Archivo de la categoría: Informaciones

PREMIOS MONÓCULO DE ORO, SEGUNDA EDICIÓN

Amigos, ya está en marcha la II edición de los premios Monóculo de Oro en la revista UNFOLLOW. Podéis conocer la palabra clave y participar pinchando directamente sobre mi foto. Allí están las normas y los microrrelatos participantes. El plazo termina el 2 de febrero, así que aún estáis a tiempo.

II edición premios monóculo de Oro

Etiquetado , ,

GANADOR PREMIOS MONÓCULO DE ORO I

Queridos amigos:

Vosotros no me veis, pero ahora mismo tengo junto a mí una delicada copa de cristal de bohemia rebosante de champaña y el motivo no es otro que los más de 100 cuentos recibidos en la primera edición de los premios literarios Monóculo de Oro. ¡Brindo, literalmente, por todos vosotros!

(Delicioso)

No negaré que la complicadísima elección del ganador ha derivado en una angustiosa jaqueca que intento combatir con ibuprofenos y Gin Fizz. El nivel era muy alto y yo he sido educado en el arte de la diplomacia.

Soy plenamente consciente de que mi decisión gustará a una persona e indignará a un centenar. ¡No me odiéis, amigos! Por eso he decidido crear la categoría de finalista. Su autor disfrutará de gloria y aplausos, pero se quedará sin regalo.  Espero sinceramente no estar empeorando las cosas con esta decisión.

Como bien recordaréis, mis queridos y materialistas escritores, el regalo del concurso era el libro “Casa de muñecas” de Patricia Esteban, ilustrado por Sara Morante. El ejemplar estará firmado y nos lo ha cedido amablemente la editorial Páginas de Espuma. A ellos les dedico mi próximo sorbo.

Sin más dilación, paso a hacer público mi fallo. En breve nos pondremos en contacto con el ganador para hacerle llegar el premio del concurso. ¡Gracias a todos por participar y enhorabuena al ganador!

GANADOR DE LA I EDICIÓN DE LOS PREMIOS MONÓCULO DE ORO

Oskar

Se ha estropeado el espejo. No funciona, no va. Lo vi en el catálogo de regalos de mi banco y me lo quedé a cambio de no sé cuántos puntos acumulados, pero me ha durado muy poco. Seguro que no tiene garantía. Tampoco estaba incluida la instalación, así que yo mismo lo colgué. Tal vez hice alguna cosa mal, aunque he revisado el montaje y todo parece estar en su sitio. He buscado la documentación del producto, y no la encuentro por ningún lado. A lo mejor, como no lo pagué, venía sin instrucciones. Finalmente he llamado al banco para reclamar, pero allí no saben nada de mi espejo ni de ningún otro. He contactado con el fabricante y he explicado mi problema a cinco personas muy amables; la última de ellas me ha dicho que mi caso es insólito: ¿Seguro que no quiere decir “roto”, caballero? No, no, mi espejo no se ha roto; se ha estropeado, ha dejado de funcionar: verá usted, señorita, me pongo delante, serio, y me devuelve una sonrisa de imbécil en la que, francamente, no me reconozco.

FINALISTA DE LA I EDICIÓN DE LOS PREMIOS MONÓCULO DE ORO

Anaís

Es hora de acabar con la absurda creencia de que los vampiros no se reflejan en el espejo. Ignoro de dónde surgió semejante idea, pero déjenme que les aclare una cosa: el único que no se refleja en el espejo es Dios. O sea, yo. Y se lo digo sin una pizca de orgullo, pues comprenderán los inconvenientes que esta peculiaridad mía conlleva. He conocido a algunos teólogos que la consideran una virtud celestial, ya que evita que malgaste mi valioso tiempo en brazos de la soberbia. El Papa Pío X aseguró, sin embargo, que era una mera consecuencia del sometimiento de la Santísima Trinidad a las leyes de la física. Pero mi madre, que, como todas las madres, cree que soy Único, dice que, si yo no me reflejo en los espejos, será que los espejos están mal hechos. Y entenderán que lo que una madre dice, va a misa. Pero entonces, díganme, ¿a quién puedo exigir yo responsabilidades por esto? Hagan el favor de inventar de una vez un espejo como dios manda. Y verán la de conflictos que nos ahorramos.

Tengo mi propio banner

Amigos, me alegra saber que el olor del regalo estimula vuestros cerebros. ¡Nueve participaciones en estos momentos! Quiero informaros de que ya tengo mi banner oficial y de que los premios Monóculo de Oro han sido lanzado en la revista UNFOLLOW. A partir de ahora se puede participar en los comentarios de la entrada de mi blog y también en los comentarios de la entrada de la revista.

¿Os gusta el banner? Yo hubiera preferido una imagen en movimiento -creo que se llama GIF- aunque entiendo que es una tecnología inalcanzable para una revista que está empezando. Seguid participando, amigos, todavía tenéis tiempo de tocar la fama con la punta de vuestros dedos y después llamar a familiares y amigos para comunicarles la noticia. ¡Ánimo!

El materialismo por fin llega a este blog

Queridos amigos,

El bochorno de mi inexcusada ausencia me ha atormentado durante estos días. La idea de imaginaros un día tras otro frente al ordenador, esperando mis indicaciones literarias, y recibiendo la muda bofetada de mi silencio me ha torturado. Lo siento mucho.

No, no pienso explicaros el motivo de mi ausencia.

¡Retomemos lo que decíamos ayer! Gracias a mis contactos en el mundo literario, a mi encanto personal y, por qué no decirlo, al alto nivel de microrrelatos que han inundado las entradas de este blog, he firmado importantes acuerdos con tiendas de libros y editoriales. Gracias a estos amistosos negocios, cada mes uno de vosotros se llevará un maravilloso libro. El jurado es insobornable, impertérrito y con un pelaje blanco de exquisito brillo: yo mismo.

El acuerdo no solo me une con el mundo editorial sino también con los medios de comunicación de vanguardia y modernidad. La revista digital UNFOLLOW ha contactado conmigo para que yo sea el maestro de ceremonias de este concurso literario mensual. Las participaciones se harán a través de mi blog, pero los ganadores se anunciarán en su página. ¡Una barata estratagema para arañar alguna visita de mi poderosos caudal de amigos!

Etiquetado , , , , ,

Estáis invitados

Si yo esta noche estuviera sentado en el sofá de un famoso late night y su presentador me preguntara en horario de máxima audiencia cuáles son mis planes, me vería en la obligación de confesar que estoy organizando la que será la primera exposición pictórica de mi vida. Público y presentador me observarían con una sonrisa muda y dubitativa, temiendo que les estuviera tomando el pelo. Un poco sonrojado, pero también feliz, me apresuraría a aclararlo: “¡Os lo prometo! Es la semana que viene. Y si os empeñáis en enviar un reportero para conectar con el Telediario en directo desde la inauguración, no tendré reparos en abriros mis puertas”. El público festejaría la noticia entre vítores, el presentador aplaudiría despacio -visiblemente impresionado-, marcando el recorrido de sus manos al aplaudir. Yo miraría hacia el suelo y negaría humildemente con la cabeza, quitándole importancia al que probablemente se convierta en el evento del año.

Sí, amigos, mi evolución con el Paint ha sido tan impresionante que me parecía de un egoísmo intolerable quedarme con todo ese arte para mí mismo. La semana que viene inauguraré la exposición, a la que he titulado: “Una mirada audaz a la cara”. Esta mañana he ido a encargar las impresiones de los carteles. Estos son los créditos:

UNA MIRADA AUDAZ A LA CARA

Artista principal: Perro con Monóculo
Artista invitado: Maruta, de Tutti Confetti
Comisario: Perro con Monóculo
Primer asistente del comisario: Alondra
Tema de la exposición: Retrato y autorretrato

¡Pronto compartiré más detalles! De momento, dejadme recordaros que tenéis hasta el 30 de septiembre para escribir vuestros microrrelatos con la palabra ‘servilleta’. La alondra planea organizar una performance con vuestros cuentos durante la inauguración (quiere usar un servilletero y no sé qué de una metáfora de la fragilidad y las plumas).

Postales desde Europa: Barcelona

Hola, amigos:

Os escribo esta postal desde la ciudad más europea de España: Barcelona. Aquí todo el mundo está obsesionado con Quim Monzó. Los barceloneses, sin excepción, guardan sus pertenencias en bolsas de la librería La Central y montan en unas bicis rojas fabricadas en serie por el Ayuntamiento que gritan a los cuatro vientos: ¡municipales! Sinceramente, no me explico cómo en la ciudad del diseño se permiten el lujo de ir todos sobre bicicletas idénticas, ¡lo mínimo que un turista merece encontrar es una flota de 10.000 bicicletas decoradas personalmente por Javier Mariscal!

El otro día, después de almorzar una ensalada de pasta, tomate y aceitunas negras en el restaurante que me recomendó la alondra, Buenas migas, probar los carquinyolis (suerte de piedra dulce con almendras) y beber un zumo de fruta que compré en el mercado de la Boquería, salí a disfrutar de un paseo por las Ramblas, tropezando a cada paso con titiriteros y paquistaníes que insitían en que les comprase una lata de cerveza tibia. Me encontraba explicándole a uno de estos vendedores ambulantes que había tantas posibilidades de que yo bebiera cerveza de una lata sucia comprada ilegalmente en la calle como de encontrarme en un probador del Lefties embutido en un chándal, cuando una paloma de Lleida -sucia, gris y borracha- intentó robarme el monóculo. ¡Lamentable acción y peor resolución! No solo nadie me socorrió en este penosa situación, sino que una turista francesa nos tiró al ave seropositiva y a mí una moneda de dos euros, confundiéndonos con dos vulgares mimos. ¡Nunca en mi vida había sentido tanta vergüenza!

Acudí con la paloma a un bar cercano y pedimos que nos cambiaran la moneda de dos euros. Nos repartimos la parte proporcional de aquella insultante calderilla y después ella se marchó volando para, sin duda alguna, seguir haciendo el mal por la ciudad. Yo decidí refugiarme en la habitación de mi hotel modernista, donde soñé que Antonio Gaudí escribía un microrrelato para mí y yo al leerlo pensaba: “Qué malo”.

Londres, destino truncado

Amigos, ayer comenzaban mis vacaciones. Acudí al aeropuerto de Barajas y pedí, confiado, un billete de primera clase hacia Londres. La respuesta fue que no quedaban. Me ajusté llamativamente el monóculo y le espeté: “¿Sabe con quién está usted hablando?”. La mujer -chaqueta roja, botones dorados concebidos en los ochenta y mechas rubias de la misma época- no me reconoció (¡absurdo!), y su única alternativa fue ofrecerme viajar en la bodega de las maletas donde, por lo visto, habían condenado a muerte a un pastor alemán y a un gato de ocho kilos. Medité durante unos segundos mis posibilidades, todas ellas igual de bochornosas:

– Denunciar a esa mujer por desacato.
– Fingir un desmayo y confiar en la empatía ajena.
– Comprar un billete de clase turista.

Estaba a punto de optar por la menos traumática de las opciones -fingir un desmayo-, cuando el joven de chaqueta roja y sonrisa blanqueada del mostrador de al lado anuló por teléfono una reserva de primera clase con destino Barcelona. Ladré eufórico, compré ese billete y me deslicé a la sala VIP, donde logré calmar la ansiedad acumulada con dos botellas de minibar y una bolsa de nueces de macadamia. Un verdadero caballero afronta con arrojo los cambios de ruta que le depara el destino, ¡pero jamás permite que le degraden de clase social!

Etiquetado , , ,

Emigro, como las golondrinas

Junio, el mes de las fresas, los cócteles en el jardín y la apertura de piscinas municipales, está a punto de finalizar. Vosotros cogeréis vuestros petates polvorientos y os lanzaréis a descubrir Europa en un tren con asientos de plástico. Y en el fondo, ¡no somos tan distintos! Cuando lleguéis, reventados, a vuestra pensión-zulo londinense compartida con seis estudiantes holandeses que huelen a oso, yo estaré viviendo mi Bloomsbury particular a solo unas pocas millas, bebiendo gimlets en alguna retrospectiva de la National Portrait Gallery.

Durante mi viaje iré telefoneando a mis amigos europeos, que llevan años rogándome que los visite. Normalmente hubiera hecho una primera parada en casa de la Condesa de Lloret de Mar, pero por incidentes que de sobra conocéis, esta vez me haré el despistado.

El próximo lunes abandono esta humilde mansión sin aire acondicionado, pero os iré mandando regularmente postales y fotos. No con el objeto de restregaros por la cara mi maravilloso verano, sino para no perder el contacto. ¡Quizás incluso se me ocurra algún que otro reto literario! No descarto nada.

Y ahora, un asunto pendiente. Os dejo con mi relato favorito con calderilla. Por cierto, ¿no creéis que la palabra chelín le da mil vueltas a céntimo? ¡Hasta en las monedas más bajas hay clases y clases!

Autor: Abencerraje

El bautizo tocaba a su fin y el cortejo, finalmente, salió de la iglesia. Jacinto, el padrino, como era costumbre, iba dándose importancia, esperando su momento. Sin perderle de vista, un grupo de niños comenzó a gritar: padrino roñoso, padrino roñoso. A la vez que chillaban, tomaban posiciones, pendientes de los gestos del que esperaban como un nuevo rey Midas. Por fin, Jacinto sacó las manos de los bolsillos, llenas de monedas pequeñas: de perras chicas y perras gordas. Las lanzó al cielo y cayeron sobre la chiquillería como si fuese una lluvia de oro.

En el suelo se luchaba por cada pieza. Si hubiesen sido de duro, se podría haber hecho el mismo esfuerzo, pero no más. El padrino seguía disfrutando de su liberalidad, que no era tanta, pues lo que tiraba no era sino simple calderilla; mucho ruido y … Se acercó el padre del bautizado y, con ese sentimiento de dignidad y orgullo de nuevo patriarca, dijo: Jacinto, no seas miserias, échales algunas pesetas. Éste, algo amohinado, arrugó la cara, y cambió la calderilla menuda por una más sustanciosa.

El bautizo se recordó durante largo tiempo; mucho más de lo que duró el tesoro en las manos de los chicos.

Etiquetado , , ,

La fiesta

Todo estaba meticulosamente preparado, las esculturas de fruta, la cubertería de plata, el disco de ABBA Gold. A las 20,30h. mis invitados comenzaron a llegar, bien vestidos y sonrientes. Oculto bajo una alfombra persa, yo les observaba desde el palco de la tercera planta, deseoso de que el reloj anunciase las nueve para hacer acto de presencia.

A cinco minutos del gran momento me di cuenta de que algo fallaba, no había reparado antes en ello pero era evidente que había demasiada luz. El Sol -¡astro egocéntrico y traicionero!- parecía no tener intención de retirarse para mi función. ¡Maldito horario de verano! Tal y como habíamos ensayado, la alondra apagó todas las luces y se dispuso a presentarme. Se suponía que debía ser un momento teatral en el que la casa entera se quedara a oscuras y, sin embargo, los últimos rayos del día se colaban a sus anchas por los enormes ventanales del salón. ¿Dónde estaba la penumbra que me permitiría salir de mi escondite y subirme al cojín de terciopelo sin ser visto? ¿Dónde estaba la negrura que me ayudaría a sorprenderles desde el techo en el preciso momento en que se encendiera el foco, y no antes?

Decidí improvisar. Mientras la alondra se deshacía en elogios hacia mi persona yo aprovecharía para subirme disimuladamente a mi cojín mecánico. Después de todo, estaba a tres metros de altura sobre mis invitados y si era lo suficientemente discreto nadie me vería. Es verdad que no sería tan espectacular como surgir de entre las sombras, pero era eso o saludar desde el palco como una vieja. Cuando ya tenía tres patas sobre el mullido terciopelo, alguien a quien de repente le entraron ganas de admirar los frescos del techo me señaló desde abajo y gritó:

-¡Se va a matar!

Alarmados, mis exquisitos invitados comenzaron a chillar y a suplicarme que, por el amor de Dios, no me suicidara. Intenté concentrarme (“El espectáculo debe continuar”, me repetía a mí mismo) y activé, tembloroso, el mecanismo de la polea, confiando en que verme descendiendo de las alturas como un arcángel los calmase. ¡Y por un momento ocurrió! Logré bajar una distancia considerable ante el silencio de un público atónito, estaban tan callados que se podía escuchar el rechinar de la polea. Creí haber enderezado la situación, cuando la histérica Condesa de Lloret de Mar intentó darme caza (“salvarme de una muerte segura”, según su versión de los hechos) usando su larguísimo collar de perlas a modo de trampa para conejos. Yo estaba rígido, inmóvil y con los ojos clavados en el techo, así que no vi venir la horca perlada que, aunque no me rozó, sí golpeó mi cojín, desestabilizándome y dándome un susto de muerte.

Caí de espaldas, como un trapo viejo, desde una altura de metro y medio.

El dolor me subió ferozmente por la espalda y, aunque afortundamente logré ahogar un ridículo chillido, no fui capaz de contener las lágrimas. El sufrimiento físico fue innegable, pero creedme si os digo que no fue nada comparado con la horrible humillación que sentí al hallarme boca arriba delante de mis invitados, con las patas abiertas y el monóculo torcido. La alondra, ¡buena amiga!, consiguió desviar la atención de esta lamentable escena dando unas palmadas y ordenando que descorcharan el champán.

Me retiré a mis aposentos durante media hora. Cené en solitario un menú de antiinflamatorios, ansiolíticos, croissants y yogur griego. Después me tumbé en la cama. Reconozco que estuve tentado de ponerme el pijama y dar por clausurada mi participación en la velada… pero alguien subió el volumen de los altavoces y las notas de “Waterloo” recorrieron la casa entera hasta alcanzarme. La inspiración me puso en pie, ladré para mí mismo y decidí que ya era hora de disfrutar de mi propia fiesta.

Bajé las escaleras, respiré hondo y abrí la puerta del salón. Fui recibido con una ovación.

En mi ausencia, la alondra le había contado a todo el mundo que aquel numerito de la caída era, en realidad, una performance de vanguardia. Un topo con americana -enamorado de la alondra desde siempre- añadió el dato de que en Nueva York había surgido recientemente un nuevo movimiento artístico llamado postespectaculismo.

En mi vida había escuchado tontería semejante. El teórico prosiguió con su explicación:

– El postespectaculismo es un movimiento novedoso y revolucionario que no busca provocar la admiración, sino el estupor, la perplejidad o la vergüenza ajena.

Todos me miraron, esperando mi réplica.

-¡Reconozco que por un momento tuve miedo de que no se entendiera! Era una apuesta muy arriesgada, pero fue un error dudar de vuestra elevada capacidad intelectual y sensorial.

Elevé mi copa y ellos levantaron las suyas:

-¡Brindo con champaña por el postespectaculismo!

Y mi fiesta, por fin, se enderezó.

Etiquetado ,

¡Esta noche es mi gran fiesta!

Estoy excitadísimo, por fin ha llegado el gran día. Después de comer haré una pequeña siesta -dos horas máximo- que enlazaré con un baño esponjoso y una sesión hidratante en las almohadillas de mis patas. Cuando esté bien atusado, dedicaré todas mis energías a motivar y ayudar al servicio: supervisaré todos los detalles (silencio=bien; ladrido=¿quién tiene la oscura intención de arruinarme la fiesta?) y haré tronar en los altavoces una marcha militar mezclada con ritmos chill out que encontré en una recopilación de Café del Mar; la idea es que se empapen del espíritu: desvívete en servir, pero que dé la sensación de que llevar bandejas de un lado a otro te complace y relaja.

Después me esconderé en el palco, a la espera de que lleguen mis invitados.

¡Esta noche es mi gran fiesta!

Etiquetado , , , ,