Archivo de la categoría: Instrucciones para microrrelatos

Un microrrelato cabe en una servilleta, y viceversa

Amigos, estoy encantado con mi nueva faceta de artista atormentado. Los verbos ‘sentir’, ‘expresar’ y ‘hacer clic con el ratón’ golpean mis sienes mientras me dejo llevar, extasiado, a los mandos del Paint. ¡Ojalá pudiérais verme! Soy una mezcla perfecta entre la energía de Pollock, la sutileza de Hopper y la tenacidad de la alondra jugando al buscaminas.

Sin embargo, no he olvidado mis obligaciones. Hoy toca descubrir una nueva palabra para el concurso de microrrelatos, y aquí la tenéis: servilleta.

Os recuerdo las normas: la palabra debe aparecer en el cuento, este no ha de superar los mil caracteres. Podéis entregar vuestros textos en los comentarios de esta entrada. El plazo límite es el 30 de septiembre a las 23h. ¡Suerte a todos!

Anuncios
Etiquetado , , , ,

Inauguración con un portazo

¡Buenos días, amigos! He vuelto a mi humilde mansión, una brisa fresca se cuela por las ventanas y empiezo a fantasear con la idea de ponerme un jersey azul marino de cuello vuelto. ¡Adoro septiembre!

No quisiera pecar de soberbio, pero he de reconocer la emoción que he sentido al comprobar cuánto me había echado de menos el servicio. Algunos de los jardineros se han turnado durante mis vacaciones para dormir en mi habitación, probablemente empujados por su necesidad de sentirme cerca y recordar, aunque mitigado, el suave aroma que desprendo (mi secreto: suavizante de almendra).

¡También en las cocinas me han guardado una suerte de luto! Todos han reconocido haber sido incapaces de preparar mis platos favoritos en mi larga ausencia: no ha habido pularda trufada, secreto ibérico ni sorbete de cava . Los pobres se han pasado todo el verano pidiendo comida a domicilio, arrastrados por una fidelidad que parece sacada de otro siglo.  ¿Qué más da si han cargado todas las facturas a la casa? La lealtad no entiende de ceros.

Esta semana la alondra regresa de sus vacaciones. Yo aprovecharé estos días para visitar al sastre y ponerme al día con mis obligaciones. Una de ellas, este blog, para el que tengo preparadas jugosas sorpresas que desvelaré en unas semanas. ¡Y ahora, con sumo orgullo y renovada alegría, inauguro la segunda temporada de microrrelatos!

La palabra que debéis incluir en el primer cuento de la temporada es: portazo.

La longitud máxima son 1.000 caracteres y la fecha límite para enviarlo es el domingo 16 de septiembre a las 23h. Dejad vuestros microrrelatos en los comentarios de esta entrada. ¡Suerte a todos!

Etiquetado , , ,

Microrrelatos con calderilla

Este sábado, mientras me observaba detenidamente en el espejo, reflexionaba sobre la necesidad de volcarme un poco más en los demás y dejar de pensar tanto en mí mismo; también trataba de visualizar cómo me quedaría, de repente, una pajarita granate. La conclusión a la que llegué es que me favorece mucho más el negro y que de esta semana no pasa lo de hacer un donativo a alguna sociedad caritativa.

Después de desayunar una copa de leche fresca y un esponjoso bollo suizo he encendido el ordenador y he buscado en Google los siguientes términos: “gente que merece la pena necesita dinero” y “socorro, gracias”. Los candidatos a recibir la suma de dinero son:

– Asociación Española para recuperar la dignidad de los bajistas: http://www.unbajonoesunaguitarrafea.blogspot.com
– Estudiante de 2º de periodismo busca financiación para su blog de periodismo internacional y deportivo: “Frontera y Escuadra”.
– Departamento de investigación de la Universidad de Valencia: proyecto para la construcción de un inhibidor de llantos de bebé en el transporte público.
– Un robot de cocina para la Fundéu.

En otro orden de cosas, la palabra de los microrrelatos de esta semana es: “calderilla”. Yo soy más de billetes, ¡no me compensa llevar monedas de menos de un euro!, pero me gusta la idea de utilizar una palabra tan inútil para darle forma a una, auguro, maravillosa selección de historias.

La longitud máxima será de 1.000 caracteres y la fecha límite para enviarlo es el domingo 24 de junio a las 23h. Dejad vuestros microrrelatos en los comentarios de esta entrada. ¡Suerte a todos!

Microrrelatos con microondas

Amigos, estoy ocupadísimo ultimando detalles de mi fiesta. Ayer os conté cómo fue el ensayo general, ahora solo falta construir las esculturas de fruta y hacer la prueba de vestuario. Había pensado encargar una escultura mía de hielo a tamaño real, pero la alondra amenazó con no venir a la fiesta si seguía adelante con esa “bochornosa idea”. Mi única intención era que la escultura helada reflejase la naturaleza fresca y efímera de una buena fiesta, pero ella -¡malpensada sin escrúpulos!- lo ha interpretado como un acto de egolatría sin límites.

Os informo de que tengo una nueva palabra para los microrrelatos de esta semana. No la leeréis en las historias de Proust, Flaubert ni Quevedo, pero eso no le resta belleza ni potencial. Se trata de: microondas.

La longitud máxima será de 1.000 caracteres y la fecha límite para enviarlo es el domingo 17 de junio a las 23h. Dejad vuestros microrrelatos en los comentarios de esta entrada. ¡Buena suerte a todos!

Etiquetado , ,

Mojémonos las patitas en un charco

Amigos, con los ojos refulgentes y ni una pizca de arrepentimiento, os confieso haber abandonado para siempre la alimentación sana. La ingesta continuada de verduras hervidas y fibra reseca ha sido una tortura que por poco destroza lo que más me importa en esta vida: mi posición social.

La combinación de los menús de menopáusica que me recomendó la alondra junto con mi anemia -¡una enfermedad que (dicen) también padecía El Cid!- ha provocado que durante estos días sufriera algún que otro mareo que me ha convertido en el objetivo de las burlas del servicio. Por lo visto, hasta hicieron apuestas sobre el número de desmayos que sufriría en un día (la cobaya emo se embolsó 25 euros con su respuesta: catorce). ¡No puedo permitir que me falten a respeto en mi propia casa!, así que celebraré el regreso a la comida de gourmet con un fiestorro que les recordará a esos pusilánimes quién está podrido de dinero y quiénes se pasarán la noche lavando platos y rellenando copas de champaña para mí y mis distinguidos invitados. ¡Os mantendré al tanto de los preparativos!

En otro orden de cosas, ya he pensado una nueva palabra para los relatos de esta semana: charco. La longitud máxima será de 1.000 caracteres y la fecha límite para enviarlo es el domingo 10 de junio a las 23h. ¡Ánimo!

Etiquetado ,

Una palabra un poco menos peligrosa: toalla

El  viaje por la carretera ha concluido con un total de 10 historias. ¡Muchas gracias a todos! Mañana os presentaré al autor de mi microrrelato favorito.

He de decir que yo quería escribir un cuento que condensase las vivencias de un motorista que huye de su pasado de huérfano y encuentra en la chupa de cuero y en la actitud desafiante y temeraria una manera de exprimir la vida y disfrutar a partes iguales de naturaleza y olor a gasolina. Y por eso hice traer un par de guantes de cuero, me despedí de todos y llamé a Teletaxi.

En menos de una hora estaba solo en la autopista A6 bajo un sol de justicia. Dije adiós al conductor, me situé en el arcén y esperé a que una jauría de motoristas con gafas de sol y bigote aparecieran en el horizonte y me adoptaran un par de días.

A pesar de que no dejé de levantar mi pata, solo me crucé con turismos que me ignoraron a más de cien kilómetros por hora. Lo más cerca que estuve de la hermandad de la carretera fue cuando un camionero tiró a la cuneta los restos de un bocadillo de panceta que aterrizaron en mi hocico. Poco a poco el sol, el ruido y el polvo amenazaban con hacer peligrar mi cordura. Entonces, a lo lejos, creí vislumbrar el taxi que me había acercado al infierno y di por hecho que no era más que un cruel espejismo. Sin embargo, Manolo abrió la puerta y me preguntó  si estaba seguro de seguir con mi aventura (él había ido a buscar una cerveza sin alcohol en la estación de servicio más próxima). Con la energía de un potro, me quité los guantes, salté al asiento del copiloto y grité: ¡Rumbo a la civilización!

Fueron los diez minutos más angustiosos de toda mi vida.

La palabra que debéis incluir en los relatos de esta semana es: toalla. El máximo número de caracteres son 1.000. El plazo termina el domingo 3 de junio a las 23h. ¡Suerte!

Salgamos a la carretera (y II microantología de relatos)

Este fin de semana he estado bastante atareado, así que ayer por la noche necesitaba un momento de relax y llamé a la alondra para que viéramos una película juntos. Ella dijo que llevaba tiempo queriendo ver “Psicosis” y yo acepté encantado.

– ¿Psicosis? Por supuesto, ¡adoro la música de Bernard Herrmann!
– Es de Alfred Hitchcock, parece mentira.
– Digo la música, querida alondra, no la dirección.
– La dirección, la música…. ¡todo es de Hitchcock!

No tenía ganas de comenzar una discusión, insisto en que necesitaba descansar después de un duro trabajo. Pusimos la cinta y la alondra, como siempre, fue incapaz de cerrar el pico.

Piaba como una histérica cada vez que aparecía un ave disecada y se rió abiertamente de la escena de la ducha (“Se nota mucho que no la están matando”). Además, se mantuvo en sus trece toda la película asegurando que el asesino era “el jefe de ella, está clarísimo” y ni siquiera cuando se explicó claramente quién había acuchillado a la rubia fue capaz de aceptar su fracaso: “En un final abierto el asesino puede ser cualquiera”.

Y ahora, dos cosas:

1) El trabajo que tanto me ha agotado este fin de semana es una nueva antología con vuestros relatos. Hubo 13 propuestas con ventilador y las he recopilado en un pequeño volumen que podéis descargar en este enlace. ¡Gracias a todos, amigos! Os enumero: Maximus, Nagore, Golden Brown, Hombre Revenido, MyGirl, Lulú, Rubén, Arbusto, Roilenos, Anaís, Xavi Puig y Miércoles.

2) La palabra que debéis incluir en los relatos de esta semana es: carretera. El máximo número de caracteres son 1.000. El plazo termina el domingo 27 de mayo a las 23h. ¡Suerte!

¡Que el ventilador sea vuestra musa!

20120514-100412.jpg

Amigos, ha quedado claro que fue un gran error daros a probar la libertad. El número de microrrelatos ha descendido bruscamente y yo he aprendido una valiosa lección: tengo que ataros corto.

De todos modos, confieso que esto no me pilla de sorpresa. Sufrí una decepción similar cuando invité a Amadeo a una carísima cata de vinos en Salamanca. Me empeñé en que el viejo castor, fiel mayordomo de mi familia durante décadas, descubriera la sabiduría de la uva, quise que sintiera las olas granates del vino romper contra su paladar, que se olvidara por unas horas de servirme y pudiéramos disfrutar de una conversación amistosa regada con riojas, riberas y pequeñas excentricidades californianas de esas que luego tan agradable es criticar. Pero Amadeo fue incapaz de saborear, tragaba el vino con la intención de pasar mejor los dados de queso que nos ofrecieron de aperitivo. Pidió pan, más queso, rechazó usar las escupideras y puso pegas a la madera de las barricas de la bodega. Hasta preguntó si podía quedarse con los tapones de corcho (de recuerdo). Cuando hubo acabado con las dos botellas del primer vino -¡el más barato!-, tenía las mejillas rojas y propuso a los asistentes una competición de lanzamiento de huesos de aceituna. Tras convencer a seis energúmenos, que quisieron participar de este exótico ritual desde la ironía, clamó al cielo porque las aceitunas estaban rellenas de anchoa.

Si superé ese vergonzoso episodio sin desterrar a Amadeo, cómo no voy a perdonaros la baja participación.

Esta semana solo aceptaré historias que incluyan la palabra ventilador. El máximo son mil caracteres sin espacio (usad la herramienta “contar palabras” del word, ¡no quiero verme obligado a descalificaros por exceder el límite!). El domingo 20 de mayo a las 23h. finaliza el plazo.

PD: Mañana os presentaré al autor de mi microrrelato libertario favorito.

Un terrón de libertad. A ver cómo os sienta

Amigos, estoy un poco aturdido por cuestiones que ahora no viene al caso comentar pero que quizás en un tiempo me atreva a confesar… La cuestión es que es lunes, y los lunes abro una puerta llena de posibilidades para la microliteratura. Sin embargo, mi desconcierto no me permite pensar con claridad, por lo que voy a jugar la baza del comodín.

Sois libres, pues. Esta semana no habrá palabra mágica, aunque el límite del microrrelato siguen siendo mil caracteres sin espacios (¡no tengo intención de perder el tiempo con novelas que pesan más que yo!).

Si veo que digerís bien la libertad, no descarto la posibilidad de llegar con vosotros a algún tipo de pacto democrático. Si, por el contrario, os paraliza, ¡volveré a agarrar las riendas! Tomad esto como un experimento sociológico donde el tipo de la bata blanca soy yo.

Plazo límite: domingo 13 de mayo a las 23h. ¡Suerte!

Mi pulso con la muerte y guía para el microrrelato 6

¡Amigos! Os escribo tras unos días en los que la guadaña de la muerte no se ha alejado ni un minuto de mi lecho. Han sido momentos difíciles de sudores fríos, garganta hinchada y almohadillas tensas. He sufrido escalofríos, náuseas y sofocos. La fiebre me empañó el monóculo y el pelo de mi empapada cabeza quedó apelmazado, perdiendo toda su gracia. ¡He sido víctima de la crueldad biológica y la venganza estética!

Afortunadamente, las calamidades remitieron y tras un domingo dedicado en exclusiva a recuperar energías (ingestando un bol de arroz con leche cada ocho horas, mmm) puedo aseguraros a vosotros y a la mismísima Muerte que este cachorro ha superado su primera gripe.

Y ahora, la información que habéis venido a buscar. La palabra que ha de aparecer en los microrrelatos de esta semana es: postre. Máximo 1.000 caracteres sin espacios. Plazo límite: domingo 6 de mayo a las 23h.

Dejad vuestras historias (o comentarios celebrando mi recuperación) en esta entrada, por favor.

PD: Mañana os mostraré el rostro del autor de mi microrrelato con flequillo favorito.