiempo, así que no han tenido oportunidad de vengarse con pullitas del tipo: “¿Lo vas a hacer así? No, por nada…”

Una de las teorías más extendidas sobre Internet es la necesidad de ser breve. No obstante, los capítulos de “Inquilinos” han ido poco a poco desafiando esa norma (¡el último dura más de veinte minutos!)…
Yo quería hacer el formato sitcom americano de 20 minutos desde el principio, pero todo el mundo me decía que nadie aguantaba más de 5 minutos en internet, así que hice los primeros capítulos de 10 minutos. Pero a partir del cuarto, decidí no quitar secuencias y hacerlos del tiempo que yo quisiera. La teoría de los 5 minutos puede tener sentido para vídeos de mascotas o de caídas tontas, pero la gente también utiliza internet para ver cosas de más duración. Sin ir más lejos, Malviviendo tienen capítulos de más de 30 minutos y es una serie web con muchísimos seguidores.

¿Por qué ha escogido este microrrelato?
Lo he escrito para usted y su monóculo. Espero que le guste.

Título: La ruptura

Autora: Inés de León

Tatiana escuchaba absorta la cadencia de sus palabras. Nunca entendió por qué los acentos ejercían ese efecto sobre ella, cada sílaba la sumergía, poco a poco, en una ensoñación musical, pero sabía que esta vez tenía que mantenerse firme: había llegado el día y tenía que poner fin a esta relación.

Al otro lado de la línea la suave voz le prometía que las cosas iban a cambiar, que todo sería diferente… Una agradable sensación embriagaba a Tatiana, después de tanto tiempo en el que se había sentido ignorada y maltratada, ahora estaba a sus pies y parecía que haría cualquier cosa para que no se fuera.

Pero se dio cuenta de que estas propuestas nacían de la desesperación por no perderla y que si aceptaba, pronto todo volvería a la normalidad y no tardaría en volverla a tratar con el desdén que le hizo sufrir durante todo el año pasado.

Tatiana seguía escuchando las suaves palabras que acariciaban su oído a través del teléfono con promesas de un futuro mejor, cuando se armó de valor y dijo:

-No me interesan sus ofertas, quiero darme de baja y cambiarme a otra compañía.

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El invitado: Miguel Noguera

Hoy os traigo una nueva entrega de mi sección de entrevistas. En esta ocasión se trata de Miguel Noguera, un hiperactivo creador de conceptos que no ha dudado en tomarse sus casi 20 días para responder a mis preguntas. ¿Sospecháis que esta acusación es una pequeña licencia vengativa por algún comentario despectivo que se hace de mí en la entrevista? Acertáis.

Miguel Noguera está enamorado de pequeñas ideas que provocan risa y sorpresa. Su actividad gira en torno a estas escenas imaginarias que brotan de su cabeza como gotitas de sudor: las ha dibujado, las ha explicado en vídeo, las ha gritado y cantado en espectáculos en vivo y también las ha recopilado en tres libros (“Hervir un oso”, con ilustraciones de Jonathan Millán,  “Ultraviolencia” y “Ser madre hoy”, estos dos últimos de Blackie Books). Vive en Barcelona, su voz es grave y tiene  fijación por los ciegos, el pelo humano y las cafeterías. Sus dibujos dan un poco de miedo, ¡nadie en su sano juicio los compararía con los de Calvin y Hobbes!


Bienvenido a mi casa, Miguel. Siéntese, por favor. ¡No, no! Esa silla Luis XVI es decorativa. Coja ese cojín de terciopelo y siéntese en el suelo, por favor, quiero que estemos a una altura razonable el uno del otro. Eso es. ¡Bienvenido!

Gracias, gracias… ¡Vaya suelo sucio!

El año pasado publicó un libro llamado “Ultraviolencia” en Blackie Books. Al contrario de lo que uno esperaría, lo primero que se lee al abrirlo es ¡un poema de la perrita Blackie, mascota de la editorial! ¿Cómo le sentó a usted esta incursión ajena en su propio libro? ¿Le pidieron permiso? ¿Lo considera una ofensiva e ilegítima promoción que, sinceramente, no venía a cuento… o ni siquiera lo había considerado?

No me molestó en absoluto. Todos los libros de BB llevan un poemita y una página con la foto en blanco y negro del autor del libro. Son rasgos distintivos de la editorial, no creo que afecten directamente al contenido del libro. Una parte de lo que publica BB tiene aroma de retorno a la infancia o a la juventud. En ese sentido lo mío combina más o menos bien con su propuesta.

El poema de la perra Blackie. ¡No miento!

  Muchas de las ideas de “Ultraviolencia” se desarrollan en una cafetería, esto puede ser por dos cosas: porque usted trabaje a menudo en este tipo de local o porque esté realmente obsesionado con las cafeterías. ¿Cuál de las dos opciones es la verdadera?

Bueno, ambas son verdaderas en su justa medida. Todo a su tiempo y a su justa medida, como diría… como diría Pisca. Uno de los placeres de mi reposada vida es observar el mundo desde una cafetería. Muchas ideas surgen en las cafeterías porque paso tiempo en ellas y observo el devenir desde mi mesa. La cafetería es un sitio vivo y a la vez muerto. Un sitio en el que los acontecimientos están como en potencia, son más bien virtuales, laten bajo los rostros de los clientes y los fragmentos de las conversaciones. Las salas de estar y los estudios son lugares más aburridos. Además, la cafetería es un lugar en el que se supone que estás descansando, pero también puedes estar trabajando. La gente está tranquila, no hay tanto estrés, los vectores se diluyen. La Pausa, ¿no? Cafeterías que se llaman La Pausa. Martín el guardabosques está en La Pausa babeando con los ojos en blanco. Lo de La Pausa es un concepto muy obrero.

  Disculpe que insista en el tema de la cafetería, ¿qué es lo que suele pedir: café y bollito, refrescos, una cerveza y un montado grasiento…?

Depende de la hora. Tiro bastante del cortado. Para desayunar pido café con leche y pieza de bollería, o café con leche y medio bocadillo de queso. En verano apuesto fuerte por la horchata. Por la noche cocacola light y bolsa de patatas o almendras. Juego mis cartas, voy tirando…

  Además de escribir sus ideas, usted las narra en unos espectáculos en directo llamados ultrashows. ¿Se ha encontrado con algún fan muy entregado que haya llegado a preocuparle? Quiero decir, ese tipo de seguidor que podría llegar a obsesionarse y amenazarle de muerte.

No, gracias a dios. Hasta ahora mis seguidores han sido muy amables y no me han agredido. Espero que nunca me toque un chalado hijo de puta que me angustie con sus amenazas. Esto puede pasarle a cualquiera y es un buen marrón. También temo que algún grupo conservador me denuncie. Yo qué sé, quizás ven lo de Cristo Mal y piden una indemnización. Me exigen un dinero para paliar la ofensa. Dinerito-pomada. No es tan descabellado. Me daría mucha rabia. Un burofax del juzgado. Muy pronto por la mañana. A las siete de la matina. ¿Es usted Miguel Noguera? Firme aquí… y aquí. Uf. No. Desde aquí quiero entonar un Noli Me Tangere a esa mierda de las demandas, por favor.

  Usted se cansó de firmar libros y se hizo fabricar unos tampones para estampar sus dibujos en los libros cómoda y rápidamente. Hay gente que se ha quejado de esto alegando que debería comportarse como un artista sobreestimulado y no como un funcionario desganado.

No, no, a ver. Aquí hay un malentendido. No hice los tampones porque me diera palo firmar y hacer un dibujito. No. Lo que pasó es que en las presentaciones del libro se formaban colas eternas y no daba tiempo a dibujar una idea para cada lector. Entonces pensamos lo de los tampones con ideas. A mí me pareció muy buena idea. Ten en cuenta que muchos autores firman y punto. No incluyen ningún detallito. Ponen “afectuosamente, X” y se rascan la higa. Yo hago un dibujito sombreado y hasta pongo lugar y fecha. Paso un rato con la dedicatoria y me gusta hacerlo. Pero cuando hay tiempo. No hay mayor disfrute que dedicar un libro calmadamente, con toda la tarde por delante y una buena superficie de apoyo. Es la gloria del artista. Cascarse una dedicatoria de cuarenta minutos es la fase REM del artista que se ha dormido en los laureles.

 Todos los libros del catálogo de “Blackie Books” tienen portadas con grandes y coloridos dibujos. El suyo es el único libro negro, con una estética mucho más sobria, casi con aspecto de Biblia.

Bueno, Blackie aún no había publicado un libro negro y reservamos ese color para Ultraviolencia. A decir verdad, tenía en mente el diseño de los catálogos generales de El Bulli (concretamente los tres que abarcan de 1983 a 2002), me gusta la estética de pizarra. Sé que está muy manida, pero al mismo tiempo no pasa de moda, ¿sabes? La estética de pizarra es como el pelo corto, jamás quedarás mal. Puedes llevar el pelo corto cuando quieras. Pelo corto y camiseta. Tienes que irte muy atrás para lograr un ridículo fuerte si vistes camiseta y llevas el pelo corto. Quizá en Mesopotamia te mirarían mal.

El entrevistado ha aportado estas fotografías a modo de prueba.

  Su libro se llama Ultraviolencia, lo que me da pie a hacerle esta pregunta: ¿alguna vez le ha dado una paliza a otra persona?

Hombre, no. ¿Por quién me toma? No soy de pegar. Ultraviolencia tiene un sentido más amplio. Ultraviolencia en el mercado, Ultraviolencia en el recodo. Es una violencia de los conceptos y las velocidades. Una violencia de pensamiento. Joder, si acabo de hablarle de las cafeterías y lo muerto, ¿cómo voy a ser una persona violenta? Estoy más cerca del anciano que del joven, se lo prometo. Me siento mejor en la iglesia que en Benicassim. Escucho más salmos que pop. Me gustan los hombres (de repente, sin venir a cuento, se arranca con que es gay), soy de la rama del agua, pierdo aceite, trabajo en TV3 (no sé por qué, cuando mi hermano Toni quiere decirte que alguien es gay dice que esa persona «trabaja en TV3». Y cuando va a cagar dice: «tengo que enviar un fax». Vaya loco mi hermano Toni).

  Hábleme del nuevo libro que está a punto de sacar.

La portada de este es rosa, ¿eh? Una de cal, otra de arena. Se llama SER MADRE HOY y continúa la línea de Ultraviolencia. Los dibujos son bastante más bonitos, incluye una sección de notas al final del libro y un índice de términos desproporcionado (el índice de términos hay que entenderlo como un poema). Estamos muy contentos con el resultado. SER MADRE HOY se ha cocido con más calma que Ultraviolencia. Ha quedado una hogaza maja. Hubiera sido ideal que tuviera mil páginas. Pero solo tiene doscientas cuarenta. Si tuviera mil páginas con esa finura estaría übercontento, o mejor, estaría eccecontento, protocontento, metacontento… En fin, estaría contento con prefijos que no terminan de cuadrar.

 

  Usted es usuario habitual del AVE, y este tren es escenario de algunas de sus ideas.  ¿Ha ido alguna vez en clase Club?

Sí he ido en preferente porque a veces es más barato que viajar en turista, se lo juro. Se da esa paradoja tarifaria. La clase Club no sé qué puñetas es. Me suena a sandwich club, me suena a que usted ha oído campanas. Los perros no pueden viajar en AVE. Mucho monóculo y mucho trato de usted pero no deja de ser un perro, eso no lo olvide. Más importante: ¡No lo olvidemos nosotros! Es un perro, no una persona. La mierda de internet nos está volviendo locos.

Retomando la pregunta, es cierto que hay varias ideas que suceden en el AVE, no sé muy bien por qué ocurre, supongo que tiene que ver con que el AVE es una cápsula alargada con lavabos incorporados que viaja muy rápido. Y hay cafetería a bordo. Y empresarios.

¡Me veo en la obligación de limpiar mi honor con una captura de pantalla que demuestra que la Clase Club existe!

  ¿Por qué ha escogido el microrrelato que ha traído?

Aquí es donde se nota que las preguntas de la entrevista estaban preescritas. El perro no se ha molestado por el comentario despectivo de la última respuesta y sigue preguntando como si nada. Aquí se le ha visto el cartón. La cinta magnética. El disco rayado.

En fin, he consultado con mi editor y ha tenido la gentileza de ofrecerle un anticipo de SER MADRE HOY, fíjese que la idea lleva dibujo. Mire qué bien. Así no he tenido que escribir más. El microrrelato también estaba preescrito. Una jodida espada de doble filo esto del anticipo. Por un lado es un detalle y por otro un pequeño feo. ¿Con cuál se queda? ¿Detalle o feo? ¿Zafiro o caca? Yo ya lo sé, pero me reservo la respuesta.

Página de “Ser madre hoy”. ¡Gran exclusiva que os brindo!

El Invitado: Guille Ortiz

Amigos, vivir sin trabajar no es tan sencillo como cualquiera de vosotros podría pensar. Uno puede llegar a volverse loco buscando una distracción con la que ocupar tanto tiempo libre, como cuando me apunté al curso de malabares: salí de allí con un esguince de muñeca y terror de por vida hacia los hurones, único público de las clases de cariocas y diábolo. Por eso he tenido la gran idea de aprovechar parte de mi tiempo de ocio con fines informativos, literarios y divulgativos. En pocas palabras, voy a darle a la entrevista.

El primero de mis invitados es un escritor madrileño. Obsesionado con la década de los 90, podría pensarse que Guille Ortiz desea convertirse en una Laika catapultada al pasado y se conforma recordando videoclips, partidos y programas en “Aquellos maravillosos 90”.  Llama a sus amigos por nombres y apellidos, como hacen los niños en el colegio. Estudió Filosofía y tiene una extraña fijación con las nocheviejas. Aunque ha escrito novelas, poesías y relatos, es más habitual encontrar su firma en entrevistas, reseñas culturales o análisis políticos. Compensa este perfil intelectual con una pasión desmedida por lo deportivo, en sus artículos de Jot Down es posible revivir (o enterarse de) momentos gloriosos del deporte narrados elegantemente, despojados del sudor y el fanatismo que tanto disgusta a perros refinados como yo.

Bienvenido a mi casa, amigo. Le agradezco mucho que haya aceptado mi invitación. Veo que no ha traído vino, ni tan siquiera pasteles. No se preocupe, ya saco yo algo de mi bodega. ¿Qué le gustaría tomar?

Así estoy bien, gracias. ¿Tiene un ansiolítico?

 

Lo lamento, no cotizo a la Seguridad Social y sin receta no venden. Empecemos. En la literatura -¡mundo agresivo!- son conocidas las rivalidades entre escritores (Günter Grass y Vargas Llosa, Quevedo y Góngora…). ¿Le gustaría tener un articulista archienemigo con quien mantener duelos epistolares o prefiere seguir siendo un solitario que dispara en todas las direcciones?

Lo de tener una rivalidad con Günter Grass empieza a ser una cosa demasiado sencilla, la verdad… Tener un articulista archienemigo sería aburridísimo, porque a mí lo que me jode es la mediocridad y mantener una rivalidad con un mediocre es una pérdida de tiempo absoluta, quiero decir, imagínese que tuviera que andar leyendo a Salvador Sostres todo el rato para poder rebatirle, sería agotador. Sin duda, el que más me saca de mis casillas –porque le admiré, porque a menudo aún le admiro- es Arcadi Espada, pero Arcadi a su vez pensará que yo soy un mediocre y puede que tenga razón, así que no, creo que no habrá titulares de prensa con Guille Ortiz de por medio.

Me he fijado en un detalle de su blog que me ha hecho pensar que quizás no está del todo preparado para asumir las críticas negativas. Me explico: al final de cada uno de sus artículos aparecen unas casillas pensadas para que el lector pueda valorar la calidad de lo que acaba de leer. El visitante puede elegir entre tres opciones: “divertido”, “interesante” y “guay”. Con el debido respeto, ¿qué clase de broma es esta?

¿Por qué coño me haces esa pregunta, perro infecto, quién te has creído que eres? Oh, perdón, como le iba diciendo…

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